Donde menos lo pensé 3

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Kikyo caminaba por el pueblo, siguiendo de cerca a la cocinera del lugar donde comenzó a trabajar ésa mañana. Cargaba algunas verduras mirando a las personas ir de aquí para allá. Divisó a un joven conversando con unas damas muy joviales. Frunció el ceño. Ella nunca se quejaba de su vida pero... aveces, habían días en los que deseaba poder ser como aquellas jóvenes despreocupadas. Siempre arregladas, sin tierra en sus ropas o en la cara, con sus cabellos peinados de manera impecable, esos vestidos, Dios, esos vestidos hermosos. No podía negar que como mujer joven y ser humano, las cosas bonitas le gustaban pero... prefería ignorarlo, ¿Para qué desear lo que no tendrás jamás? Apretó las verduras contra su pecho. Miró de nuevo a las jóvenes, reían coquetas. Ella jamás podría ser así. Y se supone que los pobres son los impropios. Apartó la mirada muy tarde, tropezó y cayó al suelo, el golpe hizo a su cabello soltarse del moño improvisado, la cascada oscura le cubrió el rostro.

La anciana le reprendía por su torpeza, Kikyo intentaba recoger todo desesperada mientras también trataba de frenar su lengua y contestarle a aquella anciana amargada, seguro porque el marido la engañaba cada que podía, ¡¿Qué culpa tenía ella?!. Faltaban las patatas, antes de poder llegar para recogerla alguien se le adelantó. La joven alzó la vista, esas botas parecían muy caras y quizo ver a quién pertenecían. Sonreía como un sol... no pudo identificar si aquella sonrisa era de burla o no, sostenía las papas en sus manos. Alto, ojos ámbar y cabello muy raro, albino.

Cuando se fijó bien se encontró con que aquella risa era efectivamente de burla. Por primera vez en su vida sintió infinita molestia, se puso de pie ceñuda. El idiota de ojos ámbar y cabellos plata le entrega las patatas a la vieja amargada, ella se derretía en halagos para el noble quien asiente y se marcha.

-Todo un caballero- menciona la anciana mientras siguen su camino ahora más jovial.

Kikyo guardó silencio, sí, era todo un noble caballero, de esos idiotas que se sienten superiores a los demás y gustan de fastidiar con sus ridículos encantos obviamente ensayados. ¡Plaga!

Inuyasha observó por el reflejo en una vidriera a la muchacha irse, la típica campesina andrajosa pero... esos ojos castaños parecían ocultar brazas ardiendo. Sonrió socarrón y entró en la tienda.

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Toda la tarde Sesshomaru inspeccionó la propiedad, conversó con las familias en ella. Se dio por enterado de los atropellos, al principio estaban impactados de tenerlo allí frente a ellos como si fuera una deidad, le pareció ridículo el que lo trataran así. Poco a poco los campesinos fueron relatando las veces en que Byakuya abusó de su puesto. Visitó al clérigo Mioga, él contó sobre la familia Higurashi y le dio la dirección de su paradero. Iría a la pensión donde vivían para hablar con ellos y resolver el inconveniente.

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Kagome terminaba de tender las ropas que su madre lavó cuando la señora de la pensión le pidió que subiera unos cubos de agua al tercer piso, así lo hizo, estando arriba, el viejo Jaken, un señor uraño y mal humorado le pidió que tirara un tarro que contenía un líquido desagradable, el viejo dijo que era la asquerosa sopa que la señora de la pensión le preparaba.

-¡Por éso pago!- refunfuñó -Para que intenten envenenarme con eso

La joven se dirigió a la ventana y lanzó el líquido totalmente despreocupada. Se limpió las manos con su delantal y prometió a Jaken traerle algo mejor para el almuerzo. Bajó las escaleras rápido, todavía debía ayudar con los pollos, a la vieja jefa no le gustaba descuartizarlos y llenarse de sangre. Kagome debía hacerlo. Iba por la entrada para dirigirse a la cocina cuando vio a un hombre penetrando el lugar con un caminar casi felino y un líquido grasoso y asqueroso correrle por la cabeza y mojando las solapas de su fino traje.

Abrió los ojos impactada, era el bruto, digo, el noble de la mañana. ¡¿Qué hacía allí?! Era tan extraño, un sujeto de alta sociedad entrando en la pensión.

Corrió a la cocina para que no le viera, aún le daba vergüenza el incidente,  ¡La había confundido con un hombre!. No entendía por qué le avergonzaba que el le haya censurado con esos divinos ojos y le hablara como a un igual, nunca se sintió tan abochornada por ser confundida con un hombre, antes le agradaba. Se concentró en sacar los órganos del pollo ya desplumado, se le escapó una risa malévola al recordar al caballero, quién diría que le caería la sopa en la cabeza. Su rostro era de fábula, daría hasta lo que no tenía por haber visto su expresión en el justo instante en que le cayó aquello encima. Volvió a reír mientras sus manos sacan los intestinos.

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Naomi se restregaba las manos nerviosa en su andrajoso vestido, jamás pensó tener a un caballero en su presencia y mucho menos un futuro duque, peor aún, limpiandose la cabeza con el único trapo más decente en su humilde cuarto. El abuelo guardaba silencio en la esquina sentado en una de las dos únicas sillas frente a la casi podrida mesa.

-Gracias señora- agradece Sesshomaru, aunque se limpió, seguía oliendo a rancio y otras cosas asquerosas. Dejó el trapo en la otra silla catreca.

-¿A que debemos el enorme honor de su presencia su excelencia?- pregunta nerviosa.

-Vine por lo sucedido a su familia- dice conteniendo las ganas de irse de allí, los distintos olores le estaban destrozando la nariz, la miseria de aquel lugar a la vista era repudiable... ¿Cómo pudieron terminar allí?

Naomi comenzó su relato, Taisho escuchaba atentamente, el hombre propuso algo y ella estaba por contestar pero la puerta se abrió de golpe.

-¡Madre!, debo contarte algo le he arrojado una sopa a...- paró al notar la imponente presencia del desconocido.

Tragó grueso, de repente su aspecto despreocupado y lastimero le avergonzaba de nuevo, las salpicaduras de sangre en su delantal y en el rostro, olvidadas, fueron recordadas, el olor a pobreza la abatió sin piedad. Kagome Higurashi se sonrojo.

-Querida, él es...

-Sesshomaru Taisho- interrumpe él antes que la señora le colocara la etiqueta de futuro duque. Observó a la muchacha, el gorro de mopa blanco en la cabeza cubría el cabello negro, sus ojos azules abiertos de par en par, sus ropas tan horribles. Era la loca que había confundido con un hombre.

-Su excelencia- hizo una horrible reverencia bajando la mirada, parecía evitarle.

-Espero ya todo esté aclarado y piense en mi petición de regresar- hizo una impecable reverencia -Les ofrezco una gran oportunidad señora Higurashi...- fue hasta la puerta.

Kagome se hizo a un lado, con la cabeza gacha en todo momento. ¿Qué le sucedía? ¿Por qué el repentino pudor sobre su aspecto? ¿Por qué frente a él perdía sus ganas de ser masculina?

Sesshomaru bajó los escalones de dos en dos ignorando las miradas curiosas. Qué muchachita más peculiar. Era tan rara. Sus ojos, sus modales tan desagradables, su cabello, ese muslo indecente que hoy no pudo ver. Sin dudas una mujer rara y loca.

Subió a su caballo y regresó a la casa grande, si la señora Higurashi aceptaba su oferta, volvería a ver a la chiquilla imprudente. Primero vestirse con pantalones y andar semi desnuda en el bosque y luego lanzarle ésa cosa desagradable encima, porque la vio en la ventana cuando le avento aquello, era ella, no podía equivocarse. Ya vería ésa campesina bruta y sin modales.

Continuará...

Aquí el nuevo capítulo, creo que se alargó la historia sin darme cuenta. Deberán ser más de tres capítulos ^-^

Espero lo disfrutaran, ya se acerca lo bueno. 

Hasta el próximo capítulo. Bye.

Libro De One-shots  (Sesshome Y Otras Parejas)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora