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— Milo, no puedo hacer mucho.

Las palabras de Scarlet esa mañana le cayeron cómo un balde de agua helada, y era la realidad, lo sabía. Su bebé había nacido bastante débil, con pulmones bastante inmaduros para enfrentar la vida.

Habían dejado al bebé en la incubadora, dándole una temperatura que ocupaba, además, buscaban mantener una humedad para evitar deshidratación.

El alfa sabía que todo iba a empeorar por el simple hecho de que su bebé estaba en una incubadora de transporte, lo que significaba que en cualquier momento podría ponerse más grave y tener que ser llevado con urgencia a otros hospitales.

Su adoración seguía en reposo, pero eso estaba haciendo que su mundo estuviera en el barranco, lo ocupaba. Ocupaba abrazarlo y escuchar un 'Todo estará bien' de su parte.

Además, el aroma que siempre salía de manera natural de Camus, ese aroma a vainilla y menta, con toques de lavanda, ahora no estaba. Había desaparecido el aroma de su omega. Sabía que estaba bien, solo descansando, pero la idea de no percibir el aroma del menor, que estaba acostumbrado a hacerlo desde que eran niños, era aterrador. Le causaba ansiedad.

No pudo contestar, solo bajó la mirada. Las palabras le hacían falta. El valor también.

— El bebé es demasiado débil, y tenerlo en vida solo le dará dolor, todo lo que pueda aguantar... va a sufrir. —siguió hablando Scarlet, tratando de ser lo más suave posible— No quiero dar ilusiones, pero... lo vamos a trasladar a otro hospital, ahí lo atenderán mejor...

Milo solo pudo asentir, mordiéndose el labio. Sentía las lágrimas amenazando en salir, pero no quería hacerlo. Ahora era padre, no quería ser débil.

La puerta de la oficina de Scarlet se abrió, y mostró a Dégel, quién pronto buscó la mirada del Antares.

— Camus despertó.

No escuchó más, salió disparado a dónde se encontraba el omega, y al entrar a la sala pudo observar a su adoración, o más bien, a sus dos adoraciones.

El omega abrazaba a su bebé, al ser que tuvo en su vientre y le causaba tantas náuseas y antojos a manzana. Sus brazos temblaban, estaba demasiado nervioso. Era Krest quién estaba con él, ayudando y guiando en los cuidados y posiciones del bebé.

— Ca... Camus, ¿Cómo te sientes...?. —alcanzó a preguntar en un manojo de nervios, acercándose a él.

Los violetas del menor lo miraron, después a su bebé, y nuevamente a él.

— Se parece a ti... tal y como yo quería...

No pudo aguantar más. Lágrimas traicioneras empezaron a resbalar por sus mejillas, y abrazó a su omega, enterrando el rostro en el cuello del menor, olfateando su aroma. De verdad lo había necesitado tanto.

— Si, mi lindo Antares se parece a mí... —murmuró en respuesta, dejando un beso en la frente de Camus— Iba a morir sin ti...

Escucharon un 'clic' de repente, y al voltear pudieron visualizar a Krest, el omega tenía una cámara, brindándole una sonrisa plana a la pareja.

— Tienen la primera foto para el álbum del bebé. —murmuró, sacudiendo suavemente la cámara.

Sabía la situación del bebé, y no quería quedar solamente con los recuerdos amargos. Anteriormente ya le había tomado fotos al bebé en privado, además que unas cuantas a su hijo.

El bebé empezó a moverse un poco, soltando quejas entre berrinches. Krest se acercó más a ellos, poniéndole una mano en el hombro a Camus.

— ¿Quieres intentar darle pecho?.

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