79

206 22 6
                                        

⋆⁺₊⋆ ☾⋆⁺₊⋆
Él sigue creciendo
Con sueño en los ojos, él y yo en la mesa del desayuno, casi sin estar despierta, dejo que pase un tiempo precioso
Y cuando él ya se ha ido, llega esa extraña melancolía y un sentimiento de culpa que no puedo negar
Slipping Through My Fingers - ABBA
⋆⁺₊⋆ ☾⋆⁺₊⋆

En aquel escritorio de madera de arce, cientos de fotografías de la Reina de Paradis caían sobre el. Cada una con mejor resolución que la anterior.

—¿Esto es lo mejor que pudieron conseguir de ella? ¿Fotografías que los demás tienen? Todos cubrieron la apertura de las torres habitacionales en Chlobra y la mudanza de los de la Subterránea hace un año—el señor del porro gigante lo caló nuevamente con mucho enojo mientras observaba las fotografías—¡Si sale con su esposo los periódicos no se venden tanto como las de sus hijos! ¡Quiero mejores fotos que estás!

El anciano dueño del periódico de Marley estalló soplando el humo de su cigarrillo hacia los fotógrafos.

—Jefe, conseguir fotografías de ella es cada vez más difícil. La Isla nos cobra por cada lente que llevamos en nuestro equipaje y por cada cámara que este a nuestro nombre...

—¡Sí! ¡También los soldados no permiten lentes de calidad en eventos reales por los príncipes!

—¡¿Por qué no lo permitirían?! ¡Son figuras públicas!

—Las leyes en Paradis son raras, jefe...

—¿Y eso por qué debería ser un problema? Esa Isla tiene problemas económicos de los que todos sabemos. Pagale bien a algún soldado de la Legión y entra con todas las cámaras sin restricción alguna...

—No solo es eso jefe, nuestras visas solo duran un mes. Es difícil predecir cuando la reina saldrá del castillo, fuera de los eventos oficiales...

El jefe se levantó de su mesa, le dio una calada más a su porro y luego lo lanzó a la mesa, el poco fuego en este comenzó a quemar las fotografías sobre la mesa.

—Los diarios de Paradis ¡Se están exportando hacia el Imperio y otras naciones! ¡Han abierto una imprenta en Hizuru!—sus gritos llenaban la sala mientras los fotógrafos intentaban salvar la mayor cantidad de fotografías que podían—¡Somos uno de los pocos periódicos que reportan la vida de los Reyes de Paradis en el Continente Marleyano! ¡No me importan los sacrificios que tengan que hacer! ¡Consigan mejores fotos o despidanse de sus trabajos! ¡Fuera de aquí!

Esa era la dura rutina de los extranjeros que cubrían la vida de los Reyes, pero sobretodo de la Reina. Una sola buena fotografía de ella era lo que podía alimentar a ellos y a sus familias por al menos un mes.

—El viejo esta demente, tiene dos semanas que no veo a mi familia, ¿y otra vez tengo que viajar a esa endemoniada Isla?

El joven fotógrafo le prestó su encendedor para que prendiera su cigarrillo, tomó una calada profunda para poder soltar el estrés mediante ese pequeño e ineficiente aniquilador.

—Quizá sea tiempo de renunciar y buscar algo más que fotografiar...

—¿Creen que sea lo mejor? —cuestionó el joven sin prender un cigarrillo.

—Tengo hijos que criar y alimentar, viajar un mes entero a esa Isla solo me hace perder el tiempo. No puedo seguir con esa vida —contestó otra mirándolo con curiosidad—. ¿Tú qué planeas, Billy?

El joven fotógrafo los observó con atención, todos ellos tenían una vida que mantener, él no. Tenía ambición y quería cobrar por las mejores fotografías de la Reina, le iría tan bien que incluso con una le bastaría para vivir por el resto del año, o de su vida.

GOD SAVE THE QUEENDonde viven las historias. Descúbrelo ahora