— ________ —Me movían, yo abrí los ojos y tenía el rostro de Mario enfrente mío.
— ¿Qué ocurre? —Me estiré. — ¿En dónde estoy?
—En mi cuarto, te dormiste como media hora—Rió. —Te veías tan tierna, pero quiero ir al baño y estás sobre mi brazo.
Yo levanté mi cabeza y dejé que lo sacara y volví a recostarme cerrando mis ojos, cuando menos pensé Mario regresó a la cama a ver televisión.
— ¿Qué hora es?
—Las doce de la noche... o de la madrugada, ésa es mi pregunta.
— ¿Las doce? Oh, ya me tengo que ir—Me senté, aun intentando saber quién era. Mario se puso de pie y abrió uno de sus grandes armarios.
—Espera—Dijo mientras yo ya de pie me ponía las zapatillas. Se puso un suéter.—Te llevo.
—Está bien—Sonreí y tomé mi celular, ninguna llamada perdida de mi madre, aparentemente todo iba bien.
Sentí que algo se dejó caer en mis hombros, volteé y estaba Mario poniéndome uno de sus sacos, era tan cálido y tenía su olor impregnado en él.
—Mario no hace falta.
—Claro que la hace, hace frío allá afuera, no dejaré que te congeles.
—Está bien está bien, entendí—Reí. Me acomodé su saco y salimos del cuarto sin decir una sola palabra, mientras bajábamos las escaleras podíamos observar que todas las personas estaban afuera, la casa parecía desierta, todos estaban en la piscina, bailando, tomando, entre otros. Mario sacó sus llaves para abrir la puerta y la chica rubia que me miraba tan mal anteriormente apareció de repente. Ella venía corriendo y apenas vio a Mario y se abalanzó en sus brazos. Mario la tomó para impedir que cayera al suelo.
— ¿Qué ocurre contigo? —Le dijo Mario.
—Ah lo siento—Me miró con desprecio. —Es que, éstas zapatillas están matándome—Se reincorporó, no sin antes tomar la camiseta de Mario mientras hablaba y yo bueno, moría de celos. —Mario me abandonaste hace rato, te he estado buscando por todos lados ¿Sabes?
—Ah, lo siento Meredith, estoy ocupado ahora.
—Vamos—Dijo ella mientras me miraba.—Estoy segura que a ella no le importara ¿cierto? —Me dijo a mí, ¿Qué se está creyendo?
—Cierto, anda vayan a crear su nidito de amor, yo me tengo que ir—Arrebaté las llaves de Mario para abrir la puerta y salí, me iría caminando, en taxi o en lo que fuera menos con él y ELLA. Oh que hay aquí ¡Genial! la cerca estaba cerrada y no hay nadie, ¿Ahora que sigue? ¿Tendré que saltarla? No con éste vestido.
— ______ Espera—Me giré viendo a Mario caminar hacia mí, sin la resbalosa chica rubia. —Yo te llevaré, no te vayas.
—Claro que lo harás—Bufé. —Está cerrada la reja.
—Eso lo sé—Guiñó el ojo.
— ¡Aquí te esperaré Mario! ¡No te tardes! —Estaba gritando la maldita chica en la puerta de la casa, con su mini vestido más corto de lo que había visto anteriormente, de seguro se lo dobló, era una chica fácil, podía verlo a kilómetros, casi la arrastraba del cabello por todo el Times Square, tiene suerte de que tenga que irme ya.
Noté que Mario la ignoró y abrió la puerta de afuera, entonces yo salí, seguía con mis brazos cruzados.
—Acá esta el coche, sígueme—Lo seguí, preferí no decir nada del asunto. Iba a abrirme la puerta pero lo hice yo misma, él me miro confuso y se regresó para subirse por su lado. Encendió el motor.
Era increíble que cuando avanzó el carro la chica seguía ahí de pie en la puerta, ah ardía por dentro el solo saber que cuando Mario regresara estaría con ella. Sólo suspiré, un suspiro muy audible por cierto.
— ¿Qué te ocurre? —Dijo aguantándose la risa, eso me hacía enojar más.
—Nada, no me ocurre nada ¡Deja de molestarme!
—Ni siquiera te había dicho nada—Rió. —¿Estas celosa?
— ¿Celosa yo? ¿De ella y de ti? No me hagas reír—Bufé, claro que estaba celosa.
—Entonces, dame una razón de tu comportamiento—No contesté y Mario tampoco habló más.
Llegamos a casa, antes de que el coche se detuviera completamente bajé de él, Mario lo frenó de un golpe y se bajó rápidamente.
— ¡Ey! ¿Qué te sucede? Enserio, acabamos de arreglar todo y ahora te enojas de la nada—Me tomó del brazo.
—Suéltame Bautista—Lo fulminé con la mirada lo que hizo que me soltara.
— ¿Ahora qué hice?
—Nada, tu no hiciste nada.
— ¿Entonces? —Se acercó más a mí, eso ya era costumbre sabía perfectamente mis debilidades, me tomó de ambas manos.—Quiero solucionarlo.
—No tengo nada—Sonreí fingidamente—Ahora vete con tu amiga la rubia ¿Okay?
—Lo sabía, estás celosa—Rió a carcajadas. — ¡Estás celosa! —Repitió.
—No es verdad, no podría estarlo—Negaba con la cabeza e intentaba que me soltara pero me tomaba más fuerte de las manos.
—Meredith sólo quería molestarnos, porque la dejé plantada para seguirte y no pienso hablar con ella, no te enojes.
—Oh por favor, no necesito explicaciones, es tu vida, haz lo que quieras con ella.
—Si claro, si no te daba explicaciones de seguro durarías como dos meses sin hablarme.
—No.
—Sí—Ambos giramos a ver la puerta de la casa, ya que se abrió de repente, Mario me soltó y yo actué con naturalidad, eso era equivalente a una sobreactuación mía. Era mi madre quien medio adormilada nos observaba con una sonrisa.
—Escuche ruidos, siento haberlos interrumpido—Decía con una sonrisa que no conocía en mi madre.
—No nos interrumpe señora—Dijo Mario. —Yo ya me iba.
—No se preocupen, yo me voy—Dijo mi mamá cerrando la puerta de nuevo, entonces Mario regresó su mirada fija con la mía, sabía cómo ponerme nerviosa en unos segundos.
—Eres una linda princesa ¿Lo sabías? —Dijo Mario, cosas como esas yo no sabía cómo contestarlas, era una completa estúpida, no podía creer que esto me estuviera pasando a mí
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Un dulce amor - 'Mario Bautista'
Fanfiction"¿Qué podría contarles de mí? En realidad soy la definición de timidez y torpeza; no podría explicar mis intentos fallidos por ser alguien mejor. Me he aceptado tal cual soy... seria muy seria, pero solamente cuando no me interesa de qué están habl...
