apaga la luz

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El reloj marcaba las 7:27 cuando tus ojos se abrieron de golpe. El calor, las sábanas que parecían asfixiarte y una sensación incómoda en el pecho te hicieron bufar. Te levantaste de la cama, descalza, y saliste al pasillo en busca de agua.

La luz de la cocina estaba encendida. Frunciste el ceño, deteniéndote un momento antes de entrar. El sonido de una cucharilla golpeando el borde de una taza rompía el silencio de la madrugada.

Ruslana estaba allí. Sentada a la mesa, con las piernas cruzadas y el rostro iluminado por la tenue luz de la bombilla. No te vio al principio, demasiado concentrada en revolver lo que fuera que tenía en la taza.

Intentaste retroceder, pero ella alzó la mirada justo en ese instante.

- Qué haces despierta? - preguntó con tono seco, como si no tuviera ganas de verte, pero tampoco de ignorarte.

- Y tú? - replicaste. Caminaste hasta el fregadero para llenarte un vaso de agua, tratando de no darle más importancia de la que tenía.

Ruslana dejó la cucharilla con fuerza sobre la mesa, el sonido metálico resonó más de lo necesario.

- No podía dormir. No es mi casa, pero parece que tampoco la tuya.

Su comentario te hizo apretar los labios. No estabas de humor para esto.

- Podrías apagar la luz cuando termines, si es que terminas alguna vez - le soltaste antes de girarte y apoyarte en la encimera, bebiendo agua en silencio.

Ella te miró con el ceño fruncido, dejando escapar una pequeña y silenciosa risa sarcástica.

- No sabía que ahora eras también la dueña de las normas mañaneras.

Tus ojos se clavaron en los suyos, desafiantes.

- Y yo no sabía que tenías tanta necesidad de llamar la atención, pero parece que esta noche todo son sorpresas.

Por un segundo, pensaste que iba a decir algo más. Pero en lugar de eso, Ruslana agarró su taza y se levantó, pasando a tu lado sin siquiera mirarte.

- La luz la apagas tú

Se marchó hacia el pasillo, dejando su cucharilla en la mesa y un silencio incómodo tras de sí. Permaneciste allí, con el vaso en la mano, intentando calmar el enfado que sentías.

Pasaron unas horas más y saliste de tu habitación de nuevo. En la cocina, Kiki ya estaba de pie, medio dormida pero con una sonrisa despreocupada mientras servía dos tazas.

- Buenos días, dormilona - dijo al verte entrar.

- Buenos no sé si serán... - murmuraste, acercándote a la cafetera.

- Dormiste mal? - preguntó, frunciendo el ceño.

- Digamos que tu invitada de última hora no es precisamente una compañía agradable.

Kiki soltó una carcajada suave y negó con la cabeza.

- Vamos, no será para tanto. Rus puede ser un poco... directa, pero no es mala persona.

- Directa? - repetiste, soltando una risa irónica - Así le llamas ahora a ser borde y tratar a la gente como si todo fuera culpa suya?

Kiki se encogió de hombros, todavía con esa actitud despreocupada que te sacaba de quicio a veces.

- No sé qué habrá pasado exactamente, pero creo que deberías darle una oportunidad. Tiene su carácter, sí, pero también es leal con los suyos.

- Pues será con los suyos, porque conmigo parece que no puede ni estar en la misma habitación sin lanzarme una mirada que podría congelar el infierno.

Kiki dejó su taza sobre la encimera y te miró con más atención.

- Seguro que no estás exagerando? Rus es amiga mía, y te aseguro que no va por ahí odiando a la gente sin motivo.

- Bueno, pues conmigo ha decidido hacer una excepción.

El sonido de pasos interrumpió la conversación. Violeta apareció en la cocina, despeinada y bostezando, pero con una expresión que rápidamente captó la tensión en el ambiente.

- Qué pasa aquí? - preguntó, mirando entre tú y Kiki.

- Nada, que Tn y Rus no están empezando con buen pie - respondió Kiki, intentando restarle importancia al asunto.

Violeta arqueó una ceja y te miró con curiosidad pero comprensiva

- Qué ha pasado?

Le contaste, de manera resumida, los momentos incómodos que habías tenido con Ruslana desde la noche anterior. Violeta escuchó con atención, asintiendo de vez en cuando, pero sin decir nada hasta que terminaste.

- Bueno... - empezó, buscando las palabras adecuadas - Es cierto que Rus puede ser difícil al principio. No todo el mundo le cae bien de inmediato.

- De inmediato? - te quejaste - No le he hecho nada, y ya me trata como si yo fuera su enemiga.

- A veces Rus se siente atacada incluso cuando no lo está. Es como un mecanismo de defensa.

Kiki asintió, corroborando las palabras de Violeta, pero tú no estabas convencida.

- Y qué se supone que hago con eso? Aceptar que me trate así porque sí?

Violeta se encogió de hombros.

- No digo que tengas que aguantar todo, pero quizá si intentas no tomártelo tan personal... quién sabe, a lo mejor cambia su actitud contigo.

No respondiste de inmediato. Aunque sus palabras tenían algo de sentido, todavía sentías que Ruslana estaba siendo injusta contigo, y no tenías claro si estabas dispuesta a hacer ningún esfuerzo para mejorar la situación.

- Voy a darme una ducha - dijiste finalmente, levantándote con la taza en la mano - No sé si puedo lidiar con más consejos por ahora.

Kiki te miró con una mezcla de diversión y preocupación, mientras Violeta suspiraba, como si entendiera que la conversación no había llegado a ninguna solución real. Te encerraste en el baño, dejando que el agua caliente se llevara, al menos por un rato, toda la tensión acumulada. Pero en el fondo sabías que el conflicto con Ruslana no iba a desaparecer tan fácilmente. Ni si quiera te planteabas que pudiera desaparecer.

RUSLANA Y TN OT2023 | LO MEJOR QUE ME HA PASADO NUNCADonde viven las historias. Descúbrelo ahora