48. Ilusión

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"El amanecer es siempre una esperanza para los hombres."

"Diecisiete"

Capítulo XLVIII: Ilusión

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La cabeza le daba vueltas.

No sabía si los disgustos eran capaces de inhibir el efecto de los analgésicos pero, por lo visto, algo debían hacer, porque el último calmante que tomó el día anterior no tuvo el efecto esperado y había pasado una noche de perros.

Se incorporó de la cama sintiendo un latido fortísimo en la frente y las sienes. Era como si su cabeza estuviera siendo aprisionada con una prensa. Parecía que le iba a explotar en cualquier momento.

Era como la peor resaca de su vida.

—Mmnh... —gimió, lastimeramente. Apenas podía mantener los ojos abiertos.

Se cambió el pijama por una camiseta sencilla y unos pantalones de algodón. Salió de la habitación, restregándose la cara con claro gesto de agonía y, con el cabello enmarañado y bostezando sonoramente, atravesó el salón como una autómata hasta llegar a la cocina.

Antes de tomarse otra pastilla necesitaba comer algo.

Pese a haber tenido tiempo suficiente para pensar en la discusión con Diecisiete, sentía que no estaba preparada para enfrentarle aún. No tenía ganas ni de verle. La decepción que se había llevado era demasiado grande.

Suspiró, colocó una rebanada de pan en la tostadora y esperó, con los ojos cerrados. Esa mañana el olor a pan tostado no le abría el apetito.

Diez horas después de la discusión que tuvo con él, la única palabra que seguía viniéndole a la mente para definir a Diecisiete, tras su reacción y su desplante, era "IDIOTA". Aunque a esas alturas y después de no haber dormido por su culpa, podría adornarla con un gran surtido de adjetivos.

Le dio la vuelta a la tostada y desplazó su peso de una pierna a la otra. Y cuando se alisaba el cabello, peinándolo con los dedos con gesto ausente, un ruido en la entrada de la cocina casi le provocó un paro cardíaco.

Volteó hacia la puerta y le vio recostado en el marco, arrojándole una mirada tenebrosa. Junto a él Tristan, respirando con la lengua fuera como si viniera de una carrera.

—Joder, Diecisiete... Podrías dejar de asustarme así...

—En mi casa caminaré y me moveré como me dé la gana, y si no quiero hacer ruido, no lo haré —dijo. Y su tono fue casi el de un niño enfurruñado.

—Pues otras veces caminas como si fueras a romper el suelo —replicó ella.

—Ya te lo he dicho: como me dé la gana.

Ruby rodó los ojos y desconectó la tostadora. Puso el pan en un plato y lo acompañó de mermelada. Luego apartó a Diecisiete de su camino y salió de la cocina. Él la siguió con la mirada entornada. No había que ser muy listo para ver que esa mañana acabaría igual que la noche anterior.

Pero él no había vuelto antes de lo acostumbrado de la patrulla matinal para iniciar otra pelea.

—¿Por qué te encerraste anoche? —espetó. Valía más ir directo al grano.

Ella compuso una mueca irónica.

—Con lo inteligente que eres podrías sacar tus propias conclusiones —replicó. Y dio un bocado enorme a su tostada.

Diecisiete (Dragon Ball Z/Z-Awards 2017 - Terminada)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora