Ruslana volvió con dos tazas humeantes, dejándolas en la pequeña mesa del salón. Se sentó frente a ti, cruzando las piernas mientras te observaba con atención, como si intentara descifrarte.
- Entonces... - empezó, dando un sorbo a su café. - Qué crees que va a pasar ahora?
La pregunta te pilló desprevenida. Bajaste la mirada hacia tu taza, pensando en cómo responder sin sonar demasiado ilusa o desesperada.
- No lo sé - admitiste, jugando con el borde de la taza. - Supongo que... depende de ti también.
Ruslana arqueó una ceja, su expresión una mezcla de curiosidad y desconfianza.
- Depende de mí? - repitió, como si la idea le resultara extraña. - Tn, tú y yo no hacemos más que pelear. Y ahora vienes aquí, después de lo de anoche, diciendo que te gusto. Qué esperas que haga con eso?
El tono de sus palabras era directo, incluso un poco brusco, pero no podías culparla. Estaba siendo honesta, igual que tú.
- No espero que hagas nada que no quieras hacer - respondiste, levantando la mirada para encontrar la suya. - Solo quería ser honesta contigo. Porque... bueno, creo que lo mereces.
Ruslana te miró fijamente, como si estuviera buscando algo en tus ojos, alguna pista de que tus intenciones eran sinceras. Finalmente, suspiró y dejó su taza en la mesa.
- Es raro... - murmuró, más para sí misma que para ti.
- Qué es raro? - preguntaste, inclinándote un poco hacia adelante.
- Esto - respondió, haciendo un gesto entre las dos. - Tú y yo. Es como... no sé, una batalla constante. Y ahora me vienes con esto, y no sé si me estás confundiendo más o si debería darte un aplauso por tener el valor de decirlo.
No pudiste evitar sonreír ligeramente, aunque sus palabras eran un recordatorio de lo complicado que era todo entre vosotras.
- Quizá sea las dos cosas - dijiste, intentando aligerar un poco el ambiente.
Ruslana soltó una risa suave, sacudiendo la cabeza.
- Dios, eres insoportable - murmuró, pero había algo casi afectuoso en su tono.
Por primera vez, sentiste que la tensión entre vosotras se estaba disolviendo, aunque fuera un poco. El silencio que siguió no era incómodo, sino más bien reflexivo, como si ambas estuvierais intentando procesar todo lo que había pasado en las últimas horas.
Después de un rato, Ruslana rompió el silencio.
- Tn, si vamos a ser honestas... tú también me gustas. Pero no sé si eso es suficiente para arreglar todo lo demás.
Tu corazón dio un vuelco al escuchar esas palabras, pero sabías que no era una confesión simple. Ruslana tenía razón; había muchas cosas que resolver antes de que algo pudiera funcionar entre vosotras.
- No quiero arreglarlo todo de golpe - dijiste, con sinceridad. - Solo quiero intentarlo. Y... quiero hacerlo bien, sin peleas ni reproches.
Ruslana te miró durante un largo momento, como si estuviera considerando tus palabras. Finalmente, asintió lentamente.
- Entonces, - dijo finalmente, rompiendo el silencio. - exactamente cómo piensas hacerlo?
Su tono erq directo, un poco cortante, pero habia algo en su mirada que no encaja del todo con su actitud distante. Quizá era curiosidad, quizá incluso algo parecido al miedo.
Te tomas un momento para responder, revolviendo el café aunque no le hubieras echado azúcar.
- Pues... no lo sé - admitiste, finalmente. - Supongo que quería empezar por hablar contigo. Sin gritos. Sin... bueno, ya sabes.
Ruslana respondió cortante de nuevo, llevándose la taza a los labios.
- Eso suena a algo que diría un terapeuta
- No - dices rápidamente, sintiéndote al borde de la defensiva. - Sólo quiero que podamos hablar como dos personas adultas, sin atacarnos.
Ruslana deja la taza sobre la mesa con un leve golpe y te mira fijamente.
- Vale. Hablemos entonces. Tú primero.
La presión de su mirada te hizo querer salir corriendo, pero sabías que no puedes hacerlo. Respiraste hondo y decidiste lanzarte.
- Mira, sé que no hemos empezado con buen pie. Y sé que probablemente pienses que soy una completa imbécil, y no te culpo porque... - hiciste una pausa, buscando las palabras. - Porque no he sido precisamente amable contigo.
- No, no lo has sido - respondió Ruslana, sin titubear. - Pero tampoco yo contigo.
Sus palabras te pillaron por sorpresa, pero no tenías tiempo de procesarlas antes de que ella continuase.
- No sé por qué eres como eres, ni por qué te gusta picarme todo el tiempo. Pero lo que pasó anoche... - Se detuvo, frunciendo el ceño como si elegir las palabras le costara. - Eso no fue sólo cosa de alcohol. O sí?
El aire en la habitación pareció cargarse de golpe, y no pudiste evitar apartar la mirada.
- No lo fue - admitiste en voz baja. - Pero tampoco fue algo planeado. Simplemente... pasó.
Ruslana te observa en silencio durante un largo momento antes de asentir lentamente.
- Vale. Y ahora qué?
La pregunta es simple, pero el peso que llevaba te hacía sentir como si estuvieras en medio de un interrogatorio.
- Quiero intentarlo - dijiste finalmente, tus palabras saliendo más rápido de lo que esperabas. - No sé cómo, pero quiero intentarlo. Contigo.
Sus ojos se suavizaron, pero su expresión seguía siendo cautelosa.
- Tn, no soy fácil. No me llevo bien con mucha gente. Y contigo... bueno, somos como agua y aceite.
- Y eso qué? - respondiste, inclinándote ligeramente hacia ella. - No crees que vale la pena intentarlo? Porque yo sí.
Ruslana se quedó en silencio, su mirada oscilando entre tu rostro y la taza de café. Finalmente, dejó escapar un suspiro largo y se pasó una mano por el cabello desordenado.
- Eres muy insistente, lo sabías?
- Me lo han dicho - respondiste con una sonrisa pequeña, aunque por dentro sientes que el corazón te late con fuerza.
Ella te lanzó una mirada cansada pero divertida y, tras otro momento de silencio, asintió.
- Está bien. Intentemos no matarnos por ahora.
La respuesta era tan típicamente suya que no pudiste evitar reírte.
Aunque todavía quedaban muchas cosas por resolver, había algo en esa conversación que te dio esperanza. Quizá, después de todo, las cosas entre vosotras no estaban tan condenadas como habías pensado.
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RUSLANA Y TN OT2023 | LO MEJOR QUE ME HA PASADO NUNCA
FanfictionTn y Chiara son compañeras de piso después de que tn decidiera ir a Barcelona para estudiar psicología por llevarle la contraria a su padre, un abogado zaragozano de gran éxito.