Capitulo 12."Words will be... just words".

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En ese momento maldecí con todo mi ser que Mario estuviera ebrio, ya que no tenía ni un gramo de estabilidad corporal... tampoco mental.

Mario me miraba de una forma que me intimidaba demasiado.

-Deberías descansar-Le dije. - ¿Quieres que hmm llamemos a alguien para que venga por ti?

- ¿Te preocupas por mí? -Rió negando. - ¡Qué hermosa!

-Mario-Me paré tomándolo de la mano y guiándolo a la cama. -Recuéstate, estás muy mal.

Él obedeció se recostó y cerró sus ojos. Yo sonreí internamente, se veía lindo después de todo.

Cerré la puerta con llave, ya que si mi mamá entraba podía malinterpretar muchas cosas y después asesinarme.

Tomé una almohada y una cobija, yo dormiría en el suelo.

- ¿A dónde llevas eso?

-Dormiré en el suelo Mario, para que descanses.

-No, yo duermo si quieres, o duerme aquí conmigo-Dijo levantándose rápidamente lo que lo hizo marearse.

-Olvídalo, recuéstate-Le ordené y él obedeció nuevamente.

Apagué la luz y me acosté, me quedé mirando al techo durante un buen rato.

- _____-Escuché decir a Mario desde la cama.

-Mande-Contesté.

- ¿Te puedo contar un secreto? -Me decía en voz baja, yo reí.

-Claro Mario, recuerda que estás ebrio y quizá mañana te arrepientas.

-No lo haré-Escuché reírse. -Ven acá no puedo gritarlo.

-Hmmm-Reí me levanté y me senté junto a él. -Dime.

-Acércate más.

-Estoy cerca Mario dime.

-Te lo diré al oído-Se acomodó igual que yo, sentándose.

-Está bien-Acercó su rostro a unos centímetros del mío y sentí su respiración correr en mi oído, me estremecí...

-Me gustas mucho-Susurró, eso hizo que me paralizara por completo, no estaba definitivamente en mis cinco sentidos después de haber escuchado eso. Opté por no decir nada, Mario se apartó de mí para volver a acercarse después y mirarme de esa forma que sólo él sabía; puso una de sus manos en mis mejillas. -Cómo no hacerlo, si eres hermosa.

-No sigas, estás ebrio.

- ¿Y qué tiene? Eso no me impide hablar.

-Esto... esto no es real-Dije en mi mente, pero yo tenía la costumbre de pensar en voz alta.

- ¿Qué no lo es? -Rió. Movió sus manos de lugar, a mi mentón y se acercó a mí, era mi debilidad, algo que no podría negar ¿por qué rayos me tenía que hacer esto a mí?

Lo que pasó es historia... su respiración tan cerca, esos ojos que me intimidaban con toda su existencia, Mario tan cerca de mí depositó en mis labios un tierno y corto beso, de esos que te hacen tocar el cielo sin despegarte del suelo. Así me sentí. Después me arrepentiría pero ¿Qué más da?

-Es real-Terminó de hablar sonriéndome, por mi mente pasaban miles de cosas que no me dejaban en paz.

Yo me levanté y me bajé de nuevo al piso sin decir una sola palabra.

- ¿A dónde vas?

-A dormir, deberías hacer lo mismo.

- ¿Así de simple? -Dijo Mario.

-Mañana será otro cantar-Contesté, cerrando mis ojos.

(...)

Abrí mis ojos al instante, según yo, pero mi impresión fue otra, ¡Ya había amanecido! y yo dormida, lo primero que hice fue levantarme para ver a Mario, quien estaba dormido apoderándose de toda la cama, me reí internamente. Después abrí las puertas del balcón y salí encontrándome con Sebastián desde el suyo con una guitarra en sus manos.

-Hola artista-Lo saludé.

-Hola... perezosa-Contestó.

-Cállate.

- ¿Cómo te va con el ebrio?

-Bien, sigue dormido-Sonreí... más de lo normal.

-Hmmm tengo mis sospechas, iré a clases de guitarra-Mostró su guitarra la cual ya había visto. -Cuando vuelva iré a tu casa.

-Nos vemos entonces-Sebastián se fue cerrando su ventana, yo hice lo mismo, pero dejando la mía abierta, quien sabe y se le daba por entrar por ahí, como siempre.

Mario ya estaba sentado tallándose los ojos y acomodándose el cabello, sentado en la cama.

- ¿En dónde estoy? -Me dijo.

-Estás en Howgarts, la escuela de magia y hechicería, te raptamos.

- ¡Qué graciosa! -Dijo sarcásticamente, pero sonriendo. -No tengo idea de qué pasó conmigo-Decía, luego puso sus manos en su cabeza y comenzó a quejarse.

-Te debe de estar matando el dolor-Dije acercándome a él. -Lo ebrio que estabas ayer... no tiene nombre.

-Claro que lo tiene-Contestó. -Alcohol.

-Era un decir, Bautista-Crucé de brazos.

-Es increíble cómo llegué aquí... ¿Caminando?, o ¿En taxi? ¡No lo creo!

- ¿Qué es lo último que recuerdas? -Pregunté, esperando que no fuera lo que yo pensaba.

-Salí a tomar con Ce... una amiga y ya.

- ¿Entonces Cecilia Jacobson fue la que te vino a dejar aquí?

- ¿Cecilia Jacobson? -Preguntó nervioso. -¿Quién dijo Cecilia?

-Bah-Reí. -Tú amiguita Cecilia-Reí de nuevo. -Llegó y te dejó aquí tirado en el césped de mi casa-La cara que puso Mario cuando se lo dije fue épica, cara de impresión, disgusto, gracia al mismo tiempo, eso nunca lo olvidaré, quería burlarme de él pero me aguanté las ganas, luego que estuviera sola me reiría todo lo que pudiera.

- ¿Y después? -Dijo, yo me ruboricé.

-Te subimos al cuarto y... vomitaste, reíste, hablaste solo... y finalmente te dormiste-Conté resumidamente, quitando las ideas secundarias, ustedes saben.

- ¿Sólo eso? -Contestó con el ceño fruncido.

-Sí... solamente.

- ¿Segura? -Rió.

-Si Mario-Contesté. ¿Acaso si recordaba y sólo quería hacerme pasar un mal rato?

- ¡Qué raro!, está bien, me alegra... siempre que me pongo así, hago alguna estupidez, me sorprende que no haya hecho nada ésta vez.


Un dulce amor - 'Mario Bautista'Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora