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Con el tiempo avanzando sin perder ningún momento, las culpas tenían una brecha de vida, a veces creciendo, otras disminuyendo. Pero se seguían manteniendo ahí. Hicieran lo que hicieran, el sentimiento de culpabilidad seguía encarnado en las pieles de cada uno.

A pesar de su culpabilidad en esos cinco años pasados, Dégel nunca se alejó de su familiar. Eso nunca lo tomaría en cuenta. Ahora más que nada, se permitió estar junto a él. Cerca de Milo, e incluso más cerca de Kardia. Algo que todos notaron, más no empezaron una conversación sobre el tema.

Su relación con Antares se seguía manteniendo en secreto para sus familiares, no era algo que revelar a la ligera. Cuando decidieron que era momento de informar, perdieron a su sobrino, ahora, no era algo que querían decir. Posiblemente después lo harían. Decían.

Kardia empezó a trabajar luego de que salió de la universidad. Era arquitecto, ayudando más que nada a su padre a expandir el negocio de la empresa. Y cumplió su meta de universidad. Comprarle un carro a Milo.

El regalo lo entregó en el cumpleaños número dieciocho del menor, lo necesitaría, después de todo, él por experiencia propia sabía lo tedioso que era ir a la universidad a pie. Anécdotas que tuvo que vivir en su primer año de la academia.

Dégel, en cambio, por más que le gustaría estar trabajando en lo que estudió, le fue mal. Gracias al pensamiento superior de los alfas, era difícil para un Omega encontrar trabajo como arquitecto.

El oliva sentía que todo esfuerzo que hizo en perder la vida en la academia se fue por el barranco. Ahora, a sus veintiséis años, a meses de cumplir los veintisiete, sentía una enorme insuficiencia.

Era algo que platicaba mucho con Kardia en el tiempo que se la pasaban juntos en la casa del Antares. Secreto que aún no se revelaba. Algo que el alfa solo lo llamaba como su 'lugar seguro' ahora se convirtió en el hogar de ambos. Su hogar.

— ¿Sigues pensando en el trabajo, verdad?. —preguntaba Kardia, notando a su pareja viendo su computador en la mesa.

Y nuevamente, no obtuvo respuesta. Se acercó al menor, poniéndole una mano en la espalda, acariciando suavemente.

Desde la pérdida de Tahir, Kardia ganó miedo de dejar solo con sus pensamientos a Dégel. Sabía lo peligroso que era la mente humana en la soledad.

Estaba todo momento para él, escuchándolo a pesar de que en algunas ocasiones no tenía palabras para decir.

— Me siento un inútil. —el murmuro de Dégel lo sacó de sus pensamientos.— Realmente todo lo que hice... ¿Simplemente no valdrá la pena?.

— Ha valido la pena, Dégel. Te has graduado, fuiste recomendado por la misma universidad en muchas partes, solo que...

— El pensamiento estúpido de la sociedad, eh.

Dégel diciendo groserías. Estaba cabreado.

Kardia sabía que su pareja tenía razón, usualmente no discriminan al Omega cuando se especializaban en maestrías o licenciaturas de derecho, pero arquitectura siempre era un tema delicado.

Pero quería hacerle saber que su esfuerzo valió la pena, pues realmente no hubo muchos omegas graduados de la academia.

Cuando se atrevió a abrir la boca para hablar, su teléfono sonó. Con un suspiro algo frustrado lo sacó de su bolsillo, respondiendo y tomando asiento al lado del menor.

— Kardia, ¿En dónde estás?. —la voz de su padre, Krest, al otro lado de la línea.

— Trabajando, ¿Por qué?.

Dégel le miró, estaba mintiendo. Ese día ni siquiera se presentó al trabajo. Sin embargo, no dijo nada.

— ¿Sabes dónde está Milo?, me preocupa. Ya sabes... las fechas.

El alfa suspiró, hablar sobre eso cerca de Dégel lo hacía sentir una inquietud enorme.

— Posiblemente fueron a visitar a Tahir, padre... Sabes que todos los días van a verlo.

Era algo cierto. Milo y Camus, desde el fallecimiento de su bebé, van a visitarlo todos los días al panteón. Incluso si no tenían de qué hablar, lo visitaban.

— Tahir pronto cumplirá cinco años...

El susurro de Dégel hizo callar a Kardia de manera repentina. Ya no logró escuchar a su padre por el otro lado de la línea.

Tenía razón. El pequeño pronto cumplirá cinco años de vida. Cómo les gustaría decir.

.

El aire fresco de la tarde hacía capaz de ignorar los rayos del sol que aún caían sobre el rostro de su adoración. Sentados al lado de la tumba del pequeño ser que era el resultado del amor de ambos.

Era una rutina que no podía faltar nunca.

Salir de la universidad, visitar el panteón, estar con Tahir, contándole el día a día de lo que vivían. Ya no dolía tanto como antes, sin embargo, la estaca seguía clavada en lo más profundo del corazón de la pareja.

La culpa seguía en ambos. Pero nunca buscaron motivos para alejarse, se unieron más que nunca.

Milo miraba a Camus atentamente, sus rasgos delicados, sus violetas hermosos, sus cabellos aguamarinas y más largos que la última vez que les puso tanta atención.

Su adoración ya no era un adolescente, era un joven hermoso. Seguía sin creer que Camus tenía veintidós y él veintitrés, y lo que más le costaba creer era que:

— Tahir, tu tío Kardia ya está viejo.

Soltó de la nada, viendo la tumba del pequeño. Camus le miró, con una ceja alzada.

— En dos meses cumple treinta. —dijo, sonriendo suavemente.— Pero se sigue comportando como cuando tenía veinticinco.

Eso era lo que le alegraba. Que su hermano no cambiara sin importar la edad que estaba por cumplir. Después de todo, él en un futuro tendrá la misma edad.

— A veces olvido la edad que tiene Kardia. —murmuró el menor, pensativo.— Se lleva tan bien contigo, que siempre me hace sentir como si ambos tuvieran la misma edad.

Milo sonrió aún más, acercándose a su pareja. Lo rodeó con los brazos, acariciándole los cabellos aguamarinas con suavidad.

Seguía amando con todo su corazón el aroma de su omega, lo hacía sentir paz. La misma paz de siempre, y de la que nunca se aburriría.

— Y en un mes, nuestro pequeño cumplirá cinco años...

El omega solo asintió suavemente, sintiendo un nudo en la garganta. Miró la tumba del pequeño, adornada con unos lirios del valle. Era la planta que usaban para su memoria, pues Kardia la usó para felicitarlos cuando se enteraron del embarazo.

El aroma de Dégel adornaba la tumba del pequeño.

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