50. Una visita sorpresa

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"El amanecer es siempre una esperanza para los hombres."

"Diecisiete"

Capítulo L: Una visita sorpresa

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Como Alec solía tener problemas para mantener secretos cuando se emocionaba demasiado, y Ruby no quería que la noticia llegara al Decovisa antes de hora, había decidido comunicar su embarazo simultáneamente tanto a sus dos amigos como a sus jefes del Departamento de Conservación. Y lo había hecho justo el día anterior.

Aquel día los tres trabajaban en el Centro de Recuperación. Alec procesaba unas muestras de agua, un procedimiento rutinario con el que controlaban la calidad de los acuíferos, Ruby pasaba algunas notas a su laptop y Adler alimentaba a los polluelos de águila dorada, que habían nacido hacía cuatro días, los protagonistas del proyecto de reintroducción a la vida salvaje.

—¡Aún no puedo creerlo! —exclamó Alec, desde la mesa en la que trabajaba..

Alec aún no asimilaba la noticia y se dejaba llevar por la emoción de vez en cuando.

Y Ruby reía divertida con sus reacciones espontáneas.

El veterinario estaba de espaldas y vestía su bata médica de manga corta. Llevaba una mascarilla que cubría su boca y el cabello largo recogido en un moño. Con la nuca despejada se veía claramente el tatuaje de su espalda que subía por el cuello, sin seguir un patrón definido, parecido a un tribal sin simetrías y con relieves en la piel.

—Tú aún no te lo crees y yo ya lo sospechaba desde hace semanas —murmuraba el médico.

—¿Cómo podías saberlo? —preguntó Ruby, intrigada.

Era incomprensible. Esa vez, Ruby había sido discreta, y los síntomas habían ayudado. No habían sido tan fuertes como en el anterior embarazo.

En la semana diez desaparecieron las migrañas y no había sentido náuseas hasta entonces.

—Fácil: dejaste de tomar café de golpe. ¡Tú, que no puedes vivir sin café! —argumentó Adler, exagerando la respuesta. Ruby levantó una ceja, ese era un buen punto—. Tus bocadillos y tus snacks pasaron a ser fruta fresca y jugos naturales. Duermes siestas por los rincones... ¿Sigo? —preguntó, volteando a medias para mirar a Ruby.

—No hace falta... —musitó ella.

Alec se cruzó de brazos en aquel instante y arrojó una mirada acusadora a la zoóloga.

—¿Por qué has tardado tanto en decírnoslo?

—Lo siento. Pero quería ser cauta, el riesgo de aborto espontáneo es más alto en el primer trimestre así que decidí no decir nada, por si acaso, hasta esta semana, la número trece...

—¡Qué boba eres Ruby! —dijo Alec, abrazándola—. ¡Vamos a ser tíos! —exclamó, eufórico. Y señaló a Adler y luego a sí mismo.

El veterinario pescó el gesto por el rabillo del ojo y gruñó.

—Yo no voy a ser tío de nadie. Y tú... Dí más bien que vas a ser TÍA.

—¡Oh, sí! —replicó Alec, feliz, provocando una carcajada de Ruby—. Nena, ¿qué tal se lo tomó tu chico rebelde? —añadió. Ante esa pregunta Ruby sonrió ampliamente y alzó los pulgares—. Deduzco por ese gesto que no le tengo que dar una paliza.

—No Alec, no es necesario —rió la chica.

—Oye, Ru, ¿tienes en cuenta que no puedes implicarte en las tareas del Centro de Recuperación como antes? —inquirió Adler. Los polluelos seguían piando como locos.

Diecisiete (Dragon Ball Z/Z-Awards 2017 - Terminada)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora