43; Final.

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Dos años parecían una eternidad, pero para Dégel, el tiempo había pasado en un abrir y cerrar de ojos. La rutina de su vida, una vez llena de secretos y silencios, ahora estaba repleta de risas, pequeños pasos y los dulces sonidos de una nueva vida.

Ahora despertaba con unos hermosos ojitos color lavanda observándolo con atención, o incluso balbuceando un lindo 'Papá' para hacerle abrir sus violetas.

Su pequeño niño, de nombre Selim, era una perfecta combinación de su alfa y de él, un verdadero resultado del amor de su unión.

El pequeño tenía unos cabellos que desde un principio se notaban rebeldes, y así fue. A medida que le fue creciendo el pelo, los genes de Kardia se hicieron ver, dejándole una melena alborotada a su pequeño. Sin embargo, el tono de Dégel ganó, dándole un oliva oscuro.

La tez de Selim era un tono blanco, y había heredado más de un lunar que su padre alfa tenía.

Mientras sus ojos, eran una hermosa combinación de sus padres: un hermoso lavanda fue el resultado de los ojos violetas de Dégel, y los iris azulados de Kardia.

Y ese día, para emoción de los padres, el pequeño cumplía dos añitos de vida.

Sus pasitos iban de un lado a otro, jugando con el tío Milo, escondiéndose detrás de su abuelo Zaphiri. Entre padre e hijo había competencia por quién consentía más a Selim. Y iban perdiendo ¿Por quién? Por Camus.

El hijo de Kardia parecía preferir al aguamarina, pues en cuanto lo veía llegar a su casa, corría a él, ignorando todo lo que le rodeaba.

En las memorias de Dégel, estaba el día en que se enteraron que serían padres. Las explicaciones que tuvieron que dar no fueron para nada fáciles, pues decir que estuvieron ocultando su relación por cinco años, y más a parte ya estaban enlazados, no era algo para tomar a la ligera.

Por parte de Zaphiri y Scarlet tuvieron una aprobación inmediata, sin contras. En cambio, con Krest y Mystoria, les fue más pesado. Conocían a sus papás, eran quisquillosos a más no poder.

Milo y Camus lo tomaron completamente bien, animando a la pareja que, en ese momento, serían futuros padres.

— Papá...

El llamado de su pequeño hizo bajar la mirada a Dégel, quien lo tomó en brazos con una sutil sonrisa.

— ¿Qué pasa, Selim? ¿Quieres algo?

Kardia los observaba con una sonrisa, sintiéndose orgulloso de ver a su omega y a su pequeño hijo.

— El mocoso quiere pastel. —dijo Kardia, acercándose a un cajón en la cocina, dónde sacó una vela del número dos—. ¿Se le puede dar pastel a un bebé..?

La incredulidad de su hijo hizo reír a Zaphiri, quien se acercaba a él, dándole una palmada en la espalda.

— Los bebés pueden comer pastel después de los dos años, Kardia.

— Pero Selim los acaba de cumplir.

El Antares se notaba preocupado, y eso hacia a su padre reír. Nunca pensó que su hijo sería tan protector con su bebé.

— Sí, por eso este pastel no contiene tanta azúcar...

Los azulados de Kardia observaron como Zaphiri sacaba el pastel de la nevera, llevándolo al comedor. En sus manos tenía aún la vela de su pequeño, y sentía un sentimiento de nostalgia enorme.

¿Tan rápido había pasado el tiempo? Si recordaba que apenas un día antes estaba tocando el vientre abultado de Dégel, sintiendo las pataditas de su bebé. O incluso cuando lo cargó por primera vez, siendo tan pequeño y frágil.

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