Mérida
Navidad. Compras. Gastos. Familia de visitas. Ciudad llena. Tareas. Trabajos a morir. ¿Qué otra cosa puede pasar? Oh, lo olvidaba.... El cumpleaños de Hipo.
- Mérida, vámonos o llegaremos tarde -me dice Rapunzel.
Ya pasó una semana. Se siente mejor que nunca, la casa ya tiene todos los adornos y decoraciones que puede haber, y, por alguna extraña razón, siento que todas nos hemos unido más.
- Ya voy -digo, alisándome el cabello, que lo traigo como una completa maraña.
Elsa y Anna piensan en comprarse un auto, Honey igual, porque la verdad, todas necesitamos uno, aunque yo por el momento no necesito mucho.
Cuando salgo del cuarto, tomo mi teléfono, le conecto los audífonos y los meto a mi bolsillo derecho, cierro la puerta y bajo trotando las escaleras. Todas traen puestas chamarras y botas, abrigos y pantalones calientes, mientras que yo, solo uso un pants y una vieja sudadera. Gogo me mira con una sonrisa.
- Me gusta tu atuendo.
- A mí no mucho -dice Rapunzel-. ¿Irás a hacer ejercicio?
- Sep -respondo, caminando a la cocina y tomado una manzana-. Yo inicio clase hasta las 10.
- ¿No es a las 8? -pregunta Honey, confundida.
- Nop -respondo, dándole una mordida a la manzana-. El señor G. cambiará su clase de las 8 a las 3 debido a... No sé qué cosa.
- Oh, ya veo -dice-. Entonces Tadashi tampoco irá...
Abro el refrigerador y tomo un jugo de naranja mientras me lo bebo a tragos. Bien, ellas se irán a la escuela, y yo me iré a hacer ejercicio tranquila. Tengo a menos de 20 metros al bosque, así que... ¿Por qué no perderme una hora o dos? Tengo mucho ejercicio qué hacer.
- Bien -dice Elsa-. Nosotras nos vamos que ya falta media hora.
Salimos todas por la puerta y cada quien toma su rumbo. Me pongo mis audífonos y me pierdo en la música que envuelve mis oídos, dejándome llevar por el ritmo que me incita a correr guiándome por el ritmo. El camino está lleno de hojas húmedas y ramas secas, hace una considerable cantidad de frío y me siento verdaderamente en paz. El aire que inhalo hace que mi nariz se congele, y que mis pulmones tiemblen de frío. (O, al menos, yo siento que tiemblan) brinco los troncos caídos que se me atraviesan o una que otra piedra grande. Los árboles son tan anchos que creo que puedo abrazarlos y rodearlos con mis brazos.
Volteo hacia atrás y veo mi casa todavía, así que continúo más adelante. Poco a poco mis piernas comienzan a cansarse y mi pecho a arderme, pero, es algo que puedo controlar. El frío me envuelve por dentro, y se filtra a través de los espacios que el mismo viento hace cuando hago movimientos, pero es una buena señal de que estoy sudando.
Sigo, y sigo, y sigo, y cuando menos recuerdo, ya me encuentro corriendo sin rumbo. Quiero encontrar qué hay más allá de este bosque...
******
Me detengo en seco cuando volteo hacia arriba y veo un prado circular, y justo a un lado de ella, una cabaña, pero encima de un árbol. Parece que vuela entre los troncos y hojas. Me causa tanta intriga que me arriesgo a ir a ver de qué se trata; al fin y al cabo, tengo más de una hora. Camino con cuidado por entre las hojas y las ramas, para, por si hay alguien psicopatía viviendo ahí arriba, no vaya a saltarme encima en cuanto me vea. Tengo dos opciones, irme por los alrededores, por campo seguro, o cruzar el prado, por campo abierto.
Mi inteligencia me dice que por lo seguro, pero mi estupidez me dice lo contrario: así que termino cruzando la pradera. Siento el sol quemándome la piel de una manera agradable, el viento alborotándome todo el cabello y mi cuerpo siendo atraído por la curiosidad.
Cuando estoy frente al tronco que me sube al interior de la casa, una especie de pánico me comienza a entrar. ¿Y si hay un cadaver a medio estado de descomposición allá arriba? ¿O una secta diabólica está teniendo su ritual justo aho—
Me abofeteo a mí misma en ese instante, para interrumpirme esos pensamientos. A lo mejor era de unas niñitas exploradoras que se mudaron al otro lado de la cuidad y no pudieron llevársela. No creo que haya nada...
Subo con precaución las "escaleras" (que solo son tablas añadidas al tronco), y cuando estoy arriba, me asusto un poco cuando comienza a rechinar la madera.
Oh, Dios... ¿Tan gorda estoy?
Doy un paso y me percato de lo amplio que está este lugar. Es una planta de madera que ha de medir al menos unos... 6 metros de largo. La casa no ha de tener más de una planta, pero, está muy alta. Son al menos 3 metros de altura, con ventanales ligeramente grandes, sucias, pero completas. Me asomo a través de ella y veo solo polvo y uno que otro mueble de madera viejo decorando el lugar. No hay cuerpo, ni secta... Gracias al cielo.
Mi teléfono suena al instante, avisándome de una alarma que programé. Debo volver antes de que se me pase la hora. Bajo con cuidado y regreso corriendo hacia la casa, que debo bañarme y tomar el metro y el tranvía, y caminar un poco más de diez minutos para llegar.
Antes de salir del prado, volteo hacia atrás y veo la casa por última vez. Debo traer a Hipo para que vea esto conmigo y me ayude a abrirla. Siento que algo me está llamando a abrirla...
*****
- Señorita Dunbroch -dice la maestra Potts-. Tarde otra vez...
- Lo siento, el tráfico -digo, sentándome junto a Hipo-. El metro, ya sabe.
- Ahórrese las explicaciones -me dice de manera indiferente, acomodándose las gafas y continúa leyendo.
Dejo mi mochila en el suelo y saco la libreta a toda prisa para no perderme nada de la clase. Sólo fueron 6 minutos de retraso.
- ¿Dónde estabas? -me pregunta Hipo en un susurro.
- Te lo explico luego -respondo-. Encontré algo que puede gustarte.
- ¿Ah, sí? -pregunta intrigado.
- Fui a correr al bosque, y me encontré con una casa abandonada...
- ¿Y me estás pidiendo qué...? -parece no comprender lo que le quiero decir.
- Ayúdame a abrirla -le digo alegre y emocionada-. Quiero ver qué hay dentro, y p—
- ¡Señorita Dunbroch! -exclama la maestra-. ¡Llega tarde y platicando! ¡Silencio, por favor!
Me encojo en mis hombros, poniéndome roja al instante. Hipo comienza a escribir algo rápido, y me doy cuenta de que debo estar tomando nota. Pongo la fecha rápidamente y luego... Me quedo ahí, sin saber qué hacer. Hipo recarga su cabeza en su mano y carga su cuerpo un poco a la izquierda, y con un movimiento de mano suave, me extiende su libreta para que copie todo lo que llevan. La tomo y veo que su letra es una fina y hermosa manuscrita, y, en la parte superior derecha tiene una peculiar frase que acaba de escribir:
Te ves linda con el cabello mojado<3
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SCHOOL DAYS [Mericcup/Jackunzel]
AléatoireLos días de escuela han comenzado, y con ellos, un nuevo romance entre Mérida e Hipo, Rapunzel y Jack, Anna y Kristoff, Elsa y Eugene. ¿Qué les espera a este grupo de amigos en la universidad? ~>Derechos de portada a la maravillosa y súper talento...
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