Murder 5

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Brite, hogar Taisho

La diligencia se internaba en la hermosa propiedad, se podía apreciar la mansión de piedra, era primorosa, parecía sacada de algún cuento. El sendero con árboles gigantescos a los lados, al frente una especie de lago y en medio una fuente aunque el agua no fluía y el lago estaba escarchado, el invierno. Los ojos de Kagome se maravillaron. Magatsuhi y Hakudoshi no disimularon su impresión, el mayor soltó un silbido pegado a la ventana y el menor parecían sus ojos se saldrían de su órbita. La mujer sonrió, eran un par muy gracioso. Sesshomaru no veía el paisaje, lo conocía perfectamente, sus ojos se centraban en otro tipo de belleza, la joven a su lado. Sesshomaru Taisho embelesado ante una sirvienta. No la conocía, no sabia casi nada sobre ella, no era el estándar de la belleza pero... Había algo, algo inusual sobre ella, algo casi mágico, sub real, una belleza más allá de lo efímero recaído en la apariencia. Quizás era su sonrisa tan sincera, a lo mejor sus ojos azules no de un color fuera de lo normal, lo atrayente de sus ojos era la forma dulce en que miraba o lo firmes que se tornaban cuando se enfadaba o estaba decidida, tal vez eran sus mejillas al sonrojarse, podrían ser sus cabellos rebeldes al igual que ella de color oscuro o sus incontables suspiros, podría ser que... todo aquello junto en ésa criatura fuera lo que le traía loco. Todo aquello era una locura.

Sonrió sin darse cuenta.

Kagome le observó en ése momento, no pudo evitar suspirar, desde el preciso momento en que le conoció no ha dejado de suspirar. Sesshomaru era todo un misterio, uno en el que ella deseó sumergirse sin miramientos. Él era atractivo, sí, pero no era eso lo más importante ni lo que le encantó de él. Kagome nunca reparaba en lo físico, ella siempre pensó que el atractivo no era importante, ¿La razón? La belleza se esfuma en un abrir y cerrar de ojos además, las personas guapas están acostumbradas a ser alabadas como dioses o ángeles caídos, ella odiaba eso (Es sólo para la historia, no quiere decir que todas las personas guapas sean así ^-^). Lo que Sesshomaru tenia era algo más. Poseía unos enigmáticos ojos que te penetraban hasta el fondo de tu alma, perforaban tus entrañas hasta saber lo que pensabas y al mismo tiempo estaban cerrados con candados, no podías ver más allá de tu propio reflejo en ellos excepto en fugaces ocasiones al igual que su sonrisa, Oh Dios, ésa sonrisa, tan pequeña, tan furtiva, te robaba el aliento. Sesshomaru era todo corazón aunque él mismo no lo supiera. Ésa frialdad e indiferencia... no eran nada, Kagome sabia algo muy bien, cuando ese hombre apreciaba lo hacía de verdad y sin condiciones. No necesitaba llenarse la boca con palabras bonitas, él lo demostraba todo con una sola mirada o una de sus extrañas sonrisas y era una de las tantas cosas le fascinaban de él. Como su preocupación y sacrificio por los demás, sin decir una palabra o esperar agradecimiento ayudaba a sus allegados. Todo un hombre de honor, de palabra, derecho en sus asuntos, sincero y sobre todo protector con lo que ama. Ése era él, el hombre quien ahora sonreía sin razón y la contagiaba de una calidez abrumadora.

Cuando las puertas de la diligencia se abrieron Taisho fue el primero en bajar, no permitió el mozo ayudara a Kagome, lo hizo él. Magatsuhi y Hakidoshi casi se quedan atorados en la puerta tratando de salir al mismo tiempo.

Los azules ojos de Kagome se fijaron en Inuyasha, él ayudaba a bajar el equipaje, se miraron por unos instantes, ésa mirada le envió un mensaje de peligro a la joven.

De la casa salieron varios personajes, ella les conocía.

Inu no Taisho, la joven llamada Rin, una mujer parecida a Sesshomaru, seguramente su madre. También... Naraku, su hija Kagura y además... Sounga. Sintió un choque en todo su cuerpo, como si un rayo le cayera directo. Tragó saliba. Pudo escuchar la punzante y melancólica melodía de violín que Sounga tocaba cuando se sentía eufórico, cuando estaba preparado para matar...
La conocía desde niña, desde que aquel sujeto la sacó de las calles en New York y le brindó asilo, comida, ropa, educación, a cambio de obediencia ciega y absoluta. Fue él quién le enseñó anatomía, fue quién le enseñó a matar, fue el que la llevó por el sendero macabro de la muerte, el asesinato en las sombras, su mentor y su verdugo.

Libro De One-shots  (Sesshome Y Otras Parejas)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora