Paraíso 9

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Acercate, te daré mi alma...

"Entonces, llegó la cuarta ola..."

Interrumpió su narración, Kagome había gritado, ambos hombres fueron al cuarto, la mujer estaba en el suelo con los ojos llorosos.

-Quería ir al baño- aclara -Pero olvidé el yeso...

El periodista la levantó en sus brazos y, a pesar de las protestas, le ayudó. Inuyasha no se lo creía.

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Tres meses después

Hogar de Magatsuhi

-¡Sango!- dice Hakudoshi -Te necesitamos

Él y Rin querían usar sus dotes para convencer a la muchacha de jugar con ellos. La castaña dejó de picar las verduras para la cena de ésa noche y volteó, ésos niños eran unos pillos, no pudo evitar sonreír al verles los pucheros. Todavía recordaba estar en aquel callejón, el instante preciso cuando Haku se le acercó para preguntarle sobre su estado. Era realmente un ángel. Magatsuhi le acogió, le dio la protección que siempre buscó, Dios la había escuchado, por fin algo de luz. Hoy llegarían unos conocidos del científico para ayudarle, hubiera podido irse, el padre de los niños le ofreció comprar su pasaje de avión pero... deseaba exponer lo que sucedía en la casa de citas, necesitaba justicia. Shikon aseguró que el periodista y el abogado amigos suyos eran muy buenos, eran los responsables del movimiento pro feminismo que buscaba concientizar al mundo, desde el primer lanzamiento de la historia de la chica desaparecida todo fue un verdadero caos, las personas finalmente hablaban, los casos de investigación era revisados, todo el proceso estaba bajo el escrutinio, varias casas de prostitución fueron desmanteladas, las penas eran más severas, las mujeres se sentían un poquito más seguras, la sociedad ya no se hacía de oídos sordos, se estaba uniendo. La chica aún no aparecía pero, varias sí, otras fueron liberadas antes de llegar a su destino final, también escuchó del jucio por corrupción de un alto en el mundo de la música y varios políticos, personas ricas estaban cayendo, dicen que gracias a un equipo bajo el mando de Koga Wolf. Ella esperaba poder poner su granito de arena. Por cada mujer abusada.

-Sango...- llama el niño de nuevo.

Ella debe explicarle que no puede jugar pero luego sí, los dos se fueron de mala gana. Ella sonrió de nuevo, esos niños le daban algo que necesitaba, alegría.

Siguió preparando la cena, Shikon llegaría pronto con los invitados, todavía debía pedirles a los niños comer y permanecer en el cuarto de juegos sin hacer ruido. Éso le parecía extraño, pero quién era para cuestionar al ser humano que le tendió una mano.

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Según el médico, todo estaba bien. Kagome sonrió emocionada, sus ojos café se posaron en los dorados de Sesshomaru, él le regaló una leve sonrisa, aún no podía creer que haya aceptado acompañarla al médico. Debía admitir, él era un buen sujeto. Inuyasha la cuidaba en lo que podía pero debía trabajar así que Taisho la visitaba para asegurarse estuviera bien. Ella insistía en que era nada más una pierna rota y no una invalidez para tanta preocupación, pero, ellos no la dejaban de mimar. Estar rodeada de buenas personas le ayudaba a sobrellevar el secuestro de su prima, no perdía la esperanza en encontrarla. Estaban moviendo cielo y tierra en pro de su búsqueda. Suspiró.

Él doctor dijo que retiraría el yeso en ése momento, Sesshomaru se acercó para tomar su mano. Allí estaba ésa descarga cada vez que ése hombre la tocaba, ya sabía que le provocaba sentimientos y por éso se sentía más insegura a su lado, él era un caballero en toda regla y ella la torpe que resbaló un día en la ducha y que él tuvo que ayudar, santo cielo, la vio desnuda. Era el hombre que le llevaba la cena al apartamento para comer juntos insistiendo que lo hacía por él y no por ella. Ése era él, el sujeto que se introdujo en las cloacas de la sociedad para desmantelar una red de trata de personas. Ése era él. Hoy, dos días después de retirarle el yeso, allí estaba él, en el sofá de su salita esperando a que terminara de arreglarse e ir a la cena de su conocido. Sólo había un pequeño problema. Ninguno de sus vestidos le quedaba, tanto tiempo sin hacer mucho comiendo los platillos de Taisho le hizo subir de peso. Soltó una maldición. Fue por una blusa, escogió una de sus faldas formales pero no cerraba. Comenzo a desesperarse, debía verse profesional iba en representación de su ONG. Vuelve a intentar cerrarla pero nada. Cayó al suelo derrotada. Llamaron a la puerta, antes que pudiera decir algo Sesshomaru entró, se notaba el esperar no era su fuerte. Pero verla en el suelo, su disgusto disminuyó, vaya que le gustaba vivir en suelo.

Libro De One-shots  (Sesshome Y Otras Parejas)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora