Chapter 70

40 5 1
                                        

El Juego está por Comenzar

Ameera:

—Damas y caballeros, ¡que empiecen los Septuagésimo Quintos Juegos del Hambre! — La voz de Claudius Templesmith, me retumba en los oídos.

El agua azul, cielo rosa, sol ardiente. La Cornucopia, el reluciente cuerno de metal dorado, a unos cuarenta metros. Al principio me parece que está sobre una isla circular, pero, al examinarlo mejor, veo las delgadas tiras de tierra firme que salen del círculo como los rayos de una rueda. Doce, equidistantes entre sí, cada uno con dos tributos entre ellos, sobre sus plataformas de metal. Más allá del agua, dondequiera que mire, veo una playa estrecha y después densa vegetación. Examino el círculo de tributos en busca de Finnick, Mags, Johanna, Katniss o Peeta, pero la Cornucopia debe taparlos.

Si no estuviera en la arena, el olor a sal me traería paz, la paz que solo el distrito 4 me da, que Finnick me da. Sé que lo encontraré rápido en la cornucopia, después de todo solo hay una forma de llegar. No hay barcas, ni cuerdas, ni siquiera trozos de madera flotante a los que agarrarse.

Cuando suena el gong, me tiro al agua de mi izquierda sin vacilar. Pese a que no estoy acostumbrada a nadar distancias tan largas, curiosamente, mi cuerpo me resulta muy ligero, así que recorro el agua sin esfuerzo. Me pongo en pie, chorreando, en la franja de tierra y corro por la arena hacia la Cornucopia. No veo que nadie más salga por mi lado, aunque el cuerno de oro me tapa buena parte de la vista.

Todo parece acumulado en la entrada, que mide unos seis metros de alto. Localizo rápidamente un tridente dorado a mi alcance y tiro de él. También cuchillos y una espada. Todo está tan tranquilo que me inquieta, me inquieta que Finnick no haya llegado. Así que recorro la cornucopia, cuando los veo, Katniss y Finnick, él reluciente y espléndido, con un tridente dispuesto para el ataque; en la otra mano lleva una red. Sonríe un poco, aunque los músculos de su torso están rígidos, a la espera.

—Tú también sabes nadar —le dice—. ¿Cómo has aprendido en el Distrito 12?

—Tenemos una bañera muy grande.

—Ya te digo. ¿Te gusta la arena?

—No especialmente, pero supongo que a ti sí. Imagino que la habrán construido en tu honor —añade Katniss, con algo de rencor. Y no la culpo, es seguro que solo un puñado de los vencedores sabe nadar. Y en el Centro de Entrenamiento no había piscina, no tenían ninguna oportunidad de aprender. Quien no supiera nadar de antes tendrá que aprender deprisa. Hasta la participación en el baño de sangre inicial depende de ser capaz de cubrir unos veinte metros de agua. Eso le da al Distrito 4 una ventaja enorme.

No hacen nada durante unos segundo, hasta que Finnick sonríe de oreja a oreja.

—Qué suerte que seamos aliados, ¿no? — Temo la reacción de Katniss y estoy lista para apuntar mi cuchillo a su mano, y evitar que dispare, pero él mueve la mano y la pulsera de oro macizo con un diseño de llamas, la detiene, sabe que es de Haymitch

— Cuidado — grito y lanzo mi cuchillo, a la par escucho como Finnick le ordena a Katniss —¡Agáchate! — Su tridente sale disparado y ambos dan en su objetivo, me da nauseas el sonido asqueroso cuando da en su objetivo; el hombre del Distrito 5, el borracho que vomitó en el suelo del entrenamiento de espada, cae de rodillas mientras Finnick libera el tridente con el que le ha dado en el pecho y me entrega la daga que estaba enterrada en su pierna.

— Mi amor... Estas bién?? — Yo asiento no muy convencida y el toma mi rostro en sus manos para que lo vea — Me alegra verte — y me besa, es corto, pero me da un poco de tranquilidad — Por cierto... La próxima, apunta al corazón — me dice con más severidad

Has llegado al final de las partes publicadas.

⏰ Última actualización: Jan 02 ⏰

¡Añade esta historia a tu biblioteca para recibir notificaciones sobre nuevas partes!

Panems QueenDonde viven las historias. Descúbrelo ahora