Chapter 58

121 7 0
                                        

El Verdadero Juego Comienza

Ameera:

Estamos en el hospital subterráneo del Centro de Tributos.
Todo está bañado en una luz blanca sofocante.
Las paredes son frías. El silencio, insoportable. Solo interrumpido por voces ahogadas y el sonido constante de monitores cardíacos.

Katniss sigue inconsciente.
Peeta... también.

Haymitch está de pie frente a un grupo de vigilantes, discutiendo, tratando de contener su enojo.
Quieren modificar quirúrgicamente a Katniss

Lo miro desde la distancia, y por un instante, lo imagino... peleando por mí también.
Cuando volví de mis juegos.
Desfigurada, rota, vacía.
Aún inconsciente.
Y él allí.
Luchando por mantener algo de mí viva.
Le debo tanto.

— Señorita Adar... — se acercan a mí con una mirada tranquila, que me eriza la piel — La herida en la pierna de Peeta es muy grave... no llegó a tiempo el tratamiento. La infección avanzó.

La escucho, pero mis oídos ya zumban.
Siento que el suelo empieza a moverse.
No quiero oírlo.

— Peeta... va a perderla —concluye.

Mi pecho se hunde.

— ¿La pierna? —susurro, porque repetirlo tal vez lo haga más real.
Más digerible.
Pero no lo es.

— Está en cirugía ahora mismo. Estamos haciendo todo lo posible pero... necesitamos amputarla. Es la única forma de salvarlo.

Mi mundo se tambalea.

— Háganlo. —Mi voz es firme, incluso cuando mi corazón se parte—. Lo que sea. No importa lo que tengan que hacer. Solo... sálvenlo. Por favor. Sálvenlo.

Ellos asienten y están por retirarse

— ¿Cuándo podré verlo?

— Tendremos que esperar... Aún no estamos seguros, pero en cuanto sea posible, le avisamos

Pero justo entonces, entran.

Pasos firmes.

Demasiado ordenados.
Agentes de la Paz.
Y sé lo que viene.

Uno de ellos se adelanta, su voz hueca como metal oxidado:

— Señorita Adar —dice uno con tono mecánico—. El Presidente Snow ha solicitado que venga con nosotros...

Se acercan. Y uno intenta tomarme por el brazo con firmeza.

— Si te atreves a tocarme será lo último que hagas... —espeté, mirándolo con una calma peligrosa— Puedo hacerlo sola

Miro una ultima vez a Haymitch, corro a abrazarlo
— Cuida de ellos por mi por favor hasta que vuela

— Cuidate

— Tu igual.

Mi mirada se clava en la suya con una calma que hiela.
Retrocede. Claro que lo hace.

Y entonces me giro.
Haymitch está ahí.
Ojeroso. Con el ceño fruncido y la desesperación mal disimulada en los hombros caídos.

Camino hacia él y, sin dudarlo, corro a abrazarlo.
Me hundo en su pecho como si aún tuviera trece. Como si él pudiera salvarme del mundo.

— Cuida de ellos por mí... —susurro contra su abrigo Dove y áspero—. Por favor... hasta que vuelva.

Haymitch no responde al instante. Traga saliva.
Me aprieta con fuerza, como si no quisiera soltarme.

Me separo apenas lo suficiente para mirarlo a los ojos.

— Cuídate

— Tú igual, cielito.

Panems QueenDonde viven las historias. Descúbrelo ahora