Me encantas.
Cuando Jade comenzó a provocarme quise detenerla pero ella no tenía intención de hacerme caso.
Estampó sus labios contra los míos y mi mente quedó en blanco ante su repentino cambió de actitud.
Después de la última vez que nos vimos, cuando salí corriendo como un tarado al verla caer dormida, pensé que no querría ni acercarse a mi por ser un completo imbécil con ella.
La niña no se merecía algo así, soy un completo y grandísimo estúpido, ella no tendría que estar mirándome de la forma en la que lo está haciendo en estos momentos.
Hace que todo lo que piendo se vaya a la mismisima mierda. Aceptando su beso, correpondiendole, queriéndome golpear por hacerlo.
Ahora ella está rodeandome con sus brazos, pasando sus manos por mi torso con necesidad, como si hubiese estado queriendo hacerlo hace demasiado tiempo.
—Creí que no me querías cerca —arrugue mi entrecejo, tomando algo de distancia.
Ella está volviendome loco, haciendo lo que quiere con mi mente.
—No es a-así...
Sus mejillas se volvieron rojas al admitir aquello. Solo bastaron esas tres palabras para agitar mi pecho violentamente.
Me acerqué a ella sin pensar en nada más y comencé a besar su cuello.
La niña hundió sus dedos en el cabello de mi nuca y me acerco a ella aún más, inclinando su cabeza para darme mejor acceso.
Cuando mi lengua tocó la piel de sus clavículas su piel se estremeció.
Baje un poco y pare en el inicio de sus pechos.
Ella jadeo y pude notar lo alterada que estaba poniéndola aquella situación, le estaba costando respirar.
—Tranquila.
Me esforcé porque mi voz sonara calmada pero a decir verdad yo estaba casi tan agitada y abombado como ella.
Jade asintió, con su labio inferior entre sus dientes. Note como intentaba calmar su respiración lentamente.
—¿Estas segura que quieres que esté cerca?
Subí mi rostro hacia el de ella esperando una respuesta. Jade dudó, pude notarlo en sus ojos por unos instantes, ella no estaba segura.
Amagó un pequeño asentimiento que detuve tomándola de la barbilla.
—No estás segura —afirme quizás un algo dolido lo cual si no estuviera lo suficientemente distraído me molestaría—. Tienes razón en no estarlo. No quiero hacer nada que tú no quieras.
Jade suspiró frustrada y eso causo que se me escapara una risita. Ella no era capaz de controlar lo que le estaba pasando.
—¿Te iras? —preguntó al ver cómo me alejaba de ella.
Asentí.
—Quiero pedirte algo antes —dice llamando por completo mi atención.
Su ojos me repasaron entero, desarmandome con la mirada que acaba de clavarme, quién sabe pensando que cosa.
¿Será que la niña pretende jugar conmigo?
—¿Qué cosa? —pregunto, la observo pasar sus manos por sus muslos, no sé si por nervios o por calentura— ¿Qué me pediras?
—Un... —sus labios dudan en decirlo y eso me divierte muchísimo.
—Un... ¿un beso?
Ella ríe, ni siquiera sé si era eso lo que iba a pedirme. Solo lo dije porque la conversación me recordó esa vez en que le pedí a la niña que me besara y porque además, es lo que yo deseo hacer. Jade no dijo nada más, solo se acercó peligrosamente a mi, de nuevo.
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El color de la inocencia
RandomJames ni siquiera tenía pensado que volver a casa de su madre le traería consigo una responsabilidad semejante como vigilar a la tímida hija de sus vecinos. Ni tampoco que eso traería más complicaciones en su enredada cabeza. Jade tampoco imaginó qu...
