Cada vez que abría su ropero se daba cuenta que su ropa estaba desapareciendo con cada día que pasaba, conocía al responsable, más no se quería meter en el tema hasta el momento adecuado. Y ese día llegó.
Veía a Dégel recostarse en su cómodo, limpio, ordenado y apestoso a feromona nido, con una satisfacción que no tenía nombre. Lo había hecho en un cuarto de visitas, lo que le sorprendió, pues pensó que lo haría en la habitación de ambos.
Todos los días, después de tomar un baño, Dégel se recostaba en su nido, acariciando su vientre con suavidad, hablando con su bebé, o solamente disfrutando del silencio y un sueño relajante. Fue así desde los seis meses, hasta el último.
Kardia nunca pudo entrar al nido, ni tocarlo en lo más mínimo. Su omega se lo tenía prohibido, y no por falta de confianza, simplemente porque no quería. Era un instinto primordial de un omega en gestación después de todo.
Dégel estaba solo a días de dar a luz, su vientre hinchado y suave era clave de eso, más aparte, las falsas alarmas de las contracciones que tenían a Kardia con un paro cardíaco cada dos días, con la duración de cuatro a doce minutos lo exclamaban a diestra y siniestra.
Observaba a Dégel en el nido, acariciando su vientre mientras leía un libro. Estaba a un lado del mismo, con una distancia de al menos unos centímetros de sus ropas.
—Dégel, ¿Cómo te sientes? —eran las preguntas recientes que Kardia le hacía a su omega, estaba al pendiente de cualquier señal de su bebé—. ¿Algo fuera de lo común?
Su omega dejó el libro sobre el nido, negando con la cabeza. Sus violetas enfocados en el alfa con una atención clara, y más que clara, con afecto.
—No, me siento bien. —respondió finalmente, extendiendo una mano hacia él—. Entre al nido.
Los azulados eléctricos de Kardia se abrieron con sorpresa ante la petición de su pareja, sin embargo, no lo pensó dos veces. Se acercó a él, abrazándolo con cuidado, acariciando su vientre con suavidad. Dégel se acurrucó en el pecho del alfa, olfateando su aroma, un delicioso aroma de manzana, dulce, fresco, fuerte y penetrante. No era lo mismo que olerlo del nido, no era igual a su alfa.
Kardia subió su mano a la mejilla del oliva, dándole un sutil toque lleno de cariño. No había día en que Antares llegara y tocara la mejilla del menor, lo adoraba con el alma. Dégel era su mundo.
Olfateó a Dégel, dándose cuenta que su aroma era más dulce y fuerte. Había cambiado recién del embarazo, sí, pero este aroma le decía algo más. Se acercó a su cuello, haciendo que el omega se estremeciera. Lo notaba más sensible, su cuello, dónde respectivamente iba su glándula de aroma, estaba un poco rojizo. Pasó los dedos sobre el lugar, notando como el ceño de Dégel se fruncía suavemente.
—¿Te molesta?
Hizo la pregunta mientras buscaba la hora en el reloj de pared, era tarde, llegando a la noche. Si Kardia leyó algo durante esos nueve meses de embarazo de su omega, era que, las glándulas irritadas eran señal de estar a punto de dar a luz. Suspiró, no queriendo alarmarse sin saber si era verdad.
—Solo un poco de irritabilidad al toque. —murmuró Dégel, pasándole los brazos por la espalda a Kardia. El aroma de su alfa se le estaba haciendo más llamativo, más seguro. Lo sentía muy protector—. ¿Está soltando feromonas?
—No.
La respuesta de Kardia fue sincera, notando el comportamiento de su omega. Se relajó un poco, tapando con una sábana a Dégel, acariciando su espalda baja con suavidad. Su bebé estaba muy tranquilo últimamente, y en el último chequeo médico fueron informados sobre que su bebé ya estaba en posición cefálica. Solo era cuestión de que quisiera nacer.
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Omegaverse.
FanfictionOmegaverse, coincidencias, destinos, encuentros... ¿Qué podría pasar? . × Pequeña historia omegaverse de Milo y Camus, junto Kardia y Dégel. . Empezada: 15/01/2024 Terminada: 24/12/2024. Último extra: 28/07/2025.
