¿Aquella noche había dicho que el orgullo se fuera al diablo? Ni él se creyó la tremenda estupidez que dijo.
Ni siquiera llegó a la casa de Antares. Simplemente dio una vuelta por el lugar, pero no tuvo la valentía suficiente para llegar y quedarse.
No le sirvió de mucho; al día siguiente, bastante temprano, tuvo que entrar al hogar por su mochila de trabajo que había dejado ahí. El encuentro entre ambos fue bastante incómodo: ninguno dijo nada.
Se comunicaron solo con miradas, y así fue como Kardia llevó a Dégel a su trabajo, en un silencio tenso.
Incluso cuando el omega no quería regresar a esa casa, seguía yendo. Encontrándose nuevamente con el alfa cuando este llegó del trabajo.
Y así fue la rutina de ambos durante dos semanas. Día tras día, sumergida en una tensión e incomodidad enorme.
Parecían niños peleados sin razón.
Eso fue hasta que el celo de Dégel llegó.
Kardia lo miraba recargado en el marco de la puerta, viéndolo como, incluso con el ciclo de calor en su máxima expresión, el omega se negaba a dejar el orgullo.
El oliva estaba abrazado a una chaqueta de Kardia, buscando su aroma, como si esa prenda fuera suficiente.
Antares rodó los ojos, acercándose a él, cerrando la puerta a sus espaldas. Tomó asiento a su lado, tocándole la frente con suavidad.
— Mocoso cargante. —ahí va, aquellas dulces palabras que usaba desde que estaban en la universidad—. ¿Qué te he dicho del orgullo?
Dégel se negó a verlo, hundiéndose más en la chaqueta. El aroma de Kardia lo estaba torturando. Sabía que el mayor también estaba en su rut, lo sentía por completo; cada fibra de su cuerpo lo sentía.
Sin embargo, el alfa había tomado supresores una hora antes, no quería saltar encima de Dégel y hacerle daño. Se podía controlar, sí, pero las dudas siempre estaban presentes.
— ¿No quieres que te ayude en tu celo?. —preguntaba, acomodándose a su lado, para abrazarlo por la espalda—. Me encanta tu aroma...
Hundió su nariz en el cuello de su pareja, olfateando sus feromonas. Eran maravillosas. Dégel se estremeció, pero se rindió al instante.
No podía mantenerse ante Kardia. Nunca.
Se volteó a verlo, y esa fue la señal para Kardia para saber que era hora de actuar.
Capturando los suaves labios de su omega, pronto se encontró entre sus piernas, besándolo y acariciándolo con ternura. Empezó a liberar sus feromonas, invitando a Dégel a hacer lo mismo, a inundar la habitación con esos aromas que mantenían locos en lujuria a ambos en el acto.
Tenía meses sin tocar de manera íntima el cuerpo de su novio, y eso lo tenía más ansioso, más anhelante.
Bajo cada oportunidad que tenía, empezó a desvestir a Dégel con suavidad, dejando marcas rojizas en cada pedazo de piel que su boca tocara, lamiera y mordiera.
Al besarle el cuello, dejándole una que otra marca, miró a Dégel, notando como se esforzaba por no gemir.
— Estamos solos... —murmuró, en un tono más ronco que suave, besándole el mentón—. Déjame escucharte...
El menor se negó, lo que hizo a Kardia suspirar. Sin embargo, pronto lo escuchó.
— ¿Por qué... huele a diferentes omegas cada vez que llega del trabajo...?.
El rostro de Antares fue de puro desconcierto. ¿Ese tema? ¿En ese momento?. Sonrió con suavidad, haciendo una pausa a sus caricias para quitarse la camisa propia, dejándola caer en quién sabe dónde.
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Omegaverse.
Fiksi PenggemarOmegaverse, coincidencias, destinos, encuentros... ¿Qué podría pasar? . × Pequeña historia omegaverse de Milo y Camus, junto Kardia y Dégel. . Empezada: 15/01/2024 Terminada: 24/12/2024. Último extra: 28/07/2025.
