La mente del omega oliva se había quedado cinco años atrás. Era como si, en ese momento, su consciencia hubiera hecho una pausa, ignorando todo lo que vivió después.
Se encontraba viendo unos documentos mientras guardaba una solicitud de trabajo que, nuevamente, había sido rechazada. Sus manos rozaron una carpeta, la misma que sacó y revisó en su interior.
Era la denuncia contra Kardia por agresión física.
¿Quién la hizo? Ganimedes. Esa misma mañana, cuando falleció Tahir, el Antares fue directo a la casa de este sujeto, ignorando absolutamente todas las consecuencias futuras. Lo agarró a golpes, descargando la ira que estaba consumiendo su cuerpo.
Le rompió el brazo y dos costillas. Y no fue suficiente para Kardia; él necesitaba más. Sin embargo, se detuvo al recordar que ese idiota tenía un niño pequeño que aún dependía de sus cuidados.
Si no fuera por ese pequeño, una copia viva de Camus, Ganimedes habría muerto.
Y ni hablar de la pareja de ese entonces. Al enterarse de que Ganimedes tenía otro hijo y ser informado de lo que su esposo había hecho, le pidió el divorcio.
Pero Kardia no salió ileso. Ganimedes le interpuso una demanda, la misma que inicialmente ignoraron. La respondieron meses después, saliendo ganadores. Tenían la suerte de su lado: Krest.
— Debería poner esa demanda en un marco. —la voz del mayor le llamó la atención—. ¿Se verá bonito en el pasillo de la casa?
Kardia estaba en la orilla de la cama, mirando a Dégel, que estaba sentado frente a un mueble. Sabía lo que había guardado, pero no quería forzarlo a hablar de ello en ese momento.
— Posiblemente.
La respuesta del omega lo hizo sonreír, antes de acercarse y sentarse a su lado, en el suelo. Abrió el cajón más cercano a sus manos, ganándose el arrepentimiento al instante.
Eran los zapatitos que Dégel había comprado para Tahir.
Antes de que pudiera cerrar el cajón, Dégel sacó la caja de los zapatitos. La admiró en silencio, con una sutil sonrisa en los labios. El Antares amaba cuando Dégel sonreía, pero le dolía el pecho al saber que siempre eran sonrisas tristes.
Quería que Dégel volviera a sonreír y reír como el día en que le cayó aquel té caliente encima.
— Sé que no hemos tocado el tema aún... —murmuró Dégel, dejando los zapatitos en su lugar—. Sobre tener un bebé.
Como si su mente hiciera click, Kardia asintió, mirando a su pareja.
— Pensé que no querías hablar de eso aún. Por eso no insistí.
— En realidad... me gustaría hablarlo.
Sin mencionarlo verbalmente, ambos deseaban tener un bebé, desde la universidad, mejor dicho.
Ya fuera en sus ciclos de celo, cuando Dégel no faltaba con palabras sobre anhelar quedar en cinta, o Kardia en su rut, pidiéndole a su pareja que se dejara marcar y embarazar.
Al ir separados por las calles o cuando visitaban algún lugar juntos, siempre había bebés. Padres con sus hijos, viendo a sus pequeños reír, llorar o asustarse. Realmente querían tener ese pedacito de ellos que fuera el resultado de su amor.
Incluso al ver artículos de bebés: zapatitos, gorritos, guantes, mamelucos, biberones, peluches... Kardia simplemente quería dejar su marca en Dégel para tener una familia al ver todo eso.
Pero... el miedo seguía ahí.
Dégel lo anhelaba, pero tenía miedo. Pensar que a su bebé pudiera pasarle lo mismo que a su sobrino, simplemente por un castigo de la vida hacia él, lo aterraba completamente. Sentía que su karma lo estaba haciendo pagar por cada pensamiento negativo que había tenido durante el embarazo de Camus.
O, más bien, él solo se estaba castigando.
Echándose la culpa por todo lo malo que le pasaba. Diciendo que era su culpa y rebajando su valor.
— Lo podemos seguir intentando.
Las palabras del Antares lo sacaron de sus pensamientos. Antes de preguntar a qué se refería, asintió.
— Intentar...
La voz de su pareja, en ese suave susurro, solo hizo a Kardia vacilar. Eso era, intentar. Nuevamente.
— Hey, tendremos a nuestro bebé si lo seguimos intentando, Dégel. —le dijo, acercándose un poco más, dándole dos suaves golpecitos en la frente—. No pienses negativo.
Los golpecitos en la frente. Dégel los amaba.
— Lo hemos intentado por casi dos años... —su voz, serena como siempre, era baja y desanimada—. ¿De verdad lo tendremos...?
El dolor de recordar todos los intentos que habían hecho para tener un bebé le hizo doler el pecho a Kardia. Era cierto. Lo habían intentado por casi dos años. Sin resultado.
Ya fuera en ambos ciclos de calor, solo en el de Kardia o en el de Dégel. No había resultado.
Acarició suavemente la mejilla de su pareja, dándole un beso en la frente. No quería mirarlo a los ojos. No quería admitir que él también estaba perdiendo esperanzas.
— Lo tendremos, Dégel. Tendremos nuestro bebé.
Lo atrajo hacia él, envolviendo su cuerpo en un cálido abrazo, escondiendo su rostro en el hueco de su hombro y cuello, dándole unos suaves besos en el lugar.
— Y será tan lindo como tú. Lo prometo.
Lo decía con tanta naturalidad que, él mismo, quería creerlo.
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Omegaverse.
FanfictionOmegaverse, coincidencias, destinos, encuentros... ¿Qué podría pasar? . × Pequeña historia omegaverse de Milo y Camus, junto Kardia y Dégel. . Empezada: 15/01/2024 Terminada: 24/12/2024. Último extra: 28/07/2025.
