26. El androide perfecto

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"El amanecer es siempre una esperanza para los hombres."

"Diecisiete"

Capítulo XXVI: El androide perfecto 

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En aquel recóndito lugar del norte del mundo, era imposible distinguir el cielo de la tierra. ambos compartían el mismo tono de blanco, con vetas de intenso azul en algunas zonas como único indicativo de la existencia de hielo y que, por lo tanto, se trataba del suelo.

La ventisca azotaba su cuerpo incesantemente, cuando extendió una mano delante de él y disparó un potente rayo de energía sobre un bloque de hielo. La enorme roca congelada pareció desprenderse de su base a cámara lenta. Sin esperar a que se hiciera añicos contra el suelo, descargó otro más, aún más potente. Y el bloque de hielo se desintegró.

El viento formó un remolino con las partículas heladas resultantes de las explosiones y envolvió a Diecisiete. Las temperaturas eran extremadamente gélidas, pero a él no parecía molestarle. Ni siquiera cuando los copos de nieve formaron cristales de hielo en sus pestañas oscuras.

Continuó bombardeando aquel enorme glaciar. Su energía era de color azul pálido y brillante, un tono muy parecido al del hielo que destruía. Sus largos cabellos se arremolinaban, salvajes, con cada disparo, y sus ojos resplandecían con los matices del mismo hielo perpetuo que destrozaba.

Hacía demasiado tiempo que no notaba esa sensación. El hormigueo en sus manos justo antes de soltar una descarga de energía, el calor posterior, la onda expansiva que agitaba su maltrecha ropa y su pelo... Todo había quedado muy cerca del olvido y ahora era como si Diecisiete despertara de un profundo sueño. Era el despertar a su realidad, a la esencia de sí mismo.

El sonido de la destrucción. El eterno paisaje que desaparecía bajo el efecto de su poder. La belleza solemne de la devastación.

El mundo en sus manos.

El placer intenso de saberse juez y verdugo de aquel recóndito lugar del mundo (y de todos, en realidad), un placer al que le faltaba, únicamente, la parte de llevarse algunas vidas por delante.

"Eso tendrá solución dentro de muy poco", pensaba Diecisiete, mientras esbozaba una amplia sonrisa y seguían sucediéndose las ráfagas de energía, cada vez más destructivas.

El androide concentró su poder en sus dos manos y las elevó al cielo antes de descargar un potentísimo ataque que destruyó una montaña entera.

Diecisiete hizo un gesto de negación, decepcionado. Si la zona hubiera sido la sede de algún tipo de laboratorio clandestino, alguien habría salido a detenerle antes de soltar semejante traca final.

—No... —suspiró—. Aquí tampoco estás... ¿Dónde diablos te escondes?

Emprendió el vuelo para desplazarse hacia el siguiente punto que había marcado en su mapa. Y ya era sexto por el que pasaba.

***

A centenares de kilómetros de allí pero también en la zona más septentrional del globo terráqueo, Krilin luchaba contra sí mismo. Sentía un importante conflicto interno por verse obligado a destruir de aquel modo. Destruir porque sí... Él no estaba hecho para eso. Ni siquiera con una buena causa de por medio veía el valiente guerrero alguna ventaja.

Se habían repartido entre los tres las zonas que podían albergar el laboratorio de Spark, que Briefs les había marcado en un mapa. Y Krilin era consciente de que su esposa y su cuñado no debían estar teniendo problemas para efectuar aquella búsqueda tan destructiva.

Diecisiete (Dragon Ball Z/Z-Awards 2017 - Terminada)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora