Capítulo 44. ¿Te quedarás con tu príncipe?

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-Mario, no fue mi intención... no me hagas daño-Decía, en parte con miedo, su mirada era dominante, como si fuera a golpearme. Colocó cada mano al lado de mi cabeza, teniéndome acorralada por completo.

-Un beso nunca mató a nadie-Susurró. Entonces fue ahí donde perdí la razón entre sus hermosos ojos. Se acercó a mí lentamente hasta que pudiera sentir su respiración agitada, yo intentando hacer que se alejara regresé mis manos a su pecho, donde la tranquilidad inundaba el lugar y podía sentir su palpitar. Estábamos sólo a unos escasos centímetros que me mataban por dentro ¡Demonios Mario! ¡Qué lento eres!

Posó sus labios sobre los míos, ¡Al fin! sus labios tenían el mismo sabor que el paraíso. Nuestro primer beso después de semanas, después de un mundo lleno de confusión. Era increíble como un beso te hacía olvidar todo en un segundo.

El beso más cálido, hermoso y tierno se volvió en uno lleno de necesidad, nos necesitábamos el uno al otro, no podíamos estar más tiempo separados, entonces comprobé que su amor podía llegar a ser tan grande como el mío, aunque aún no me ganaba. Nos separamos poco a poco, después Mario me llenó de pequeños besos en mi mejilla y al finalizar uno en mi frente ¡No podía haber nada más hermoso que eso! sin duda alguna.

Ambos nos tomamos de las manos.

-Te quiero tanto, te necesito-Susurró. -No me dejes. Por favor-Seguía diciendo silenciosamente, con una voz tierna.

-Yo...-En algún momento de mi vida soñé esto, nunca lo imaginé. -te quiero Mario...-No dije nada más, sólo lo abracé con tanta fuerza, algo que había querido hacer desde hace mucho tiempo, y él, bueno, él era el mejor dando abrazos.

-Eres...-Me dio un beso corto en los labios. -...lo mejor...-Beso. -...del mundo-Beso.

-Tú lo eres-Sonreí. Caminé hacia las maletas, sentándome en la cama enseguida de ellas.

- ¿Qué pasará después de esto? -Dijo.

- ¿Qué pasará de qué?

- ¿Te alejarás de mí y te irás con Sebastián y el otro?

-Ahí estoy 'viviendo' las vacaciones-Comenté.

-Ven a 'vivirlas' aquí-Rió. -Ven conmigo, ¡Quédate conmigo!

-Si me lo dices de esa forma me vas a convencer muy fácil-Reí.

- ¿Te quedarás con tu príncipe? -Comenzó a hacer pucheros, oh Dios ¡No! alguien dígale que deje de hacerlo si quiere que siga con vida.

-Hmm déjame pensar... ¡Son cuatro chicos! No podría... se molestarán.

-Entonces se me ocurre una idea mejor-Sonrió malignamente.

-Comienza-Froté mis manos malévolamente, igual que él.

-Si ya tienes tus maletas listas... y yo sólo empaco algunas cosas... ¡Es una señal!

-Hmm prosigue.

-Mérida.

- ¿Mérida? ¿Estás loco?

-Sí-Susurró. -Los locos a veces se divierten más que los cuerdos-Rió. -Mérida, mañana a primera hora ¿Qué dices?

-Eso, suena tentador, digo que ¡Sí! -Mario sonrió ampliamente.

-Entonces, por ley, tendrás que quedarte esta noche-Guiñó su ojo. -Vele avisando a tu club de fans que no te esperen, volverás en muchos ¡Muchos! días.

- ¿Espera? -Reí. - ¿Club de fans?

-El estúpido rubio y el lobito.

- ¿Celoso? -Reí.

-Claro que sí, demasiado ¡Muchísimo! no puedo creer que tus labios hayan tocado ¡Sus labios! básicamente lo besé a él-Dijo como esposa paranoica. Si, esposa.

-Y lógicamente eso te convierte en homosexual... ya sabes, besaste a un hombre.

-Dejemos eso en el pasado, ¡Nunca pasó! -Suspiró de una manera tan audible que se volvió exagerada.

-Okay... entonces llamaré a mi club de fans y avisaré-Saqué mi celular y comencé a marcar.

Sebastián contestó.

- ¡Vaya hasta que me marcas! -Bufó. -¿En donde diantres estás?

-Hablo para decirte que iré a Mérida por unos días, no me esperen-Contesté. Mario me observaba.

- ¿Qué? ¿Ya te lavó el cerebro ése inútil? ¡Es increíble la forma en la que crees sus cuentos!

-No tengo por qué darte explicaciones, Sebas, no quiero pelear contigo, simplemente déjame vivir mi vida.

-Claro, pero sabes bien que siempre al final tengo la razón. Haz lo que quieras-Colgó.

-Creo que se enojó-Miré a Mario.

- ¿Te importa mucho eso?

-Es mi amigo... ahora no le daré importancia.

-Está bien-Sonrió. -Iré por comida abajo, creo que llegó Daniel, ¡Espérame aquí! No tardo-Asentí, cerró la puerta del cuarto, ésta vez sin llave claro y yo me recosté a ver televisión.

Mario versión.

Bajé las escaleras con rapidez y abrí la puerta, ¡No era para nada una visita esperada!

- ¡Hola Mario! -Dijo con una gran sonrisa. - ¿Me dejarás pasar?

-Claro pasa-Dije incómodo, no era un gran momento para que Cecilia llegara, no lo era. Entró mirando cada lugar de la casa, como si fuera una especie de inspección, luego volvió a mí cuando fui a la cocina.

-Me enteré que tu vida se ha ido abajo-Comentó.

-Eso ya es historia.

-Todos los días te emborrachas amigo, y ni siquiera eres para invitarme-Dijo en especie de broma y reclamo.

-Te invitaría, pero tienes la costumbre de dejarme tirado en el césped de una casa cualquiera-Recalqué, haciéndole recordar la última vez que salí con ella. Sólo carcajeó.

-Yo no te obligué a que tomaras de esa forma Mario-Se sentó sobre el lavabo y sacó un cigarrillo de su bolso. - ¡Enciéndelo! -Dijo cediéndomelo. Sin decir nada lo encendí y se lo di, detestaba el humo de cigarro cerca de mí y ella lo sabía.

Cecilia no paraba de moverse y subir su vestido 'discretamente', cada vez lo tenía más y más corto, eso era desagradable e incómodo para mí.

- ¡Wow! No sabía que Daniel se había teñido el cabello rubio-Esa voz tan... familiar se escuchó como un eco en mis oídos, ambos volteamos a verla de pie en la puerta de la cocina.

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Un dulce amor - 'Mario Bautista'Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora