Oficialmente ambos se encontraban de vuelta a Paraguay, sin embargo, el tiempo los había recibido lluvioso, fresco y complicado de caminar. Elisey se había percatado lo peligroso que era el tránsito fuera del aeropuerto Silvio Pettirossi. Y aún así, la joven a su lado parecía estar tranquila hasta la notaba envuelta en un extraño aire.
-Hola, disculpe, ¿Sabe hasta que hora lloverá hoy? -la escuchó preguntar.
El señor de avanzada edad que se encontraba colgando una especie de carpa ceñida por los años alrededor de la pequeña tienda de baratijas la miró, y sin embargo, Bruna soltó la mano que tenía sosteniendolo para acercarse a ayudarlo, claramente había sido una buena ayuda.
-Agüije, mitakuña.
(Gracias, señorita)
Claramente el no había entendido nada de lo que había dicho, pero ella estaba contenta. Se acercó a tomar uno de los periódicos y mirar una zona en particular. "Pronóstico del tiempo"; tras una breve mirada, que no duró ni dos minutos. La expresión alegre de ella se había rebajado un poco, sin embargo, contra todo pronóstico la vio darle al señor un billete de veinte mil guaraníes. El señor inmediatamente iba a buscar vuelto pero ella lo interrumpió con gestos claro de decir:
-No, no. Quédese con el vuelto.
El señor simplemente la miró agradecido, mientras que ella sonrió y se acercó nuevamente para tomarle la mano y dirigirlos a ambos a una zona prudente donde el techo y las paredes aún los cubría de la lluvia.
-¿Qué te dijo hace un momento el señor? -preguntó curioso.
Ella lo miró sonriendo.
-Dijo: Gracias, señorita. "Agüije" significa: gracias ; y "mitakuña" significa: señorita, muchachita. -explicó con delicadeza mientras miraba el cielo gris, la lluvia pesada y fresca.- ¿Sabes Elisey? Temía que haberme ido estos cuatro meses hubieran sido suficientes para perder la práctica de entender a mi gente, a mi país. Pero estoy contenta de que todo lo que aprendí aquí, no haya sido nada pasajero para mí mente.
Él la mira atento, hasta se acerca a ella para abrazarla y tenerla más de cerca.
-Me alegro por ello, pequeña. -dijo tras besar la sien del lado izquierdo.
Ella lo mira y sonríe tras el apodo nombrado, mientras le corresponde el abrazo. - Tal vez deberíamos pedir un Uber o taxi para llegar a un hotel decente donde alojarnos.
-De eso no te preocupes, tan solo estoy esperando que pare de llover para ir bien por la autopista. -responde con calma, mientras observa de reojo su reloj de mano.
-Como llegamos sobre las ocho de la mañana, podemos esperar a que baje la intensidad hasta eso de las ... ¿Once? Aunque nos dará un hambre irremediable. Conozco un pequeño departamento a unas calles de aquí, aunque no es tan bonito como a los que habrás ido... -comentó mientras acurruca su mejilla al torso de él, escuchando su corazón y la lluvia de fondo, con el ambiente refrescando su mejilla desnuda.
-Tranquila, ya tengo todo controlado. Solo esperemos, ¿si?
Ella asintió, no tenía miedo a nada. Sabía que por ahora estaban seguros.
• • •
El tiempo pasó, casi al medio día habían podido llegar al hotel donde se quedarían unos días, ella se encontraba acostada un momento en la cama mirando el techo. Estos lujos que su Alfa tenía nunca se había permitido tener tampoco es que fuera de esa clase de gente, simplemente quería vivir como más se podía. En la sencillez. Cerró los ojos pero no por mucho tiempo, ya que su cuerpo acostado tambalea en la cama al sentir que alguien se acuesta y la atrae hacia ese cálido cuerpo. Segundos después simplemente percibe la respiración y rostro de Elisey cerca de cuello y hombro, causando un suspiro grato.
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Luna de Amor
Werewolf𝐷𝑒𝑠𝑐𝑢𝑏𝑟𝑒 𝑡𝑢 𝑙𝑖𝑛𝑎𝑗𝑒, 𝑑𝑒𝑠𝑐𝑢𝑏𝑟𝑒 𝑡𝑢 𝑑𝑒𝑠𝑡𝑖𝑛𝑜 Bruna Dávalos, una joven paraguaya de 27 años, lleva una vida dividida entre su trabajo como mesera y su pasión por escribir historias de hombres lobo. Mientras sueña con algo...
