Viernes, 16 de agosto, 2024
Mañana sábado partimos al vuelo que se dirige a varios puertos antes de llegar a Paraguay, según Elisey estaríamos llegando el domingo por la noche a mi país natal. Eso nos daba tiempo suficiente para sobrellevar el jetjag y recomponer fuerzas para el día veinte de agosto, que sería el día que tenía acordado con la familia en visitar a papá al "Parque Serenidad", lugar donde habíamos enterrado el cuerpo de mi padre tras fallecer el veinticinco de marzo, un lugar donde todo era verde y lleno de tranquilidad, un lugar especial para él que le tenía pavor a los cementerios apilonados y funebres.
Miro mi celular y el último mensaje que escribí en el grupo familiar:
"Hola familia. Estaré de vuelta para antes del cumple de papá, cuénteme la hora de la juntada en el Parque, ¡los quiero! Y los estaré leyendo, mañana sale mi vuelo hacia Paraguay"
Claro que luego de dicho mensaje, audios de felicidad no se hicieron esperar por parte de mi madre, mientras que mis hermanos mayores aún no se reportaban, seguramente por sus respectivas obligaciones, sin embargo el mensaje de Barbie fue el que me hizo cosquillas en el estómago e hizo que una sonrisa irónica se asomara en mis labios.
«Esa mujercita jamás cambiará. Siempre materialista»dijo Astra.
Y estaba claro que compartíamos el mismo pensamiento ante el mensaje de Barbie, que decía: "Trae regalitos de recuerdo, anikena te olvidas"
—Esa sonrisa se congeló, ¿Quién ha causado eso?—preguntó una voz varonil y alemana.
«Respira, exhala y acéptalo. Ese chico no se alejará de ti tan fácil»dijo Astra.
Y sabía perfectamente porque no me pedía paciencia ni siquiera decía otra cosa que no fuera: "Afrontar la situación", detrás suyo se encontraba Elias Zachary, el delta del escuadrón de Elisey, y aquel hombre que conocí a base de mentiras.
—Alguien quién no conoces, ¿Qué haces aquí? ¿Necesitas algo?—pregunté con una paciencia limitada.
Lo escuché tensar los nudillos de sus manos, y suspirar.
—Quiero carta blanca contigo, te extraño Nunchi.
—Lo siento, pero no te necesito y con los hechos puestos sobre la mesa, realmente no te he extrañado ya que prácticamente somos extraños. Si sabes que soy la Luna de la manada, pero amigos o conocidos, ya no somos. —aclaro sin ninguna muestra de piedad, y es que la sinceridad fría que mi corazón tenía para darle.
Me volteo para observarlo, pero me encuentro con una expresión dolida, y el dejavu de sentirlo pequeño y desamparado golpea mi corazón pero luego mi mente recuerde que ese rubio castaño es igual o similar de mayor que Elisey, y ese impulso de ir a abrazarlo para consolarlo desaparece.
«Era de esperarse, tu resentimiento es igual de grande que tu orgullo, y eso que es poco frecuente.»volvió a hablar Astra con cierta diversión.
—Bru... ¿Realmente no quieres siquiera volver a esos tiempos? Donde éramos tu y yo, hermanos de cariño, y nos divertíamos juntos... —preguntó Elias.
—Ahorita no tengo mucho tiempo para ser libre como antes, ni siquiera tengo tiempo para charlar contigo, disculpame pero debo ir a ...—dije con toda la simpleza del mundo, encaminando mis pasos al puente que conectaba con la Torre de los betas.
—Déjame acompañarte... —interrumpió acercándose e insistiendo.
«No percibo peligro, no intervendré»dijo Astra.
Respiré profundo y luego solté el aire contenido de a poco.
—No tengo ganas de enojarme, Elias.
—No hace falta que lo hagas, Bruna.
ESTÁS LEYENDO
Luna de Amor
Manusia Serigala𝐷𝑒𝑠𝑐𝑢𝑏𝑟𝑒 𝑡𝑢 𝑙𝑖𝑛𝑎𝑗𝑒, 𝑑𝑒𝑠𝑐𝑢𝑏𝑟𝑒 𝑡𝑢 𝑑𝑒𝑠𝑡𝑖𝑛𝑜 Bruna Dávalos, una joven paraguaya de 27 años, lleva una vida dividida entre su trabajo como mesera y su pasión por escribir historias de hombres lobo. Mientras sueña con algo...
