"Capítulo 43"

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ÉMERY P.O.V

Le doy a enviar al emoticono de la mano con el pulgar arriba, y procedo a cerrar la aplicación para apagar el móvil rápidamente. En realidad, ¿qué más podría decir? ¿Felicidades? ¿Lo harás excelente? ¿Me alegro por tí? Eso sería demasiado hipócrita, y no soy así. La única verdad aquí es que la prueba dió afirmativo y Matteo es el padre del bebé de Jessica. Va a tener un hijo.

Un hijo que no va a ser mío.

Tomo aire profundamente, aguántandome las ganas de llorar, y aún así no puedo evitar que unas lágrimas rebeldes se deslicen por mi rostro. Las quito con rapidez teniendo cuidado de no arruinar el maquillaje.

Hoy es el cumpleaños de papá, y debo estar radiante para él porque se lo merece, aunque en el fondo lo que quiero hacer es encerrarme a llorar y gritar porque definitivamente lo que iba a ser un día espectacular se echó a perder en el momento en que llegó ese mensaje.

Suspiro, me veo una última vez al espejo y retoco un poco la base. Luego abro la puerta de mi habitación, lista para salir, pero me detengo en seco al ver a mi hermana parada en la puerta cruzada de brazos con una expresión mortalmente seria.

—¿Y bien? —cuestiona.

Frunzo el ceño.

—¿Qué pasa?

—Eso debería preguntártelo yo. —rebate—. ¿Se puede saber qué te pasa?

Me tenso un poco, pero me las arreglo para mostrar una sonrisa.

—¿De qué hablas? No me pasa nada.

—Oh, sí que te pasa. —dice incrédulamente—. Has estado rarísima todos estos días, te la pasas toda callada, distraída, sonríes a medias y evades cualquier pregunta relacionada con tu novio. Además, recibes un mensaje, te quedas en shock y sales corriendo a tu cuarto. Si lo que quieres es aparentar que todo está bien, créeme, esfuérzate más porque todos hemos notado lo contrario.

Vale, me pillaron.

Y yo que creí que disimulaba.

—Escucha, Emilia, no es...

—¿Pasó algo con tu novio, es eso?

Aprieto los labios y desvío la mirada.

—No ha pasado nada con Matteo. Todo está bien.

—¿Y entonces?

—Solo estoy... eh... un poco paranoica con todo esto de haber regresado. —miento—. Siento que cuando salgo al porche tengo millones de buitres pegados, y no me siento del todo cómoda.

Emilia entrecierra los ojos, sin creerme un poco.

—No te creo nada. —informa—. Hoy en la noche quiero que me cuentes todo. Tuviste suerte de que te lo haya preguntado yo, porque tarde o temprano papá y mamá lo harán. Y ahí no tendrás escapatoria.

Suspiro, rindiéndome.

—Como quieras. Hoy en la noche hablamos.

Sonríe de lado.

—Así está mejor. —luego procede a evaluarme de arriba a abajo—. Wao, estás impresionante.

Bajo la mirada y observo rápidamente el jean negro rasgado que le puse además de la camisa manga tres cuartos de color gris. También me coloqué unas sandalias de tacón y unos pendientes dorados. La cadena con la E reluce brillante en mi cuello, siendo más llamativa por el escote en forma de U de la prenda superior de mi ropa. Dejé mi cabello suelto en ondas despreocupadas por todo mi espalda.

Un Error que volvería a cometerDonde viven las historias. Descúbrelo ahora