33. Una carretera de dos sentidos

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"El amanecer es siempre una esperanza para los hombres."

"Diecisiete"

Capítulo XXXIII: Una carretera de dos sentidos 

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Surcaba el cielo a toda velocidad de vuelta a casa, enfrascado en idear el modo de sacar el tema en cuanto llegara y confesarle a Ruby su decisión. Pero a pesar de sus predisposición tan positiva y de la excitación de haber llegado por sí mismo a una conclusión tan decisiva para su futuro, Diecisiete sabía que le iba a costar iniciar una conversación.

Desde que Ruby dejara en sus manos el tema de los niños, las últimas veces que habían hablado, tanto en persona como por radio, él se había mostrado hosco y distante con ella. Era su forma habitual de proceder ante las situaciones de pareja imprevistas, una especie de mecanismo de defensa. Una pared de cemento que levantaba a su alrededor. Pero Ruby, por su parte, jamás parecía guardar rencores u ofensas.

Si lo pensaba con detenimiento, era bastante injusto para ella. Normalmente la reacción natural de Diecisiete era eludir las discusiones con Ruby. No le gustaba ser agobiado, a pesar de que Ruby nunca le forzaba a hablar o a opinar si a él no le apetecía.

Siempre que chocaban en argumentos, Ruby esperaba pacientemente a que Diecisiete recompusiera su mente a su ritmo, sin prisas ni reproches.

Y respecto al tema actual, ella, tan atenta como habitualmente, estaba aguardando a que él aclarara sus ideas.

Ruby jamás invadía su espacio, y él no recordaba haber hecho nada para merecer un trato tan gentil.

Anochecía cuando sobrevolaba ya el territorio del Parque, pasando junto a la cadena montañosa más alta de la reserva. Y, al superar las montañas, vio el cielo que se ocultaba detrás cubierto de espesas nubes con intrincadas formas, mientras por el Este el color del manto se tornaba más y más oscuro. Se acercaba otra tormenta y aquella era de las que solían durar días.

Más trabajo de "caza" para Diecisiete.

Aterrizó de forma grácil y firme en la explanada frente a su casa y comprobó que el coche de Ruby aún no estaba en el lugar en el que solía estacionarlo. La chica se estaba excediendo con el trabajo últimamente.

Diecisiete había regresado de casa de Dieciocho muy motivado. Y su mente trabajaba a todo trapo. Incluso estaba cavilando que la ocasión ameritaba un poco de romanticismo, aunque sólo fuera como disculpa ante Ruby.

Lo que debía decirle era demasiado importante como para dejar que pasara de aquella tarde, de modo que, si hacía falta, iría a buscarla, se la colgaría del hombro y la llevaría de vuelta a casa, a la fuerza. Sí, eso era bastante romántico según su criterio. Al menos las veces que Diecisiete había tomado medidas similares, a Ruby no parecía haberle molestado.

Caminó decidido hacia la casa, buscando el juego de llaves en el bolsillo de su abrigo. Subió los tres escalones del porche pisando bien fuerte y, al pararse ante la puerta, escuchó un aullido del otro lado que le hizo alzar las cejas. Seguidamente el inconfundible sonido de unas zarpas rascando la superficie de suave madera del interior.

—¡Estate quieto! ¡Vas a cargarte la puerta! —vociferó Diecisiete. No eran pocas las veces que se había arrepentido de haber recogido a Tristan. Aunque, esos momentos de remordimiento solían durar muy poco.

En cuanto se abrió un pequeño resquicio, Tristan hizo el resto, escurriéndose increíblemente a través de él y saltándole encima a Diecisiete. El androide bloqueó con firmeza las fiestas del lobo y entró en la casa.

Diecisiete (Dragon Ball Z/Z-Awards 2017 - Terminada)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora