Los meses pasaron rápidamente, entre palabras bonitas, compras para sus pequeños gemelos, cuidados encantadores y momentos que quedaron grabados en imágenes que no duraron ni un momento en digital, pronto fueron una decoración más en la casa de ambos. Unos hermosos cuadros.
Camus brillaba cada día más. Sus hermosos violetas tenían una pinta más viva, más cariñosa, más tierna. Su piel, blanca como la porcelana, lo hacía lucir como un muñequito de colección. Su voz tan suave, el aroma ganando algo tenue de lavanda con manzanilla, algunas mañanas más dulce que el día anterior, y eso era maravilloso.
Milo, en cambio, se había hecho más firme. Más protector con su adoración, mucho más atento con sus gemelos. Hablándole al vientre todas las noches. Recordándole a sus pequeños que eran amados, que los esperaban con ansías, y claro, que nazcan con bien.
Las últimas semanas del embarazo de Camus fueron tranquilas. Un desayuno suave, una tarde siendo visitados por sus padres, por Dégel y Kardia, que llevaban a su pequeño Selim que siempre preguntaba por qué el vientre de su tío Camus era una sandía.
Estaban en una etapa que amaban con toda su alma.
Y estaban a punto de entrar a una nueva. Una más poderosa y profunda.
Milo reconoció al instante cuando Camus se tensó a su lado esa madrugada. Fue una molestia que salió con un pequeño quejido entre sueños. Luego, sus manos lo buscaron, y mientras lo abrazaba, sus ojos se abrieron, somnolientos, incómodos.
—¿Qué pasa, Camus?
Murmuró el alfa, no queriendo alarmarlo, mucho menos presionarlo. Esperó un momento, sus manos se fueron directo a su vientre, sintiendo una leve tensión bajo la palma.
Olfateó su aroma, miró su cuello, aprovechando esa poca luz que entraba por la ventana. Ahí estaba, su glándula, rojiza, un poco hinchada, y claramente le molestaba a su omega.
—Milo...
El llamado del aguamarina lo hizo reaccionar más rápido. Asintió incluso sin ninguna orden, lo ayudó a sentarse, dándole agua, recogiendo sus cabellos largos para no causarle más incomodidad.
—¿Ya es momento, Camus? ¿Sientes que nuestros bebés ya vienen?
Preguntó suavemente, tocándole la frente: su piel estaba calientita, como un manto suavecito. Perfecto para un bebé.
—Presión... —alcanzó a susurrar el omega, poniéndose las manos en el vientre, el vaso de agua se le fue quitado—. Milo, Milo...
—Calma, cielo —le respondió, mirando las maletitas que ya estaban perfectamente acomodadas para ese momento. Suspiró, nervioso—. Vamos, respira.
Iban bien con el tiempo, al parecer Camus estaba con una leve contracción, lo más normal al ya estar en la última semana de embarazo.
Su feromona empezó a ser más fuerte, nerviosa, dulzona. Al instante, en respuesta, Milo empezó a liberar la suya, buscando calmar la ansiedad de su amado.
—¿Quieres ir al auto, cielo? —decía, sin dejarle contestar, guardó lo necesario en sus bolsillos y lo cargó con cuidado, besándole la coronilla de la cabeza—. Respira, Camus.
El mencionado, más que ansioso, estaba asustado. Dos bebés, tendría dos pequeños en sus brazos pronto. No había querido pensar en el parto durante todo su embarazo, pero ahora, con la situación presente, un sentimiento de mal gusto le recorría todo el cuerpo.
Se acurrucó en los brazos de Milo, presionando su vientre con ambas manos, soltando un quejido suave ante el dolor de la tensión en el lugar.
Venían. Sus pequeños querían nacer. Ya querían estar con ellos.
ESTÁS LEYENDO
Omegaverse.
FanfictionOmegaverse, coincidencias, destinos, encuentros... ¿Qué podría pasar? . × Pequeña historia omegaverse de Milo y Camus, junto Kardia y Dégel. . Empezada: 15/01/2024 Terminada: 24/12/2024. Último extra: 28/07/2025.
