49. Mentes en conexión

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"El amanecer es siempre una esperanza para los hombres."

"Diecisiete"

Capítulo XLIX: Mentes en conexión

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El repiqueteo de la lluvia en los cristales de las ventanas era incesante. No había parado de llover desde primera hora de la mañana.

Ruby trabajaba en la clínica. Revisaba la temperatura y humedad de la incubadora y tomaba notas. En el escáner por infrarrojos podían apreciarse los leves movimientos de los polluelos, dentro de los cuatro huevos de águila. Todo parecía indicar que crecían adecuadamente.

Al terminar de utilizar la pantalla térmica, reparó en el escáner de documentos.

Dio una rápida ojeada a la puerta del laboratorio, en el que estaba trabajando Adler en aquel momento, y sacó de su mochila un sobre con cuatro fotos cuadradas. Las miró, sonriendo.

La noche anterior, después de acostar a los niños, Diecisiete y ella habían estado hablando y mirando durante un buen rato aquellas fotos, y él insistía en que aquel bebé se parecía más a Cell que a él mismo.

Ruby no tenía claro si Diecisiete se daba cuenta o no de lo ocurrente que era incluso en momentos como aquel. Era especialista en matizar el exceso de ternura.

Ella aún no podía creer que estuviera embarazada de nueve semanas. Por lo visto, el sangrado que tuvo el mes anterior no fue un periodo leve, tal como ella había pensado. El doctor le dijo que probablemente había sido un sangrado de implantación. Ella no había escuchado eso en su vida.

Inició el escáner de documentos y colocó una imagen de la ecografía en el cristal, la más nítida. Tras escanearla la envió a su propio teléfono.

Y, tras comprobar que la había recibido correctamente, la extrajo del aparato y la miró de nuevo, fascinada.

—Oye Ru, he estado pensando en pedir otro generador al Departamento. La incubadora está funcionando las veinticuatro horas, y si se acaba el combustible... ¿Qué haces?

Ruby había dado un salto tremendo al escuchar repentinamente la voz de Adler en la misma estancia que ella y guardaba las fotos en el sobre a la velocidad de la luz.

—Nada... —musitó ella, metiendo el sobre en la mochila. Se giró y le miró inocentemente.

Adler la observaba de forma inquisitiva.

—Estás escondiendo algo ahí dentro —aseguró. Señaló la mochila y se cruzó de brazos.

—¿Escondiendo? No... —se apresuró a negar ella. Agitó una mano como para quitarle importancia a las palabras de Adler y él entornó los ojos.

—Ruby...

Ella se mordió el labio. Tenía que haberlo previsto, las silenciosas apariciones de Adler eran muy comunes. Cuando trabajaba en el laboratorio Adler llevaba los pies cubiertos con patucos de tela que actuaban como las almohadillas de un gato y le hacían indetectable.

La había atrapado de lleno, no valía la pena negarlo...

—De acuerdo, sí —admitió Ruby—. Pero es personal. ¡No seas chismoso, Adler! —añadió, frunciendo el ceño. Se colgó la mochila del hombro, pescó su impermeable del colgador y caminó hacia la puerta—. Voy a buscar a mis niños a la escuela, ¡nos vemos mañana!

Adler la miró, de brazos cruzados. ¿Chismoso? Era ella quien utilizaba el material del centro de recuperación para fines particulares.

Terminó encogiéndose de hombros y viéndola abandonar la sala, en dirección al exterior.

Diecisiete (Dragon Ball Z/Z-Awards 2017 - Terminada)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora