55. Bendecido

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"El amanecer es siempre una esperanza para los hombres."

"Diecisiete"

Capítulo LV: Bendecido

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Eran las tres de la madrugada. Paseaba salón arriba y abajo con andares cansados y arrastrando los pies. La camiseta negra de Diecisiete que llevaba puesta no disimulaba su abultado vientre, pero le permitía moverse con algo más de holgura y, además, no soportaba el roce de la ropa en la piel.

Habían pasado casi doce horas desde que notó la primera contracción fuera de lo normal. Y la sucesión fue cada vez más frecuente y dolorosa a medida que pasó el tiempo, impidiéndole comer o descansar. No podía estar sentada, no soportaba el dolor lumbar y dorsal, obviamente no podía dormir con aquellas molestias y comer se le hacía imposible.

Era una auténtica tortura. Y su comportamiento comenzaba asemejarse al de una fiera enjaulada.

Desde que Diecisiete salió de la casa ni siquiera había sido capaz de tener pensamientos lógicos. Tan sólo pensaba en respirar y en las siguientes contracciones. Y cuando sucedían, su nivel de sensibilidad era tal que notaba hasta el más ligero roce. De ahí que hubiera optado por la ropa de él en lugar de la propia.

Notó la presión creciendo en sus riñones y, aunque ya no tenía que disimular el dolor que sentía porque los niños estaban en sus camas durmiendo, se inclinó hacia delante y se apoyó en el respaldo de una silla, enterrando la cara en las manos. Los ojos fuertemente cerrados y los dientes apretados para no emitir ni un ruido.

No quería despertarlos, prefería que no se enteraran de que se había puesto de parto, bastante difícil había sido ya para ella demostrar serenidad ante ellos y disimular los dolores. No quería asustarlos.

«Respira, respira... Uno, dos... Uno, dos, tres...»

Diecisiete regresó a casa acompañado de Piper. La Ranger bostezaba. Había respondido a la llamada de Diecisiete en plena madrugada y había accedido a quedarse cuidando de los niños mientras Ruby estaba de parto. Era una chica dulce y responsable pero a Ruby no le daba para agradecerle el gesto. Ni siquiera le daba para mirarla.

La zoóloga estaba de pie, inclinada sobre el respaldo del sofá, los ojos cerrados, respirando profundamente por la nariz y exhalando por la boca. Tristan a su lado mirándola y lloriqueando levemente.

El mal rato terminó y Ruby se enderezó. Tenía ojeras y el rostro contraído en una mueca de sufrimiento y cansancio.

—¿Ya pasó? —preguntó Diecisiete.

Ella asintió.

—Son cada 10 minutos.

—Nos vamos —dijo él, con voz autoritaria—. "Pimienta", te quedas al mando.

—Gracias por hacerte cargo, Piper —dijo Ruby, al fin, sonriendo lo mejor que podía, pero en aquel momento su cara parecía petrificada por el dolor—. No suelen despertarse antes de las nueve y no te darán problemas —dijo Ruby.

—¡Tranquila! He lidiado con cinco hermanos, puedo con tus hijos —confesó Piper, alzando el puño en señal de confianza.

—Puedes dormir en la cama, si quieres. Tiene sábanas limpias, he pasado los dos últimos días limpiando todo a fondo, no sé porqué... —musitó Ruby, pensativa.

—En el sofá estaré bien... ¡Eh, un momento! —dijo en un tono un poco más alto al verles abrir la puerta—. ¿Cómo se va a llamar el bebé?

Diecisiete (Dragon Ball Z/Z-Awards 2017 - Terminada)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora