El paso del tiempo había hecho poco por aliviar la tensión en el ambiente. A pesar de que los días seguían avanzando, la sensación de incomodidad y distancia persistía. Ruslana no había vuelto a intentar hablar contigo directamente, pero no necesitaba hacerlo. Su presencia en los ensayos y los conciertos era un recordatorio constante de todo lo que había pasado.
Por tu parte, habías intentado centrarte en el trabajo. Los días se habían llenado de ajustes de vestuario, planes de última hora, y nuevas ideas que implementar para el próximo tramo de la gira. Y aunque tus interacciones con Lucas y Kiki seguían siendo constantes, la conexión con ambos parecía un poco diferente.
Con Lucas, habías retomado la dinámica amistosa, aunque evitabas hablar del tema de aquella noche. Él también había respetado tu espacio, limitándose a bromear y ofrecerte compañía cuando lo necesitabas. Con Kiki, sin embargo, la cosa era más complicada. La conocías lo suficiente como para saber que su actitud tranquila ocultaba una decepción que no había querido expresar del todo.
Era una tarde tranquila en el apartamento, y estabas en el sofá revisando los últimos bocetos de vestuario para el próximo concierto. El sonido de la llave girando en la cerradura te hizo alzar la vista. Kiki apareció en la puerta, cargada con bolsas de la compra.
- Has hecho toda la compra tú sola? - preguntaste, dejando los papeles a un lado para ayudarla.
- Sí, porque alguien estaba muy ocupada como para acompañarme. - Respondió con sarcasmo, aunque su tono era más ligero que de costumbre.
La ayudaste a colocar las cosas en la cocina, y pronto ambas os sentasteis en el sofá, cada una con un refresco en la mano. El silencio entre las dos era cómodo, pero también lleno de palabras no dichas.
- Tn... - Empezó Kiki, mirándote de reojo. - Hace tiempo que no hablamos de... bueno, de cómo estás.
Suspiraste, sabiendo perfectamente a qué se refería.
- Estoy bien. O lo intento, al menos.
- Ruslana? - Preguntó con cautela.
Te encogiste de hombros, evitando su mirada.
- No hemos hablado. Desde hace semanas. No sé, tres o cuatro, desde que nos cruzamos con lo del vestido ese.
Kiki asintió lentamente, como si esperara esa respuesta.
- Y eso te ayuda?
- No lo sé. - Admitiste, girando la lata entre tus manos. - A veces pienso que sí, que la distancia es lo mejor. Pero otras...
No terminaste la frase. Kiki dejó escapar un suspiro, pero no te presionó.
- Bueno, y Lucas? - Preguntó, cambiando de tema con un tono más ligero.
Sonreíste, agradecida por el cambio de conversación.
- Lucas sigue siendo Lucas. Insiste en que tengo que aprender a jugar bien a la Play si quiero seguir siendo su amiga.
Kiki soltó una carcajada.
- En serio? Ese chico no sabe rendirse.
La conversación continuó, y aunque no todo estaba resuelto, al menos sentiste que algo en el aire se alivianaba. Quizás el tiempo no curaba todo, pero ayudaba a poner las cosas en perspectiva. Mientras charlabais en el sofá, Kiki sacó su móvil y revisó el calendario, algo que hacía con más frecuencia de la que admitiría.
- Eh, sabes qué? - dijo de repente, mirándote con una sonrisa. - Dentro de poco estaremos en tu tierra.
Te quedaste quieta por un momento, la mención de tu ciudad natal cayendo como un golpe suave pero certero.
- Ah, sí... Zaragoza. - Murmuraste, intentando sonar casual.
- Tn... - Kiki te miró con una mezcla de curiosidad y cautela. - Has pensado en avisar a tu padre?
Frunciste el ceño al escuchar su nombre. Tu relación con él había sido siempre un campo de minas. La última conversación entre vosotros había sido breve y tensa, casi mecánica, como si ambos estuvierais actuando un guion que ninguno quería interpretar.
- Para qué? - Respondiste con un tono que intentaba sonar indiferente. - No creo que le importe mucho.
Kiki te miró fijamente, cruzando los brazos.
- Tn, es tu padre. Estoy segura de que sí le importa.
- Ah, sí? Pues no lo parece. Nunca lo ha parecido - Soltaste con algo más de dureza de la que pretendías.
Kiki no se inmutó. Sabía que este tema era delicado para ti, pero no estaba dispuesta a dejarlo pasar.
- Mira, no estoy diciendo que sea un santo ni nada parecido. Pero vais a estar en la misma ciudad. De verdad piensas seguir evitando esto?
Te quedaste en silencio, sabiendo que, en el fondo, tenía razón. No podías huir para siempre, aunque la idea de enfrentarte a esa fría relación te hiciera sentir un nudo en el estómago.
- No lo sé, Kiki. - Admitiste finalmente, apartando la mirada. - La última vez que hablamos fue... raro.
Kiki te observó en silencio durante unos segundos antes de hablar.
- Vale, pero eso fue hace tiempo. Las cosas pueden cambiar.
- Cambiar? - Soltaste una risa seca. - No creo que mi padre cambie nunca.
- Y tú? - Preguntó Kiki, alzando una ceja. - Tú no has cambiado desde entonces?
La pregunta te tomó por sorpresa. Claro que habías cambiado. Este trabajo, las experiencias, las personas que habías conocido... Todo eso te había transformado de maneras que ni siquiera podías explicar del todo.
- Mira, no te estoy diciendo que tengáis que tener una relación perfecta de repente. - Continuó Kiki, viendo tu conflicto interno. - Pero al menos llámalo. Avísale de que vas a estar allí. Tal vez... no sé, toméis un café o algo.
Te mordiste el labio, sopesando sus palabras. Parte de ti quería negarse, seguir ignorando ese tema complicado. Pero otra parte sabía que Kiki tenía razón. No podías evitarlo para siempre.
- Lo pensaré. - Respondiste finalmente, aunque ambas sabíais que esa frase solía ser tu manera de postergar decisiones difíciles.
Kiki sonrió, satisfecha de momento.
- Eso ya es algo.
La conversación se desvió hacia otros temas, pero el peso de lo que Kiki había dicho seguía contigo. Mientras te preparabas para irte a dormir esa noche, miraste tu móvil, el nombre de tu padre grabado en tu lista de contactos como un recordatorio silencioso.
Suspiraste y apagaste la pantalla, prometiéndote a ti misma que lo enfrentarías... pero no esa noche.
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RUSLANA Y TN OT2023 | LO MEJOR QUE ME HA PASADO NUNCA
Fiksi PenggemarTn y Chiara son compañeras de piso después de que tn decidiera ir a Barcelona para estudiar psicología por llevarle la contraria a su padre, un abogado zaragozano de gran éxito.