13. Confianza

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"El amanecer es siempre una esperanza para los hombres."

"Diecisiete"

Capítulo XIII:  Confianza

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Ruby despertó. Estaba bocabajo como de costumbre. Se irguió y no le vio a su lado.

—¿Diecisiete? —graznó, con voz soñolienta.

Se puso un jersey abotonado que alcanzó de la esquina de la cama y se frotó los brazos. Desde hacía rato había sentido frío. Seguro que desde que él abandonó el lecho.

Cerró los ojos y se recostó en el cabecero de la cama.

Sucedió tan deprisa... Sin pensarlo, sin que estuviera planificado en absoluto.

Ruby jamás había experimentado el sexo de aquel modo tan repentino... Y con Diecisiete había sido fabuloso, a pesar de la nula experiencia de él.

Incluso podría decir que esa falta de experiencia lo había hecho aún mejor.

Diecisiete poseía una sensualidad innata que contrastaba con su carácter de tipo duro y sarcástico de forma explosiva. Esa combinación había arrastrado a Ruby entregarse por completo a su instinto más básico.

En medio de su ensoñación inevitable se apresuró a arreglarse y recoger la ropa de la noche anterior, regada por doquier. Sus braguitas pendían al borde de la mesita de noche. Se sonrojó al recordar la sonrisa maléfica de Diecisiete al descubrirlas. Eran de encaje negro.

Cualquier recuerdo de esa noche con él que la asaltó fugazmente durante su rutina matinal le arrancó un suspiro incontrolable. Se sentía como flotando.

Preparó su desayuno y comió observando el paisaje a través de la ventana de la sala. Mientras terminaba su tostada miró el walkie, apagado, sobre la estantería.

Sentía unas ganas tremendas de llamarle, aunque sólo fuera para oír su voz... Pero nah.

¿O sí...?

Engulló el último bocado y caminó hasta el aparato. Lo agarró y activó la clavija. La rosca en el canal 2... Pero cuando estuvo a punto de pulsar el botón, miró el reloj de sobremesa.

¡Sólo eran las 8 de la mañana! ¿Qué se suponía que iba a decirle? ¿Darle los buenos días?

Ruby dejó el walkie donde estaba y suspiró.

¡Oh sí! Lo habría hecho. Era algo tremendamente romántico pero dudaba que la capacidad de romanticismo de Diecisiete alcanzara para entender eso.

De modo que decidió continuar con su trabajo para despejarse. Quizá más tarde se le ocurriría alguna excusa para contactarle.

Puso música, se preparó un café y encendió la estufa de leña. El día era nublado, frío, perfecto para terminar de redactar informes.

...

Diecisiete hizo su entrada en la oficina de los Rangers media hora después de haber sido llamado. Caminaba a paso tranquilo mientras masticaba una ramita.

El Jefe tenía un trabajo especial para él.

—Este es Nico, trabaja para la revista Wild Nature. Necesita un guía hasta el punto despejado más alto del parque para hacer unas fotos. Diecisiete, le dejo en tus manos.

Diecisiete (Dragon Ball Z/Z-Awards 2017 - Terminada)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora