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El pequeño Tahir se veía tan tranquilo descansando en la incubadora, su piel suave, pegando al enrojecimiento y a lo blanquito, su corto y delgado cabello, con aquel tono heredado de su padre, un lindo azul cerúleo.

No se podía ignorar su pequeña manita, encerrada en un puñito, e incluso sus piecitos, puestos en posición prenatal, la común de los recién nacidos. Tenía puesto un mameluco, mismo que fue regalado por el tío Kardia. Y los zapatitos que le regaló Dégel, que lo esperaban fuera de la incubadora para cuándo el bebé estuviera listo para conocer la casa.

Sin embargo, eso no ocurriría.

Su pequeño y débil corazón, que luchó con toda sus fuerzas para aferrarse a la vida, dejó de latir.

Scarlet y su equipo hicieron de todo para mantenerlo con vida, pero no lograron nada. Los signos vitales de Tahir empezaron a desaparecer, sin llanto, sin quejas, sin gritos, simplemente cerró sus ojitos y no los volvió a abrir.

Abandonó el mundo sin asustar a sus padres. Dejó la tierra en paz, sin buscar el dolor en quienes lo rodean.

Para Scarlet, dar la noticia esa madrugada a los padres fue una horrible pesadilla.

— Estoy aquí, Camus, estoy aquí...

Escuchar la voz de Milo, quebrada y temblorosa, mientras abrazaba a Camus, que no sabía cómo reaccionar. Lo presentían, pero ¿por qué tan pronto?.

Solo le dimos su nombre...

El llanto de Camus, aferrándose a su alfa, sintiendo un gran dolor en su corazón. Saber que tuvieron ese último momento con su bebé, le dolía mucho.

— Todo esto es mi culpa... —repetía el aguamarina, siendo abrazado con más fuerza por Milo— Debí de tener más cuidado desde el principio, tenía que haber evitado a mi padre, tenía que ser más fuerte...

— Camus, por favor, mírame... —y las palabras del mayor, ahogadas por la sensibilidad del momento, pero queriendo ser fuerte para su omega— Fuiste lo más fuerte posible, te cuidaste bastante bien ¿Si?, por favor, no te culpes...

Le quería quitar la culpa de encima a su novio, pero no sabía cómo, no sabía porque él también tenía culpa. Una enorme culpa que lo estaba atormentando. ¿No cuidó bien a Camus? Aquella vez de Ganimedes, ¿fue su culpa? ¿no apareció justo a tiempo? ¿se confió demasiado al haberlo dejado solo?.

— Nuestro pequeño Tahir fue fuerte, Camus. Soportó demasiado dolor, lo escuchamos llorar cada vez que sentía una molestia... —se quería convencer él también de esto— No sufrió dolor ahorita, Camus, solo cerró sus ojitos... Solo está dormido...

"Solo está dormido..."

Esa frase fue la que rompió completamente a Milo, quién se aferró con más fuerza a Camus, empezando a llorar. No quería aceptarlo, no quería imaginar la idea de que su bebé ya no estuviera más. Simplemente no quería eso.

No era el único que sentía culpa.

Dégel, estando en brazos de Kardia, alejados de sus padres, alejados de los padres del bebé. El oliva derrumbado, no podía si quiera pensar con claridad, y las palabras "Es mi culpa" en mente. Era un tormento.

Ni siquiera se dió cuenta de cuando sus lentes cayeron al suelo, y los brazos le empezaron a temblar. Las piernas le abandonaron el cuerpo, cayendo de rodillas ante un Alfa que no sabía qué hacer ante tal escenario.

— Kardia, es mi culpa...

Finalmente el miedo salió de sus labios, mirando hacia arriba, buscando los ojos de su pareja.

— Siempre pensé que Camus era joven para ser padre, siempre pensé lo negativo de esto... no estuve de acuerdo en la mayoría de cosas...

Su mente lo estaba traicionando. Todo lo que había dicho y hecho a través de los meses pasados estaban llegando a él. Desde que se enteró que Camus estaba embarazado, hasta hace un mes, que resignado, le compró aquellos zapatitos al bebé.

Apenas estaba empezando a aceptarlo, ¿por qué ocurría esto?.

Para Kardia, ver a su novio de esa forma era como si le quitaran años de vida. Le rompía el corazón ver a su pareja llorar, cada lágrima, cada sollozo, cada pausa para respirar era un golpe a su corazón. Una estaca que se enterraba cada vez más.

Se agachó a su altura, poniéndole las manos en las mejillas, buscando su mirada. Ver esos iris llorosos, esa nariz rojiza, su piel tibia gracias al llanto. Todo le destrozaba.

Murmuró suavemente, queriendo traer calma a su pareja, no asustarlo y darle a entender que todo iría bien.

— Dégel, no es tu culpa. —dijo esto, limpiándole las lágrimas— Tu no manejabas las dificultades del bebé, ni mucho menos decidiste que naciera en estás condiciones... ¿De dónde sacas que es tu culpa?.

— ¡Pero lo rechacé muchas veces!. —la exclamación de Dégel, con su voz entrecortada, lastimada y ahogada— Es mi culpa Kardia, no debí de hacer esto, no debí de hacerlo...

Los ojos violetas del menor mostraban lo muy lastimado que estaba. Y más que lastimado, el arrepentimiento lo estaba carcomiendo por dentro.

— ¿Y si no hubiera rechazado al bebé? Lo hubiera aceptado desde un principio, en cambio solo pensé negativo... Es mi culpa que les haya pasado esto...

"Les haya pasado."

Milo. Su hermanito también estaba sufriendo.

Todo el cuerpo de Kardia se tensó al imaginar el como se sentía Milo en el momento. Él perdió a un sobrino, pero Milo perdió a un hijo. A su único hijo que tendrá en esta vida, recordando la condición de Camus.

Ahora entendía la pesadez que estaba cargando Dégel ante la culpa que llevaba sobre sus hombros. El sufrir de Milo, de Camus, de ellos mismos. Incluso de Scarlet, que hizo de todo para mantener al bebé vivo por un momento más.

Todos estaban sufriendo en ese momento.

Abrazó a su pareja con todas sus fuerzas, aferrándose a él, sintiendo los brazos de Dégel atrapandolo con miedo de que se fuera. Entendía su dolor, lo compartían.

Quería hacerle saber que ahí estaba con él, también quería abrazar a su hermano, decirles que todo estaría bien, pero no podía.

Las acciones, las palabras, nada de eso salía de él. Se sentía inmóvil, sintiendo como las lágrimas empezaban a resbalar por su mejilla.

Le deseaba con toda su jodida alma el mal para aquella persona causante de todo esto.

Ganimedes.

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