Inspirada en la trágica historia de amor de Lady Diana y con los personajes del mundo de Attack On Titan de Hajime Isayama.
Paradis esta en una crisis, necesitan una fuerte alianza para sobrevivir a Marley o enfrentarán una guerra que cobrará la vid...
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La tensión en el aire era palpable. Levi caminó por los pasillos del palacio con paso firme, pero errático, su mano aún apretando el pañuelo ensangrentado contra la herida que él mismo se había provocado. Los sirvientes que se cruzaban en su camino bajaban la mirada de inmediato, notando la furia contenida en su rostro. La sangre en manos del soldado más fuerte de la humanidad era razón suficiente para estar aterrado.
Al llegar a la habitación que compartía con la reina, Levi se detuvo frente a la puerta. Respiró hondo, intentando calmarse, pero la imagen de Kenny burlándose de él no dejaba de dar vueltas en su mente.
"Nunca seré suficiente", pensó apretando los puños.
Abrió la puerta con cuidado, encontrándose con Alizel, quien yacía en la cama con el recién nacido en sus brazos. Los gemelos, Aleric y Edward, dormían plácidamente a su lado. La reina levantó su rostro tras escuchar el rechinido de la puerta, su sonrisa se desvaneció al notar la expresión sombría de su esposo.
—Levi... —susurró Alizel, preocupada luego de notar su mano— ¿Qué sucedió? Déjame sanar tu herida...
La reina intentó colocar a su bebé sobre la cama pero el Rey de inmediato la detuvo.
—No quiero tú sangre. —bufó él en un tono que desconcertó a su esposa, comenzaba a deshacerse de su estorboso traje con desesperación y enojo.
—Levi...—llamó Alizel en la dulce voz que a él le fascinaba, pero ahora solo era un irritante sonido.
El rey solo con su pantalón, se acercó a la cama mirando al recién nacido Derek, su rostro estaba tranquilo, ajeno a lo que su nacimiento había provocado en su padre. Levi extendió su mano sana hacia el rostro de su tercer hijo, tocando suavemente la mejilla del bebé. Aquella acción que cualquiera pensaría fue un gesto de ternura, fue al contrario, lleno de frustración.
—Otro príncipe —murmuró Levi, su voz cargada de amargura, apartó su mano del rostro de su hijo para mirar a Alizel—. ¿Has leído los periódicos?
Alizel frunció el ceño, confundida por sus palabras. Había notado la decepción en su rostro cuando supo que el bebé era un varón, pero no esperaba que fuera a herirlo tanto.
—¿Los que te felicitan por ser padre de nuevo? —preguntó Alizel confundida, apretando un poco más fuerte en su pecho al pequeño Derek de lo que debería. Levi soltó una risa incrédula.
—No me felicitan a mí, te felicitan a ti por expandir el linaje. —bufó Levi sin nivelar su volumen de voz.
En la cama, los gemelos movieron su cabeza ante la fuerte voz de su padre. Alizel se acomodó en la cama nuevamente para evitar que despertarán.
—Tú linaje, Levi. —susurró Aliz intentando que encontrara la calma.
—¿Mi linaje? —replicó Levi con una risa amarga—. ¿Qué linaje? Todo lo que tengo es gracias a ti, a tu sangre, a tu apellido. ¡Es tu linaje, no el mío!