"El amanecer es siempre una esperanza para los hombres."
"Diecisiete"
Capítulo XXX: Marron
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A través de la mira telescópica, el animal se veía nervioso, inquieto. Miraba a su alrededor como si hubiera olido el peligro, como si supiera que algo le acechaba, escondido en algún lugar entre la espesa vegetación, húmeda aún por la lluvia de la noche anterior.
Gruñó cuando intentó alzarse sobre su patas traseras para investigar el aire, sentía demasiado dolor como para hacerlo, y la punzada le hizo sentir más vulnerable y aún le puso más nervioso.
Junto al tirador había tres figuras embutidas en anoraks, agazapadas y aguardando en completo silencio a que él ejecutara su delicada tarea.
Con el blanco fijado ya y pulso firme, el francotirador exhaló suavemente a través de sus labios entreabiertos y apretó el gatillo.
Fue un disparo muy certero, como siempre. Dio en el blanco perfecto: el cuello del animal. En pocos segundos estaría en el suelo.
Una de las figuras se levantó, dispuesta a acercarse, pero él la sujetó por la muñeca.
—Aún no.
Los ojos color chocolate de la persona oculta bajo la capucha le miraron impacientes, pero obedeció.
Veinte segundos pasaron hasta que los gruñidos amenazadores se transformaron en ronquidos suaves y rítmicos.
—Ya —dijo Diecisiete. Y soltó su muñeca.
Instantáneamente, los tres miembros del Departamento de Conservación se abrieron paso entre los matorrales hasta llegar al cuerpo sedado de "Jackie". Alec desplegó una tela impermeable junto al gran oso, sobre la cual procedió a colocar la maleta con el instrumental quirúrgico.
—Espero que tengamos tiempo suficiente para hacerle las curas, no pensaba que iba a tardar tanto en dormirse —murmuró Adler, el veterinario. Rasuró el pelo, sucio de barro, de la pata trasera de "Jackie", y reveló una herida con muy mal aspecto—. Uff... —resopló, al ver a lo que se enfrentaban. Decididamente, no iba a tener tiempo—. Debería haberle puesto tres mililitros más a ese dardo...
—No te preocupes —dijo Ruby, cuyo hablar apenas se entendía a través de la gruesa bufanda que llevaba enroscada en el cuello—. Tengo preparada la jeringuilla, por si se despierta. Y además, Diecisiete está aquí, si por lo que sea no puedo pincharle, él se hará cargo.
Adler sonrió, entendiendo el significado de sus palabras: un puñetazo de Diecisiete en el cráneo del oso sería suficiente para dormirlo durante un día.
—Quizá debimos empezar por ahí —musitó el veterinario.
Diecisiete entornó los ojos y le miró de soslayo.
Ignorando su reacción, Adler y Ruby realizaron una valoración rápida de la herida y del tratamiento, antes de recurrir a las herramientas necesaria.
"Jackie" había caído en un cepo para osos y se había liberado estirando, lo que le había provocado un gran desgarro en la pata. Eso sucedió dos días atrás y, desde entonces, no había dejado de llover, con lo cual la herida se había ensuciado y el dolor que el pobre animal sentía le impedía moverse para buscar comida.
Y, efectivamente, la herida requería de soluciones drásticas: Adler tenía que amputarle tres dedos.
Mientras observaba al veterinario trabajar sin demora, Ruby no podía evitar preocuparse. Una amputación sin seguimiento ambulatorio corría el riesgo de acabar infectada o gangrenada.
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Diecisiete (Dragon Ball Z/Z-Awards 2017 - Terminada)
FanfictionDiecisiete despierta solo y en un lugar desconocido justo cuando le reviven las Dragon Balls. Deberá aprender a vivir creyéndose desposeído de cualquier rastro de humanidad y desconociendo que la vida que le aguarda es más grandiosa de lo que cree h...
