no soy tan mala

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Cuando abriste los ojos, sentiste un mareo horrible, acompañado de unas náuseas que amenazaban con volverse incontrolables. Una resaca en toda regla. Te removiste en lo que parecía ser un sofá, notando una manta encima que no reconocías. Parpadeaste varias veces, intentando aclarar la vista, pero lo que viste te hizo sobresaltarte.

No estabas en el hotel.

El salón donde te encontrabas era completamente desconocido, decorado con un estilo moderno, algo minimalista, pero lleno de detalles personales. Al girar la cabeza, tus ojos se posaron en un mueble donde había una foto familiar: Ruslana, sonriendo junto a un grupo de personas que claramente eran su familia.

Tu corazón dio un vuelco. No podía ser.

Te sentaste de golpe, llevándote una mano a la cabeza al notar el mareo, y fue entonces cuando caíste en cuenta de algo más. Ese pijama no era tuyo. La tela suave y holgada te resultaba cómoda, pero desconocida. Justo cuando intentabas procesar la situación, una voz detrás de ti rompió el silencio, haciendo que te sobresaltaras.

Tu mirada se clavó en ella, incapaz de procesar el comentario. Llevaba un pijama idéntico al tuyo, pero de otro color. Eso solo aumentó tu confusión.

- Qué pasa? - dijo Ruslana con naturalidad, mientras se apoyaba en el marco de la puerta - Venían todos en el mismo pack.

- Ruslana, qué ha pasado? Qué hago aquí? - preguntaste, con un hilo de pánico en la voz - No habrá ocurrido nada raro, verdad?

Ella soltó una carcajada burlona, claramente divertida por tu preocupación.

- Nada de lo que piensas. Relájate. No podías llegar al hotel, así que Kiki y yo te trajimos aquí entre las dos. - Hizo una pausa, mirando hacia el pasillo - Que por cierto, ya ha venido a recogerte.

Tu cabeza giró automáticamente hacia donde ella miraba, y viste aparecer a Kiki por el pasillo. Su expresión era una mezcla de cansancio y resignación, pero ver su cara te tranquilizó al instante.

- Gracias por cuidarla - le dijo Kiki a Ruslana mientras se acercaba, colocando una mano en tu hombro.

- Igual no soy tan mala, no? - respondió Ruslana, dedicándote una mirada significativa - Cualquier otra persona te habría dejado tirada.

No supiste qué contestar. Entre el dolor de cabeza y el nudo de vergüenza en el estómago, simplemente decidiste guardar silencio.

Cuando llegó el momento de irte, le devolviste el pijama a Ruslana. La miraste a los ojos, sintiéndote obligada a decir algo.

- Gracias por todo lo de ayer. De verdad.

Ella levantó una ceja, y una sonrisa sarcástica asomó en su rostro.

- Que sepas que lo he hecho por Kiki, vale? Esto no hace que me caigas mejor - Hizo un gesto con la cabeza hacia la puerta - Venga, tira.

Sin decir nada más, se dio media vuelta y desapareció por el pasillo.

Cuando subiste al coche de Kiki, el mareo seguía latente, aunque el aire fresco que se filtraba por la ventanilla abierta te ayudaba a despejarte poco a poco. Te acomodaste en el asiento, cerrando los ojos un momento mientras el coche arrancaba rumbo al hotel.

- Gracias por venir - murmuraste, todavía algo aturdida.

- No pasa nada - respondió Kiki sin apartar la vista de la carretera - Pero a la próxima, intenta tener más cuidado. Estabas fatal anoche, Tn.

- Lo sé, lo sé... Perdona por molestarte tanto

Ella negó con la cabeza, restándole importancia.

- No es molestia, pero de verdad, no puedes ir por ahí bebiendo como si no hubiera mañana. Ruslana y yo estuvimos un buen rato decidiendo qué hacer contigo.

El comentario hizo que te removieras incómoda en el asiento. Ruslana. Su nombre volvía a resonar en tu cabeza.

Pasaron un par de minutos en silencio mientras observabas distraída las calles por la ventana. Entonces, un detalle cruzó tu mente como un relámpago, haciéndote girar hacia Kiki.

- Espera, Kiki... - dijiste, con la voz algo temblorosa - Ruslana me tuvo que cambiar de ropa ayer, verdad? Porque yo no me puse ese pijama.

Kiki tardó un par de segundos en procesar tus palabras antes de mirarte de reojo, incrédula.

- Ni yo lo hice... - murmuró, y luego añadió con una mezcla de sorpresa y diversión - Tuvo que ser ella, sí.

El calor subió a tus mejillas de inmediato, hasta el punto de que sentías que toda tu cara estaba en llamas.

- No puede ser... Dios, qué vergüenza! - te llevaste las manos a la cara, deseando desaparecer en ese instante.

Kiki, por su parte, no pudo contener la risa. Sus carcajadas llenaron el coche mientras daba suaves golpes con la mano en el volante, incapaz de contenerse.

- Esto es increíble - decía entre risas - Ruslana! La que menos te soporta, teniendo que cambiarte de ropa!

- No te rías! - protestaste, aunque eso solo parecía hacer que Kiki riera más fuerte - Esto es horrible.

- Es que es muy fuerte, Tn. Muy fuerte! - repitió, secándose las lágrimas de los ojos mientras seguía conduciendo - A ver, tranquila. Seguro que lo hizo sin mirar, como si estuviera manejando un maniquí. Es bastante respetuosa con esas cosas

- Eso no ayuda - respondiste, encogiéndote aún más en el asiento.

Kiki te lanzó una mirada divertida antes de volver a centrarse en la carretera.

- Venga, mujer. En el fondo es hasta gracioso.

No lo era. Al menos, no para ti en ese momento. Todo lo que querías era que el suelo se abriera bajo tus pies y te tragara. Cómo ibas a volver a mirar a Ruslana a la cara después de esto?

RUSLANA Y TN OT2023 | LO MEJOR QUE ME HA PASADO NUNCADonde viven las historias. Descúbrelo ahora