Ángel.
—Ya levántate James.
—¿Eres un ángel? —volvió a preguntar insistente.
Rodé los ojos al sentir el olor a alcohol salir de su boca. Aunque realmente no estoy tan segura de que sólo emane de ahí puesto que su camiseta está mojada con lo que parece ser una fuerte bebida blanca. Debe haberse derramado cuando rompió el vidrio.
De pronto recuerdo el sonido ensordecedor de la botella y comienzo a buscar desesperada alguna herida en James, este se queja molesto y me alivio al no encontrar nada en el.
No sé porqué me preocupa...
Sacudo mi cabeza antes de pararme y tirar del brazo de James, como es de esperarse mi fuerza es nula y los pocos centímetros que eleve de su cuerpo vuelven a acortarse haciendo que golpee fuertemente su espalda.
—¿Quieres matarme, Ángel? —se quejó adolorido.
Bufe ante la manera en la que me estaba llamando.
—James levántate —ordené ya harta de estar en la acera a la media noche.
Me encontraba descalza en la acera con el pequeño camisón y con un borracho al lado, ¿Cómo podría terminar esto bien?
James se removió en el duro cemento y nuevamente se quejó.
—Ángel déjame, todavía no es mi hora—habló arrastrando sus palabras, blanqueé los ojos ante lo tonto que puede llegar a ser ebrio.
—James por favor —rogué—, ayúdame a llevarte a tu cuarto, no puedo cargarte sola.
El abrió los ojos y me miró confuso para luego ladear sus labios en una mueca rara, como si quisiera reír pero su estado de ebriedad no lo permitiera.
—¡Me han mandado un ángel que quiere follarme! —gritó con diversión y notable ebriedad en su voz.
Sentí mi cara arder y tape de inmediato su boca para evitar que sus gritos despierten a los vecinos. El balbuceo debajo de mi mano algo que no logre entender.
James me ponía nerviosa hasta ebrio ¿Tan tonta me he vuelto?
Con todas mis fuerzas tomé sus hombros y tiré de ellos logrando sentarlo, suspire pesadamente y esta vez tome sus manos repitiendo la acción, entre quejidos James me ayudó a pararlo y lo recargué como pude en mi pequeño cuerpo.
Sin hacer ruido (o intentando no hacerlo) entramos en la casa, luego de cerrar la puerta con sumo cuidado y dejar a James recargado en el sofá volví a tomarlo y pase su brazo sobre mi hombro como si estuviera herido, en todo el trayecto de escaleras arriba sentí el aliento a alcohol de James chocando con mi mejilla, el estaba mirándome, y yo cual cobarde evite su mirada.
Deje a James frente a su habitación y le indique que entrará en silencio.
—¿Aquí me dejarás sólo, Ángel? —preguntó tambaleándose frente a la puerta de su cuarto.
El no pretendía que me haga cargo ¿Verdad?
—¡No soy un ángel! —susurre irritada haciendo un gesto con mis manos para que haga silencio.
La habitación de Elizabeth se encontraba sólo a metros y James hablaba lo suficientemente alto como para que ella pudiera escucharlo y despertarse, no quería que ella lo viera así.
Elizabeth se sentiría fatal de ver a su hijo en tal estado luego de haberse ido sin dar explicación alguna.
James tanteo la puerta buscando el pomo y luego de unos segundos de frustración sumamente eternos lo encontró, abrió la puerta aún sosteniéndose fuertemente de ella y se decidió a entrar.
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El color de la inocencia
RandomJames ni siquiera tenía pensado que volver a casa de su madre le traería consigo una responsabilidad semejante como vigilar a la tímida hija de sus vecinos. Ni tampoco que eso traería más complicaciones en su enredada cabeza. Jade tampoco imaginó qu...
