Capítulo 64 "Moonlight"

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—No—Rió. —Tú y yo nos iremos con mi familia—Dijo firme.

—Mario... yo no sé si quiera ir.

—Debes de ir, conocerás a mi familia y todo será genial, las fiestas se ponen muy buenas allá—Me abrazó. — ¿Verdad que me acompañarás?

—Si me lo dices con esa cara... terminaré aceptando—Miré hacia cualquier otra parte donde Mario no estuviera pero él intentaba que nuestras miradas chocaran.

—No —Reí. —Deja de hacerlo.

— ¿Hacer qué?— Me miró fijamente, sus ojos simplemente me atraparon y era difícil esquivarlos.

—Eso con tu mirada—Me encantaba mirar sus hermosos ojos, sobre todo ese brillo color en el centro, eran únicos. Mario sólo sonrió y después se apartó de mí para apagar la pequeña fogata que había ahí.

—No—Musité. — ¿Por qué la apagas?

—No lo sé—Sonrió. —Me gusta más la noche y su luz natural. La luz de la luna—Caminaba a pasos lentos cerca de mí hasta estar completamente cerca, él de pie y yo sentada en la hamaca.

El viento corría lentamente y era muy frío; Mario tan sólo tuvo que extender su mano para que yo la tomara y luego la besó, cuando hizo eso sentí un escalofrío recorrer todo mi cuerpo.

Con poca fuerza hizo que me pusiera de pie frente a él.

—Que hermosos se ven tus ojos a la luz de la luna—Comenté.

—Tus ojos se ven aún más hermosos—Me susurró al oído. —Toda tú.

Yo no pude evitar sonrojarme, Mario sólo reía de verme así, roja como un tomate.

—Te tengo una sorpresa, espérame aquí—Dijo soltándome la mano y corrió hasta adentro de la casa, yo regresé hasta la hamaca y me recosté en ella cerrando mis ojos, todo era tan relajador: silencio, viento, luz de la luna.

Después sentí como Mario se sentaba enseguida mío, me levanté mirándolo con una guitarra color beige en sus manos, mirándome no sonriendo, pero profundamente.

Decidí no decir nada, y él comenzó a tocar lentamente... mientras me miraba y sonreía ampliamente, también sus mejillas estaban color rosado.

Comenzó a cantar, una canción muy conocida para mí... una hermosa balada que me traía viejos recuerdos de fanatismo. Ésa canción podía describir perfectamente éste momento en el cual estábamos, como si Mario hubiera tenido todo fríamente calculado, era un genio.

Su voz... su voz era preciosa, nunca lo había escuchado así de cerca, y pensar que ahora lo tenía y podía cantarme tanto como yo quisiera y yo escucharía cada segundo de él siempre.

Justo terminó de cantar y yo lo abracé.

— ¡Me encantó!

—Ése era mi propósito—Besó mi mejilla. —Es la primera vez que hago algo así—Dijo sonrojándose.

—Lo hiciste bien, querido saltamontes—Reí. —Te amo Mario.

—Estás loca—Me abrazó. —Estaba esperando a la indicada... es más que obvio que eres tú.

Me recosté en el pecho de Mario y ya no me enteré de nada del mundo... hasta el día siguiente. No sé ni cómo ocurrió.

Abrí mis ojos y el cielo estaba aclarándose, Mario seguía dormido en un lado de la hamaca y yo junto a él.

Me puse de pie cuidando cada movimiento para evitar despertarlo, pero fallé. Su mano se encontró con la mía.

— ¿A dónde vas? —Dijo con una voz adormilada.

—Iré adentro—Sonreí. —Tú sigue durmiendo.

—No, claro que no, te acompaño—Se puso de pie, apenas podía con su alma, estaba más dormido que yo.

Entramos a la casa y caminamos un pasillo directo hacia la cocina, ambos estábamos hambrientos, pero encontramos a Juanpa sentado en el comedor tomando algo de café caliente, mirándonos divertido.

— ¿Cómo durmieron? —Dijo con una gran sonrisa en su rostro.

—Bien—Contesté.

—Excelente—Dijo Mario tomándome de la cintura.

—Lo sé—Rió. —Les tomé como veinte fotos, ¡Son tan adorables!

— ¿Y dónde están esas fotos? —Dijo Mario.

—Diecinueve están a salvo—Tomó el último trago de café.

— ¿Y la veinte? —Dije yo.

—SnapChat.

Mario y yo nos miramos mutuamente, sólo sonreímos.

—Chicos, cambiando de tema... Mario te recuerdo que hoy es el gran día... ¿Te preparaste mentalmente?

— ¿Gran día? —Dije confundida. — ¿De qué hablan?

—Tú solo alístate, que salimos en una hora—Dijo Mario dándome un beso en la mejilla y después salió trotando hacia las escaleras, seguía sin entender.

Le lancé una mirada a Juanpa pero él sólo alzó sus hombros, claro, como si no supiera de que se tratara todo.

—Yo sé que tu sabes—Me acerqué a él.

—Yo también sé que yo lo sé—Sonrió. —Pero, también sé que no te diré.

—Dame una razón.

—Ésos son temas en los que yo no debo meterme— ¡já! ahora resulta, si siempre se metía en donde nadie lo llamaba.

—Claro, lo que tu digas... ya no me sirves, tonto—Caminé con fastidio a alistarme, lo peor de todo es que no sabía cómo debía vestir para salir. A Mario le pasaba cada cosa por la mente.

Un dulce amor - 'Mario Bautista'Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora