Chapter 55

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Los Trágicos Amantes

Ameera

La luz de la sala es cegadora cuando entro, y por un momento, me siento mareada. Por un nanosegundo olvidé cómo se siente estar bajo tantas miradas, cómo la atención se posa sobre mí con la misma intensidad con la que un depredador acecha a su presa, como el silencio envuelve el lugar, buscando la más mínima imperfección.

Los murmullos se reanudan de inmediato. Sonrío con elegancia, con la gracia que el Capitolio espera de mí, y las primeras personas comiencen a acercarse, ávidos por hablar, por tener mi atención.

—Ameera, querida, qué honor verte de nuevo.

—Pensé que el Capitolio te había perdido para siempre.

—No es lo mismo sin ti.

— Lamento haber desaparecido tanto, es que los juegos me tienen fascinada. Los tragicos amantes del Distrito 12

— Yo solo quiero un Peeta en mi vida

— Arriesgarse por la mujer que ama

La conversación sigue el rumbo que espero, estoy aquí por los patrocinadores, por Peeta.

Peeta.

El pensamiento me golpea el pecho, como si me hundieran un puñal entre las costillas.

No me había dado cuenta de lo mal que estaba. Si no hubiera tenido mi crisis, si hubiera estado más atenta, habría visto las señales. Qué tonta fui. La crema no funcionó. Tal vez una inyección, sea lo mejor.

Y justo cuando todos están deslumbrados por los trágicos amantes las pantallas iluminan el salón

— Katniss – la llama. Ella se vuelve y aparta el pelo de Peeta de los ojos--. Gracias por encontrarme.

— Tú lo habrías hecho por mi

--Sí. Mira, si no regreso... --empieza.

--No digas eso, no he sacado todo ese pus para nada.

--Lo sé, pero, por si acaso... --intenta seguir.

--No, Peeta, ni siquiera quiero hablar del tema --insiste, poniéndole los dedos en los labios para callarlo.

--Pero... — y no puedo creer que lo bese, era de esperarse porque son los trágicos amantes y estan locamente enamorados, pero se demoró demasiado. Pero sigue siendo lindo, cuando se aparta lo arropa con el borde del saco. --No te vas a morir. Te lo prohibo, ¿vale?

--Vale --susurra él.

Y justo como quedamos Haymitch les envía comida, cuando sale a tomar aire. Un mensaje más claro no hay: un beso equivale a una olla de caldo. Espero que en la nota esté: A eso llamas beso... Porque yo sé que ella no lo quiere, pero se supone que está enamorada, y Peeta... él... no puedo pensar eso, él va a estar bien

--¡Peeta! --exclama, intentando poner un tono especial. Pero se ha dormido otra vez, ella lo despierto con un beso, lo que parece sorprenderlo. Después sonríe, como si se alegrara de estar allí tumbado y poder mirarla por los siglos de los siglos. Siento pesar por Peeta, él si la ama... y ella no se da cuenta.

— Peeta, mira lo que te ha enviado Haymitch.

Ella intenta darle de comer, suplicándole, amenazándole y, sí, besándolo. Tengo que reconocer que lo está haciendo mil veces mejor... pero aún me preocupa... Mañana les enviaré algo para la pierna.

—Ya te dije lo increíblemente hermosa que estas esta noche —la voz de Finnick me saca de mis pensamientos.

Me giro hacia él, encontrándome con su sonrisa encantadora y su mirada intensa, profunda, como si estuviera memorizando cada detalle de mi rostro.

Panems QueenDonde viven las historias. Descúbrelo ahora