Chapter 57 Maratón 2/2

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Donde empieza el dolor

Ameera

Y entonces Cato irrumpe desde los árboles. Corre directo hacia ellos. No lleva lanza. No tiene nada en las manos. Solo el terror marcado en el rostro.

Katniss dispara. La flecha le da en el pecho... y rebota.

Rebota.

—No... —murmuro, y Finnick me toma la mano. Porque él también lo entiende.

—¡Tiene alguna clase de armadura! —grita Katniss, justo a tiempo para que Peeta reaccione, porque tienen a Cato encima. Pero él se estrella contra ellos, sin intentar frenar, está jadeando, sudoroso y la cara amoratada

—Corran... por favor... — suplico

Y entonces, como si el infierno se abriera bajo sus pies, del bosque surge el primer lobo de pesadilla, aterrizando sobre sus patas traseras con una agilidad escalofriante. Detrás de él, seis más.

Y al fin salen corriendo detrás de Cato, hacia la cornucopia. Pero se olvida de Peeta y trato de darle ánimos, está a unos catorce metros de Katniss, cojeando lo más deprisa que puede

—Más rápido... por favor... —suplico en voz baja, aunque sé que no puede oírme. Me aferro al brazo de Finnick.

Los mutos lo están alcanzando... Katniss lanza una flecha hacía la manada y uno cae, pero hay muchos para ocupar su lugar.

—¡Vete, Katniss! ¡Vete! —grita Peeta. Su voz me desgarra, señalando el cuerno de la cornucopia. Y ella le hace caso. Cato ya ha subido y está tomando el aliento mientras se asoma al borde.

Katniss ve su oportunidad para acabar con él; se detiene a media subida y carga otra flecha...

Y yo solo quiero gritarle que vea a Peeta, entonces él grita, yendo a la cornucopia, aunque los mutos le pisan los talones.

--¡Trepa!

Peeta empieza a subir con dificultad, no sólo por culpa de la pierna, sino del cuchillo que lleva en la mano. Katniss dispara una flecha que le da en el cuello al primer muto que pone las patas sobre el metal. Al morir, la criatura se estremece y, sin querer, hiere a varios de sus compañeros.

Entonces le puedo echar un buen vistazo a las uñas: diez centímetros y afiladas como cuchillas. Peeta llega a los pies de Katniss, así que lo toma del brazo y lo sube. Cato está esperando arriba, tirado en el suelo, con retortijones y, más preocupado por los mutos. Pregunta si los mutos pueden trepar, pero parece que Katniss no lo escucha

--¿Qué?

--Ha preguntado si pueden trepar --responde Peeta

Los mutos empiezan a reagruparse. Al unirse, se levantan y se yerguen fácilmente sobre las patas traseras, lo que les da un aspecto humano. Todos tienen un grueso pelaje, algunos de pelo liso y suave, y otros rizado; los colores varían del negro azabache al rubio. Meten el hocico en el cuerno, olisqueando y lamiendo el metal, arañando la superficie con las patas y lanzándose gañidos agudos. Debe de ser su medio de comunicación, porque la manada retrocede, como si quisiera dejar espacio; entonces, uno de ellos, un muto de buen tamaño con sedosos rizos de vello rubio, toma carrerilla y salta sobre el cuerno. Sus patas traseras tienen una fuerza increíble, porque aterriza a tres escasos metros de Katniss y Peeta y estira los rosados labios para enseñar los dientes.

Hay algo en ellos, algo que hace que se me erice el vello de la nuca... Y entonces lo entiendo, un grito ahogado sale de mí y Finnick me abraza sin entender qué pasa, los recuerdos inundan mi mente mientras trato de reprimirlo. Pero no me muevo, estoy... petrificada. Por primera vez en mucho tiempo, tengo miedo. Un miedo que me devuelve a la arena. A esos ojos... ojos humanos...

Panems QueenDonde viven las historias. Descúbrelo ahora