La incomodidad crecía en mi, una mezcla de tensión y vulnerabilidad que no había experimentado antes. Era diferente, extraña, la sensación de saber que alguien más, un ente, tenía acceso directo a mi mente y carácter. El solo hecho de que Astra, mi loba espiritual, ¡mencionarla así sonaba aún mas extraño viniendo de mi! Se suponía que siempre había sido una humana rara y común, por mis gustos y la forma en la que me relaciono con las personas que conozco.
Astra, ese nombre para una loba espiritual propia, parecía tener el mismo peso que tenía ser la "domadora de criaturas mágicas" y que al mismo tiempo se conectara conmigo justo ahora... ¡Enserio que parecía todo casualidad calculada! Por que si lo pensaba seriamente, todo esto estaba sucediendo a unas semanas, pocas, de que Elisey me hubiera marcado como su humana, su mujer... Y su Luna. ¡inclusive me estaba dando vergüenza pensar esto y saber que otra criatura estuviera escuchando lo que pienso y siento! Y por si fuera poco, que otra cosa que no fuera yo tuviera acceso sobre mi carácter explosivo, ¡Era otro estrés para mí!
Habían pasado ya más de treinta minutos desde que podía sentir la mirada protectora y perspicaz de ese rubio aleman del cual cada vez me sentía más fusionada a su encanto. Y aunque mi incomodidad no fuera una reacción por su causa, la sentía aumentar con cada segundo, y eso se debía a que mi vejiga estaba por explotar como también deseaba unos minutos de espacio personal pero... ¡mi cuerpo no se movía!
«¡Astra déjame moverme caranchos!»
Intenté disimular para no incomodar a mi rubio, pero asentir al escuchas sus palabras tranquilizadoras ya me estaban sabiendo a ridiculez. No por lo que significaban sino por como estaba siendo mis acciones hacia él.
En serio necesitaba estar sola, despejar su mente y recuperar algo de control. Justo cuando se levantaba con la intención de ir al baño para distraerse en su neceser y calmarse un poco, Astra intervino.
«No quiero. Me rehúso a moverme de aquí, es mío y si nos separamos no creo tener control»Astra comunicó directamente, su voz resonando en mi mente y casi de inmediato sintió cómo su cuerpo permanecía inmóvil, sin responder a su voluntad.
«No tengo mucha paciencia y ... ¡Necesito orinar, carajo!»respondí molesta intentando moverme aún con la dificultad pesada que se cernía en mi propio cuerpo.
Fue entonces cuando, molesta e inquieta, no pude evitar soltar una pregunta en voz alta:
—Elisey, ¿qué hago para que Astra deje de gobernar mis movimientos?
Frustrada levanté la mirada hacia esos ojos similares al cielo despejado, buscando su guía, su salvación.
Elisey, al percibir la gravedad de su preocupación, dejó a un lado su usual postura seria y bajó la mirada hacia ella, con una dulzura que irradiaba seguridad y confianza, pero también con la firmeza propia de un Alfa experimentado. Sus manos se posaron suavemente en la cumbre de mi cintura, y su mirada se hundió con la mía, transmitiéndome una serenidad que parecía aligerar la dificultad de respirar que padecía al de una más pausada.
—Bruna, sé que esto es algo completamente nuevo para ti —empezó con voz suave, pero cargada de determinación—. Astra es una parte de ti, una parte que ha esperado mucho tiempo para manifestarse. Al ser un espíritu fuerte y tu loba interna, no siempre va a obedecer al instante. Pero no te preocupes, porque todo esto es cuestión de entenderse mutuamente.
Entenderse mutuamente. Añarako peguaré! Por si fuera poco, ahora debía tratar de sobrellevar una amistad con alguien en mi interior para que no fuera un caos por fuera, ya era suficiente lidiar con ser una Luna reservada y persona capaz de mantener la calma en la sociedad. Cada vez se me aumentaban las responsabilidades e interacciones.
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Luna de Amor
Hombres Lobo𝐷𝑒𝑠𝑐𝑢𝑏𝑟𝑒 𝑡𝑢 𝑙𝑖𝑛𝑎𝑗𝑒, 𝑑𝑒𝑠𝑐𝑢𝑏𝑟𝑒 𝑡𝑢 𝑑𝑒𝑠𝑡𝑖𝑛𝑜 Bruna Dávalos, una joven paraguaya de 27 años, lleva una vida dividida entre su trabajo como mesera y su pasión por escribir historias de hombres lobo. Mientras sueña con algo...
