Chapter 51

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A Un Paso de la Muerte

Ameera:

Los chicos empiezan a turnarse, es lo más común, y solíamos hacerlo con Haymitch y Effie, pero ninguno quiere moverse. Inclusive le pedí a Finnick que vaya a descansar, también tuvo que ir con Nick, porque me reusé a moverme en caso de que algo le pase a Peeta. No sé en qué momento me quedé dormida, pero aún no amanece, pero me levanta Finnick y Nick, no debería estar aquí, pero mi primer pensamiento es Peeta

Las largas horas frente a las pantallas iniciaron. Los mentores solemos turnarnos, algo que hacíamos con Haymitch y Effie en los viejos tiempos, pero esta vez era diferente. Ninguno de nosotros quería moverse, como si abandonar nuestros asientos pudiera cambiar el curso de los acontecimientos en la arena.

Incluso le pedí a Finnick que fuera a descansar. Él insistió en quedarse un rato más, pero finalmente lo convencí de ir con Nick. Porque me negué a dejar mi lugar. ¿Y si algo le pasaba a Peeta? Esa idea era suficiente para mantenerme despierta.

Sin embargo, la falta de descanso me pasó factura y no recuerdo en qué momento pasado la media noche me venció el sueño. Mis ojos, pesados por las emociones y el cansancio, terminaron cerrándose, y el mundo se desvaneció por unas pocas horas.

Todavía no había amanecido cuando sentí unas manos firmes en mi hombro. Me desperté sobresaltada, con Finnick y Nick frente a mí. No debería estar aquí, fue lo primero que pensé al ver a Nick, pero antes de que mi mente pudiera procesar cualquier otra cosa, un solo nombre atravesó mis pensamientos como un rayo: Peeta.

—¿Pasó algo con Peeta? —pregunté, incorporándome de golpe, mi voz cargada de urgencia. Mis ojos buscaron la pantalla frenéticamente, ignorando por completo mi entorno.

Nick negó con la cabeza, su expresión tranquila pero firme.
—Tranquila, pequeña. Él está bien —dijo, con ese tono protector que siempre usaba.

Antes de que pudiera calmarme del todo, Finnick soltó una risita y se inclinó ligeramente hacia mí, apoyando su barbilla en mi hombro.
—Debería ponerme celoso —murmuró con un tono juguetón—. Lo único en lo que piensas es en Peeta.

Lo miré de reojo, tratando de ocultar una pequeña sonrisa. Pero él me tomó del rostro con una mano, obligándome a mirarlo a los ojos. Su expresión juguetona se suavizó por un instante, y antes de que pudiera decir algo, sus labios capturaron los míos en un beso cálido, firme y protector.

—Lamento interrumpir —dice Nick, con una sonrisa apenas contenida—, pero te levantamos por algo importante.

Mis pensamientos vuelven de golpe a la pantalla. veo a Katniss enfrentarse a lo que parece ser un infierno desatado. El fuego no es natural, no puede serlo. Lo primero que pienso es que todo es idea de Seneca, debe estar muy lejos de los tributos y necesitan traerla de regreso.

Demasiado fuego. El mundo se ha transformado en un infierno de llamas y humo. Las ramas ardiendo caen de los árboles convertidas en lluvias de chispas. Veo como corre, tratando de escapar, siguiendo a los animales, aunque es evidente que no puede igualarles el ritmo. Mi pecho se aprieta al ver cómo el humo la rodea, amenazando con ahogarla. Y luego, como si fuera poco, empiezan a lanzarle bolas de fuego.

Estoy odiando a Seneca en este momento. Debe estar disfrutando de esto, mientras ella sufre y yo imploro al universo que esté bien.

Entonces ocurre lo inevitable, uno de los lanzafuegos le llega a la pierna, arrancándome un grito ahogado Me aferro a los brazos de Finnick, sintiendo cómo mi propio cuerpo se tensa de rabia y desesperación. Apenas tiene tiempo de reaccionar cuando la vuelven a atacar con otro sin darle tiempo a reaccionar, pero logra escapar hacia una especie de arroyo

Panems QueenDonde viven las historias. Descúbrelo ahora