déjame intentarlo

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Las sábanas estaban revueltas, y la almohada, apenas usada esa noche, descansaba lejos de su cabeza. Estabas tumbada boca arriba, con el móvil entre las manos, moviendo el dedo sin ganas sobre la pantalla. Habías pasado horas revisando fotos antiguas, conversaciones guardadas que pensaste que jamás volverías a leer.

En todas las imágenes, en todos los recuerdos, estaba ella. Ruslana sonriendo en la playa, Ruslana probándose una camiseta horrible en una tienda, Ruslana con la cabeza apoyada en tu hombro, mirándote como si el mundo acabara y empezara en ti...

Suspiraste, pasándote una mano por la cara. Eran las cuatro de la madrugada y, aun así, el sueño no llegaba. La pantalla del móvil iluminaba tu rostro, cansado pero incapaz de apagarse. Te preguntaste, por enésima vez esa semana, si ella estaría igual. Si pensaría en ti como tú pensabas en ella desde vuestra última conversación.

Y entonces, la respuesta a esa pregunta llegó. Un mensaje.

Era de Ruslana.

El corazón se te aceleró sin permiso mientras leías su nombre en la notificación. No abriste el chat de inmediato, no porque no quisieras, sino porque algo en ti temía lo que pudiera decir. Desde que todo se había roto, te habías hecho la promesa de no dar el primer paso, de no caer otra vez, pero ahora era ella quien aparecía.

"Te echo de menos. Mucho."

Te quedaste mirando esas palabras durante minutos que se sintieron eternos. Las leías una y otra vez, como si en cada repetición pudieras encontrar un significado oculto, algo que te dijera qué hacer. Tu dedo se movió hasta el chat, a punto de abrirlo, pero al final bajaste la mano y dejaste el móvil en la mesilla de noche. No ibas a responder. No podías.

A la mañana siguiente, el sonido de los cubiertos chocando en la cocina te despertó de un sueño ligero. Saliste a la cocina en pijama, despeinada y con el móvil aún en la mano. Kiki estaba sentada frente a un tazón de cereales, hojeando una revista vieja.

- Buenos días, marmota - Sonrió sin apartar la vista de la revista.

Te sentaste frente a ella, todavía medio dormida, y empezaste a prepararte un café. La cocina estaba tranquila, con la radio sonando bajito de fondo, como tantas otras veces. Todo parecía normal, como si no hubieras pasado la noche en vela pensando en ese mensaje.

Mientras removías el café, te acordaste. Ruslana. El mensaje. El móvil seguía en tu mano, y al desbloquearlo, fuiste directamente al chat.

Pero no estaba.

El mensaje había desaparecido.

Te quedaste quieta, mirando la pantalla, con un nudo en el pecho que no supiste cómo deshacer. Había tenido que borrarlo. Había tenido que arrepentirse. Y ahora no podías dejar de pensar en ello, en lo que significaba, en lo que habría querido decir realmente.

Kiki te miró desde su asiento, frunciendo el ceño al verte tan seria.

- Qué pasa? Qué miras?

- Nada - Apagaste el móvil y te levantaste para beber agua, intentando que tu voz sonara natural - No es nada.

- Si tú lo dices... - Kiki te lanzó una mirada suspicaz, pero no insistió.

Te sentaste de nuevo, con el café entre las manos, y trataste de actuar como si nada. Pero en tu cabeza, solo estaba ella. Otra vez.

Escribiste un mensaje y lo releíste unas diez veces antes de enviarlo. "Necesitabas algo?" Te dolía hacerte la loca, fingir que no habías leído las palabras que se habían quedado grabadas en tu mente desde la madrugada, pero era la única forma en la que sabías protegerte. Si algo habías aprendido de todo esto, era que mostrar tu vulnerabilidad a Ruslana era un arma de doble filo.

RUSLANA Y TN OT2023 | LO MEJOR QUE ME HA PASADO NUNCADonde viven las historias. Descúbrelo ahora