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Seras recompensado.


—¿Lo has decidido James? —pregunta la señora Vega.

Ella se posó sobre el marco de la puerta principal y me miró por encima de sus anteojos.

Abrí la boca para decirle que si, que lo decidí, que no quiero saber nada con su hija, pero mi madre se me adelantó.

—Ya lo ha decidido Clara, el cuidará de Jade —contestó por mi.

Chasquee la lengua.

—¿Cuántos años dices que tiene tu hija?

La señora Vega sonrió cálidamente y no pude evitar examinarla.
Para ser una mujer mayor de cuarenta y tantos años, se ve bastante bien con su traje azul marino, su cabello castaño y sus ojos verdosos debajo las gafas.

—La niña tiene quince.

Alce una ceja confundido. —¿Quince años y contratan niñera?

Clara suspiro, quitó sus lentes y refregó sus ojos cansada.

—Edward y yo nos la pasamos viajando por trabajo, no tenemos tiempo para vigilar a la niña y tampoco podemos cancelar los viajes que nos surgen, tenemos clientes muy importantes —explico. 

—¿Y por qué yo y no una niñera normal? Ya sabes, de esas que son viejas, gordas y que se quedan dormidas fácilmente.

Ella rió ante mi comentario.

—Verás James, como te dije tenemos clientes que son de un estatus importante, no solo no podemos cancelar nuestras citas si no que también viajamos con poco tiempo de anticipación. Necesitamos alguien que este cerca y dispuesto para estar con ella cuando lo precisamos puesto que trabajamos en equipo y ninguno de los dos puede cuidarla —me informó—. Le ofrecí el trabajo a tu madre pero no puede abandonar el hospital.

Voltee a ver a mi madre quien me miraba casi suplicante.

—Bien, estaré listo para cuando lo necesites —acepté.

Mi madre posó una mano sobre la mía, agradecida. 

—¡Oh gracias James! —exclamó con felicidad—, serás recompensado, lo prometo.

Asentí con desgano.

—Ven, iré a presentarte a Jade —me indicó su casa, la cual quedaba junto a la mía.

Me pare del sofá de la sala y salí junto a ella.

¿Quién era Jade? Mi madre y Clara se conocen desde que tengo memoria pero nunca he conocido a la hija de los Vega.

—Jade es una niña un poco tímida no te causará problemas, hace sus quehaceres, sabe cocinar y es ordenada, lo único que tendrás que hacer es vigilarla —abrió la puerta de su casa y me indicó que pasara.

Como olvidar la enorme casa Vega.
De niño me paseaba como un condenado por cada rincón de la casa imaginando que tendría una así algún día, cualquiera de los demás hogares de la calle quedaría en vergüenza al lado de este. Es bellísima, sus paredes color crema, el piso de la sala forrado por un alfombrado rojo, los muebles de madera oscura y los sillones negros, estaba todo como cuando tenía doce años. Perfectamente decorado.

—¡Jade! —gritó la señora Vega desde la parte baja de las escaleras.

—¡Ya voy mamá! —contestó ella. Se escucharon unos pasos apresurarse— ¿Qué necesi...?

Se detuvo al verme, sus mejillas se tiñeron de rojo y sus ojos revolotearon por todo mi cuerpo.

Es imposible que esa niña tenga quince años...

Jade bajó los escalones de a pequeños saltitos sin quitar su mirada de mi. No pude evitar mirar sus senos, al mismo tiempo en el que saltaba sus dos tetas lo hacían con ella, llevaba una remera lisa de tirantes color rosa que se ajustaba a su abdomen y a su pequeña cintura, debajo tenía unos pantalones cortos de algodón color blanco que dejaba a la vista sus lisas piernas.

Joder, la niña parece un ángel.

—Jade, el es James —nos presentó—. Adelante niña, saludalo.

Jade asintió y se acercó a mi, su cara quedaba a la altura de mi pecho y el escote de su remera quedaba perfectamente a la vista desde mi visión, alcé la vista para no incomodarla y de pronto sentí sus manos en mis hombros, ella se paro en puntitas de pie para besar mi mejilla, su cuerpo choco con el mio levemente. 

Su suave roce causo muchísimo mas en mi de lo que hubiese querido.

—Jade, el cuidara de ti cuando tu padre y yo no podamos —Jade asintió, estaba parada junto a mi, sus mechones castaños caían en su cara y su mirada estaba fija en la de su madre.

—Te llevarás muy bien con James, con tu padre lo conocemos desde que es un pequeño diablillo —sonrió—. Es un buen chico.

Le sonreí. Claro que soy un buen chico.

—Ve y sigue con tus tareas Jade —señaló la escalera con su barbilla, la niña me miró nuevamente y se dio la vuelta para subir la escalera. Su pantalón de algodón se acorto con el movimiento de sus caderas al subir los escalones, dejando a la vista una pequeña parte de sus nalgas.

Carraspee corriendo la mirada, me he vuelto un cerdo.

—Creo que debo irme —dije cuando Jade salió de mi vista, la señora Vega no se dio cuenta de absolutamente nada.

Ella se dirigió a la puerta principal y la abrió. —Nuevamente, gracias por todo James —beso mi mejilla—. Ya sabes... te llamaré cuando lo necesite.

Asentí. —Nos vemos.

Me despedí y salí de la casa dirigiéndome nuevamente a la mía, como acto de reflejo miré por encima de mi hombro y mis ojos chocaron con la habitación de Jade que casualmente su balcón quedaba frente a mi ventana. 

Jade estaba sobre su cama boca abajo con su peso recargado en sus codos, estaba haciendo su tarea, quede estático mirándola, ella se removió un poco y su vista se fijó en mi, a pesar de la distancia que nos separaba note sus mejillas tintarse de rosa. 

Sonreí al notarlo y entre a mi casa.

El color de la inocenciaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora