trato hecho

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Saliste del examen con una sensación inusual: tranquilidad. No te había ido tan mal como habías pensado, y eso arrancaba una pequeña sonrisa en tus labios mientras bajabas las escaleras del campus. Caminaste por la acera, dejando que el sol suave de la mañana te acompañara, y sacaste el móvil del bolsillo para escribirle a Ruslana.

"Acabo de salir. No me fue mal, creo... ¿Tienes un rato para vernos?"

Estabas todavía redactando cuando chocaste contra alguien. El golpe fue lo suficientemente fuerte como para hacerte retroceder un paso, y te quedaste inmóvil, a punto de soltar una disculpa distraída. Pero entonces levantaste la vista y tus ojos se encontraron con los de Ruslana.

Llevaba un pequeño ramo de flores en la mano, discreto pero bonito, y te miraba con un brillo especial en los ojos, como si estuviera viendo algo que llevaba días necesitando.

- Hola - murmuró, con una sonrisa tímida y una dulzura que contrastaba con las veces que la habías visto molesta o distante recientemente.

Te quedaste sin palabras por un momento, sorprendida.

- Qué haces aquí? - preguntaste, sintiendo que tu corazón comenzaba a latir más rápido.

Ruslana bajó un poco la mirada, como si estuviera buscando las palabras adecuadas, pero al volver a mirarte parecía más decidida.

- Quería darte una sorpresa - dijo, mostrándote el ramo con un gesto torpe pero adorable - Para ti.

Tuviste que parpadear un par de veces antes de reaccionar. Había algo en su expresión, en la mezcla de nervios y ternura, que hizo que una calidez inmensa te invadiera el pecho.

- Son... para mí? - preguntaste, aunque la respuesta era obvia.

- Para quién más serían? - respondió, soltando una risa suave mientras una pizca de rubor coloreaba sus mejillas.

Tomaste las flores con cuidado, sintiendo que una sonrisa enorme se extendía por tu cara.

- Gracias... son preciosas.

Ruslana dio un paso más cerca de ti, aún algo dudosa pero claramente determinada.

- Quería verte. Ayer no dejaba de pensar en ti, en lo que me dijiste... - hizo una pausa, mordiéndose el labio - Tenía que venir.

En cuanto las flores tocaron tus manos, no pudiste resistirte. Había algo en la mirada de Ruslana, en ese gesto de ternura tan poco común en ella, que te llevó a dar el paso sin pensarlo dos veces. Te inclinaste hacia delante y la besaste, suave pero decidida, en medio de la calle.

Al principio, Rus correspondió, pero enseguida se retiró, mirando a su alrededor con nerviosismo.

- Tn, para, estamos en la calle - murmuró, con un tono que intentaba ser firme, aunque sus ojos reflejaban otra cosa - Lo digo por ti más que nada.

La miraste con una mezcla de ternura y determinación.

- No pasa nada, de verdad. No te preocupes por eso - dijiste, sonriendo para tranquilizarla.

Ruslana te miró durante unos segundos, dudando, pero finalmente suspiró y asintió.

Ambas caminasteis hasta tu piso. Al entrar, te dirigiste directamente a tu habitación para dejar la bolsa de la universidad y encontrar un jarrón para las flores. Mientras tanto, Ruslana se quedó apoyada en el marco de la puerta, observándote con una expresión tranquila, como si ese pequeño momento doméstico fuera suficiente para hacerla sentir bien.

Entonces, desde la cocina, apareció Kiki, asomándose al pasillo con curiosidad.

- Dónde vas? Qué pasa? - te preguntó al verte entrar tan rápido.

Pero en cuanto vio a Ruslana detrás de ti, levantó las manos en un gesto de rendición.

- Ah, vale, hasta luego - soltó con una sonrisa cómplice antes de meterse de nuevo en la cocina.

Sacudiste la cabeza entre risas y miraste a Ruslana, que parecía contener la suya.

- Voy a dejar esto en agua y nos vamos - dijiste, señalando el ramo antes de desaparecer un segundo.

Poco después, saliste del piso y os dirigisteis a un restaurante cercano para comer juntas. Mientras caminabais, te adelantaste un poco para coger la mano de Ruslana, entrelazando tus dedos con los suyos.

Ruslana te miró de reojo y, con una sonrisa juguetona, comentó:

- Cuidado, alguien nos va a ver y luego te arrepentirás.

Te detuviste un momento, mirándola a los ojos con una seriedad inesperada.

- Rus, si tú vas a luchar con tus inseguridades, yo tengo que hacerlo también con las mías. Vamos a avanzar un poquito las dos, vale?

Ruslana pareció quedarse sin palabras por un segundo, pero luego apretó tu mano con suavidad y sonrió.

- Vale, trato hecho - respondió, con una dulzura que pocas veces mostraba.

Y así, seguisteis caminando, lado a lado, como si el mundo alrededor no importara.

El restaurante estaba tranquilo, con un murmullo constante de conversaciones a su alrededor que llenaba el ambiente. Después de pedir, las dos comenzasteis a hablar de cosas ligeras: anécdotas del examen, comentarios sobre la decoración del lugar, incluso pequeñas bromas que hacían que Rus te mirara con una sonrisa divertida.

Sin embargo, poco a poco, sentiste cómo la euforia inicial se desvanecía, dejando espacio a tus pensamientos. Ruslana lo notó al instante.

- Qué ocurre? - preguntó, inclinándose un poco hacia adelante con curiosidad.

Sacudiste la cabeza, intentando restarle importancia.

- Es lo mismo de siempre. Seguro que estás cansada de escucharme.

Ruslana ladeó la cabeza, entrecerrando los ojos como si estuviera evaluándote. Luego, tomó tu mano, dándole un apretón ligero.

- Anda, que con el mal que te doy yo con otras cosas... Venga, habla. Yo te escucho.

Suspiraste, agradecida por su disposición. Le apretaste la mano en señal de agradecimiento antes de soltarla, llevándote la tuya al pelo en un gesto de frustración.

- Voy a dejar la uni - dijiste, directa, sin rodeos - Por lo menos esta carrera.

Ruslana frunció ligeramente el ceño, extrañada por la determinación repentina, pero no sorprendida del todo.

- Tan convencida de repente? - preguntó, apoyando los codos en la mesa y mirándote con atención.

- No es repentino - respondiste, encogiéndote de hombros - Llevo tiempo pensándolo. Pero... no sé. Estudiando este examen y los anteriores, me di cuenta de que no me interesa en absoluto el temario. Estoy harta de forzarme.

Rus te observó en silencio durante unos segundos, procesando lo que decías. Luego asintió lentamente.

- Te entiendo. Si no te llena, no tiene sentido seguir. Pero... estás segura de lo que quieres hacer ahora?

- No del todo - admitiste, mirándola con una pequeña sonrisa - Pero sí sé lo que no quiero, y eso es un comienzo, no?

Ruslana sonrió también, inclinándose hacia ti como si estuviera compartiendo un secreto.

- Claro que sí. Empieza por ahí.

La calidez de su apoyo te tranquilizó de inmediato. Era justo lo que necesitabas escuchar, sin juicios ni presión.

- Gracias, Rus.

- No tienes que agradecerme. Yo te apoyo en lo que sea que hagas - dijo, tomando un sorbo de su bebida antes de añadir, con un destello de humor en la voz - Pero a cambio espero que me sigas ayudando a no perder la cabeza con mis cosas.

Sonreíste, sintiéndote más ligera.

- Trato hecho.

RUSLANA Y TN OT2023 | LO MEJOR QUE ME HA PASADO NUNCADonde viven las historias. Descúbrelo ahora