Chapter 68

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Prácticas

Ameera:

El día siguiente en los entrenamientos veo un progreso en la alianza con Katniss, al ver que ella y Finnick intercambian una hora de clase de tridente a cambio de una hora de clase de arco.

Yo me concentro en Johanna, que hoy insiste en entrenar conmigo en lucha cuerpo a cuerpo.

—¿Sabías que los celos son malos? —me dice en cuanto me lanza una patada directa a mi rostro, su voz cargada de ironía.

—No estoy celosa —gruño, bloqueando su brazo y torciéndole la muñeca—. Dios, ¿por qué todos piensan eso?

—Será porque no dejas de verlos —responde, rodando sobre sí misma y encajando un rodillazo que me obliga a retroceder.

Me río entre dientes, volviendo al ataque. La derribo de un movimiento limpio, clavándola contra el suelo con mi rodilla sobre su pecho.
—Y aún desconcentrada no puedes vencerme. Una pena.

Johanna se reincorpora, sacudiéndose como si nada.
—Anda con Peeta —suelta con fingida inocencia—. Él necesita ayuda con sus cuchillos. ¿No es tu especialidad? O algo de lucha cuerpo a cuerpo... tampoco le caería mal.

Me cruzo de brazos, sonriendo con suficiencia.
—Buen intento, pero Finnick no podría estar con nadie más que no sea yo. Y él sabe que lo amo como a nadie. No se pondría celoso por Peeta.

Johanna arquea una ceja y me lanza una mirada cargada de burla.
—¿Eso crees?

— Lo sé

— Entonces que ayudes a Peeta solo te beneficia para mantenerlo vivo, no?

Resoplo, pero tomo el consejo al pie de la letra. Camino hacia la estación de cuchillos donde Peeta practica.

—Tus muñecas están rígidas —le digo mientras recojo uno de los cuchillos y lo lanzo con facilidad, clavándolo justo en el centro. — Algo te preocupa?

—Creo que todos estamos preocupados no?

— Touché... —le sonrío — Te parece algo de entrenamiento cuerpo a cuerpo?

— No creo que sea buena idea...

— Acaso tienes miedo?

— De tí? Sin duda...

— Grosero...

— Esta bien... pero trataré de perder con dignidad

Nos dirigimos a la estación de entrenamiento.

—No te contengas —le advierto

Él asiente

Lanzó el primer movimiento sin pensarlo demasiado. Mi puño se dirige directo a su hombro, pero Peeta lo esquiva con agilidad sorprendente. Bien. Ha mejorado.
Aprovecho el giro para desestabilizarlo con mi cadera y casi lo hago caer, pero reacciona rápido y atrapa mi antebrazo para mantener el equilibrio.

—No está mal —le digo, con una sonrisa que no puedo contener

Él sonríe apenas, esa sonrisa amable que tiene cuando se concentra. Intenta un contraataque. Gira con fuerza, me sujeta la muñeca y tira hacia abajo con intención. Me deslizo bajo su brazo, giro sobre mis talones y lo desarmo con facilidad.
En un segundo, lo tengo contra el suelo, mi antebrazo presionando su pecho y mi rodilla clavada en la colchoneta.

—Rendición —le susurro, jadeando un poco.

—Aún no.

Lo dice con ese tono tranquilo que usa cuando planea algo. Antes de que pueda reaccionar, usa el peso de su cuerpo para girar bruscamente. Todo pasa tan rápido que no alcanzo a frenar: perdemos el equilibrio y caemos juntos.

Panems QueenDonde viven las historias. Descúbrelo ahora