56. El privilegio de sentirse vivos

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"El amanecer es siempre una esperanza para los hombres."

"Diecisiete"

Capítulo LVI: El privilegio de sentirse vivos

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Sobrevolaba la carretera número 58, cuyo fin era el inicio de las pistas forestales que se internaban en el Royal Nature Park. Hasta ahí sabía llegar, pero desconocía la ubicación exacta de la casa del cortafuegos, o el "barracón", tal como su hermano solía llamarla.

Dieciocho había decidido esa mañana que no tenía nada mejor que hacer que visitar a su hermano mellizo y al hijo de éste. Desde que les visitó en el hospital, junto a Krilin, a los dos días de nacer, la androide no les había vuelto a ver. Y el descastado de su hermano ni siquiera era capaz de enviarle fotos. Todo lo que sabía acerca del pequeño era porque Ruby la mantenía informada.

Volaba en piloto automático, sumida en sus pensamientos, mientras la pequeña Marron observaba todo, extasiada. Era una gran suerte que a la pequeña le gustara volar y careciera de vértigo. Para Dieciocho era más fácil y rápido desplazarse así. A diferencia de su hermano, que siempre viajaba en coche, ella se decantaba por la practicidad. ¿Qué sentido tenía usar un vehículo si podían volar?

Aterrizó en la explanada en la que moría la carretera de asfalto, donde un edificio de madera y tejado a dos aguas se alzaba, con aspecto atemporal.

—"Oficina Central de los Rangers", ¡lo hemos encontrado a la primera! —exclamó, la rubia, triunfante—. Ahora sólo queda dar con tu tío...

—Tiiiooo... —balbuceó Marron, feliz. Esa palabra la entendía a la perfección.

Dieciocho ascendió las escaleras del porche al que se abría la oficina y entró.

El lugar estaba casi vacío. Había un hombre agachado manipulando el cableado de un aparato de radiofrecuencia, otro de espaldas a la puerta de la oficina preparando café y otro más escribiendo en una de las mesas, al otro lado de un mostrador de madera, viejo y rayado. La androide se paró frente a él y soltó a Marron en el suelo.

—Hola —dijo Dieciocho, dirigiéndose al hombre de la mesa. Este levantó la vista de sus papeles y la observó con expresión apática—. Estoy buscando a mi hermano.

Una cabeza rubia se asomó tras una de las estanterías y emitió un silbido melódico al reparar en la androide.

—Flynn, creo que he muerto y he subido al cielo —musitó.

Dieciocho alzó una ceja y Flynn chasqueó la lengua. Se levantó de su mesa y se acercó al mostrador.

—Veamos, ¿quién es su hermano, señorita?

—Diecisiete.

Hasta el menos interesado en la conversación aguzó los oídos y abandonó su tarea para mirar a Dieciocho, que se convirtió, de repente, en objeto de curiosidad extrema.

—Ese niñato nunca dijo que tuviera familia... —masculló Flynn—. En fin. Mucho gusto, señorita.

El Jefe se acercó a Dieciocho, café en mano y cigarrillo en los labios, y estrechó cordialmente su mano. Y mientras lo hacía tuvo la sensación de hallarse ante la versión femenina de Diecisiete.

—Sí... Es usted su hermana... Ya lo creo —farfulló, sacudiendo la mano tras el apretón de la androide.

—Lo siento... —dijo ella.

Diecisiete (Dragon Ball Z/Z-Awards 2017 - Terminada)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora