Donde menos lo pensé 2

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Y la mañana llegó, el sol se levantó lentamente por el horizonte regalando su brillo para todo aquel paisaje de ciudad. Londres ya se había levantado. Las personas trabajadoras saludaban al cielo con esperanza, nuevo día señores, nuevo día.

Los baúles de los hermanos Taisho estaban siendo cargados en el carruaje, ambos estaban listos para el viaje. Sesshomaru se despidió de sus progenitores con un saludo más bien formal, Inuyasha los abrazó sin importarle las etiquetas. Subieron en el carruaje y tras escuchar el latigazo del cochero y el relincho de los caballos su marcha comenzó.

Uno veía por la ventana mientras el otro se acomodaba en el asiento tratando de consiliar un poco más de sueño. No sabían nada de lo que les esperaba en Bath pero, cualquier cosa era preferible a soportar a Sara y Tsubaki, nada podía ser peor.

El sol ya apretaba fuerte arriba en el cielo reclamando el trono celeste, el calor dentro del carruaje era bastante, para el medio día, casi insoportable. Benditos días de verano. Inuyasha afloja el nudo de su pañuelo, sentía que moriría por el calor. Sesshomaru permanecía frugal, su hermano no entendía como podía estar tan quieto. Bufo por lo bajo y se limitó a entretenerse mirando por la ventana. Llegaron a la propiedad Sengoku entrada la tarde. Cansados, fueron directamente a sus habitaciones. Los empleados, que desconocían sobre su llegada, así lo dispuso Sesshomaru para evitar estuvieran listos, hicieron lo posible por arreglar los asuntos referentes a su estadía.

La cena fue preparada y ambos se dispusieron a cenar en silencio. Los hermanos sentían algunas miradas pesadas a su alrededor. Cuando fue hora, se retiraron a las habitaciones, mañana verían los asuntos que les llevó allí, o al menos Sesshomaru lo haría, Inuyasha no tenía interés en esos asuntos.

El mayor Taisho permaneció un rato mirando por la ventana de su aposento, casi no podía ver nada, era una de esas lúgubres noches sin luna. ¿Qué sucedería mañana?
No lo sabía.

Apagó la vela de un soplo.
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Kagome estaba afuera, veía como Kagura terminaba de despedir a otro de sus amantes, ésa mujer debería poner cortinas más gruesas. El sujeto manoseaba todo su cuerpo y ella se dejaba hacer. ¡Inaudito!, ¿Es que acaso las mujeres no pueden ser más que cortesanas, amas de casa o prostitutas?, ¿Por qué las mujeres debían estar condenadas a perder su libertad o la honra?

Ella sabía bien que Kagura nada más buscaba algo en todos aquellos amantes... un poco de amor y por aquello era una vulgar ramera. Muy triste en realidad. Suspiró cansada. Mañana debía trabajar. Debia hacer los quehaceres en la pensión, recibía unas cuantas monedas por eso, subir y bajar agua para los huéspedes, limpiar y lavar además de cualquier encargo por parte de la arrendataria. También era una suerte ayudar en la tienda de la vieja Kaede, una anciana que vendía brebajes de todo tipo, la tienda no habia sido de ella en un principio, pertenecía a su difunto esposo y que murió hace un par de años, él se la heredó. Aunque aveces debía cargar con paquetes pesados, no se quejaba, se divertía pasando tiempo con la anciana, aprendía mucho, aunque ella, igual que su madre, pretendiera meterle en la cabeza que debía comportarse como una señorita para poder casarse. ¡Bam!, como si ella deseara perder lo único que le quedaba, su libertad y la honra. Miró el cielo estrellado y a Rikotsuzei salir de la casa de Kagura, era mejor ir a la cama. Suspiró antes de ponerse de pie, mañana iría al bosque antes de pasar al trabajo.

La madre de la joven dormía en el catre podrido, lleno de pulgas y apestoso. Kikyo aún trataba de coser uno de los tres únicos vestidos que poseía y el abuelo se hacía un obillo cerca de la deslucida ventana. Naomi trabajaba lavando ropa de varias damas y Kikyo comenzaría como aprendiz de cocinera en una casa más o menos adinerada del pueblo, quizás las cosas mejorarían.

Libro De One-shots  (Sesshome Y Otras Parejas)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora