verdades que duelen

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La tele estaba encendida, pero no había nada en lo que pudieras concentrarte. Kiki había salido con sus compañeros a una reunión en las oficinas de una discográfica, y tú te quedaste sola en casa, buscando algo en qué distraerte. El reloj avanzaba lentamente y la quietud de la noche se asentaba en la casa, cuando finalmente, Kiki llegó, acompañada de Ruslana

- Tn, Ruslana se queda a dormir, te parece bien? Tiene que terminar algo de trabajo y no puede irse a Madrid ahora - dijo Kiki, de una forma tan casual que no hubo lugar para protestar.

Asentiste, aunque una parte de ti no lograba evitar la incomodidad. De alguna forma, la tensión que siempre habías sentido con Ruslana no desaparecía, pero te diste la vuelta y fuiste a tu habitación, buscando desconectar un poco.

La noche pasó y te despertaste a las tres de la mañana, con los ojos medio cerrados, y fuiste al baño. Al cruzar el pasillo, viste que la luz del salón aún estaba encendida. Ahí estaba ella, Ruslana, sentada en el sofá, mirando su móvil. Te acercaste sin pensarlo mucho, tal vez por el simple hecho de que el silencio te pesaba.

- Aún despierta? - preguntaste, sintiendo el aire denso entre las dos.

Ruslana levantó la mirada, como sorprendida de verte, y sonrió, de una forma más tranquila de lo que recordabas.

- No puedo dormir - respondió, sin dar más explicaciones.

Te sentaste junto a ella, un poco a la defensiva, pero sin hacer demasiada distancia. Las palabras salieron fáciles al principio, vacilando entre la incomodidad y el intento de romper el hielo. Hablabais sobre cualquier cosa, de esas cosas que se dicen cuando no se sabe de qué hablar pero se tiene la necesidad de mantener una conversación. Al principio, fue todo muy forzado, el tipo de conversación en la que uno se siente comprometido más que relajado.

Pero, poco a poco, las palabras dejaron de ser solo palabras. Los vaciles empezaron, el tono más relajado y bromista. Aquello que antes era incómodo comenzó a tornarse más natural, como si las barreras se hubieran desvanecido sin darse cuenta. Ya no importaba tanto lo que decíais, sino la forma en que lo decíais, cómo cada comentario se cargaba de una nueva complicidad, de una cercanía inesperada.

En algún punto, no sabías cómo habías llegado ahí, pero de alguna forma, las dos estabais sentadas más cerca, las piernas apenas separadas, el espacio entre las dos completamente olvidado. El ambiente había cambiado sin que te dieras cuenta, y, a pesar de las bromas y risas, había algo en el aire que te hizo sentir un calor en la piel que no podías ignorar. Ruslana te miraba ahora con una expresión distinta, un destello en sus ojos que nunca habías notado antes.

- No soy tan borde como te parece, sabes? - comentó ella, un poco más suave, como si se estuviera abriendo más de lo que esperaba.

- Ah no? - respondiste siguiendo con el vacile

- Creo que te lo he demostrado un par de veces. Y pueden ser más

Te quedaste en silencio, sin saber qué responder. Las palabras flotaban entre las dos, pero ya no eran necesarias. No fue un momento esperado, no fue planeado, pero algo te empujó a acercarte, y ella no dudó. En un movimiento rápido, se subió sobre tus piernas, sin previo aviso. El gesto fue tan natural, tan inesperado, que no pudiste reaccionar de inmediato.

- Sé que tú también lo estabas pensando - dijo Ruslana, sus labios muy cerca de los tuyos.

No lo pensaste mucho. No había tiempo para eso. Sus labios encontraron los tuyos en un beso suave, algo incierto, pero lleno de esa tensión que ambas habíais dejado crecer sin querer. Fue un beso lento, cargado de todo lo que las palabras no os habiais atrevido a decir.

RUSLANA Y TN OT2023 | LO MEJOR QUE ME HA PASADO NUNCADonde viven las historias. Descúbrelo ahora