En el bosque

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(La historia es narrada por Kagome, pongan la música corta venas[triste] que más les guste y disfruten ^-^)

Edad Media, siglo VII, Europa

La oscuridad es aterradora, debes temerle a ella, es mala, sobrevivir es todo lo que podemos hacer, la oscuridad puede arrastrarte a los más temibles temores y horribles formas de morir, huye del mal, correr a casa cuando la oscuridad comience a cubrir todo con su manto de tinieblas, los monstruos más peligrosos y horribles acechan en ella, no vayas a la oscuridad, cuando el manto negro haga acto de presencia huye, el crepúsculo anuncia la llegada de los terrores y gritos.

Mi madre siempre dijo, la oscuridad es lo más malo del mundo, todo lo que vive en ella es igual.

Desde siempre nos hemos ocultado de los peligros de la negra noche, creo hay algo mal conmigo porque el negro manto no me aterra, siento fascinación en lo que hay más allá de lo que ven mis ojos, el bosque, tenebroso y lúgubre, bordea la aldea que habito, pero... ¿Qué hay en él?, ¿Qué secretos guarda?, ¿Qué habitantes nocturnos alberga? Hice esas preguntas una y otra vez viendo por la ventana de nuestra miserable choza... ahora todas mis preguntas tienen respuesta pero... eso lo sabrán luego.

Les contaré mi encuentro con aquello que me fascinó desde niña y terminó por llevarme a una espiral de emociones, instintos y sobre todo... lo prohibido, nada resulta más excitante para una joven doncella de la época oscura que la misma oscuridad. Lo prohibido puede parecer amargo pero al probar resulta el néctar más dulce, ambrosía, sutil ambrosía envuelta en color oro y plata.

Mi historia comienza al cumplir los cinco años de edad a las afueras de la comarca.
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Años atrás, Invierno

Nieve caía del cielo lentamente, el viento soplaba fuerte haciendo rechinar unas contra otras las ramas de los árboles secos, sonido espectral. Los sollozos de una pequeña resonaban en el bosque que pronto quedaría en total penumbra, aquella causante de pesadillas por la noche. Ésa pequeña era yo, jugaba con un conejo cuando me alejé demasiado de la aldea, sin darme cuenta estaba en el bosque, sola, con el crepúsculo tocando a la puerta. Hice lo que cualquier niña de mi edad, lloré rogando por mis padres, cuando ya mis ojos estaban secos y sólo quedaba el gimoteo insesante miré a mi alrededor y estaba a oscuras, sólo una tenue luz de luna se colaba entre la maraña seca de ramas en el tupido bosque. Cuervos y lechuzas junto a la sinfonía de grillos y ranas hizo temblara desesperada, tapé mi rostro rogando los monstruos no me encontraran y deboraran entera.

El sonido de una rama quebrarse llamó mi atención, alcé la vista, desde lo más infinitamente oscuro del bosque un par de ojos dorados, intensos y profundos me miraban, temí fuera mi final, los ojos se acercaron poco a poco hasta que pude ver al dueño de aquella mirada inusual, un chico de cabellos plateados, brillaba a la luz de la luna, él me observaba, en ése momento no podría haber decifrado su mirada, era muy joven para saberlo pero ahora lo sé, pura y mera curiosidad.

-Humana estúpida- dijo -Deja de hacer ruido o vendrán por ti- refiriéndose a mis gimoteos -Te matarán- soltó con algo de macabra malicia.

Estaba paralizada, mis emociones eran muchas, para una pequeña de cinco años resultaba abrumador, sentía miedo, alegría, tristeza, incomodidad, desconsuelo, enojo y curiosidad.

El chico de más o menos diez años pareció olfatear algo.

-Ya vienen más...- se dio la vuelta y tal como apareció al principio se desvaneció.

Los hombres de la comarca habían salido en mi búsqueda con perros y lámparas de aceite para iluminar el camino, me encontraron y llevaron a casa, desde entonces ése chico se clavó en lo profundo de mi psiquis, jamás salió, si lo hubiera hecho, yo no estaría en la situación en la que me encuentro ahora.
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El resto de mi vida fue como la de una doncella pueblerina pobre de la época, trabajo, miseria y miedo. Despertaba con el alba y aún en la noche mis tareas continuaban. Mi hermana mayor Kikyo se dedicaba a hilar para hacer algo de dinero, padre había muerto hacía mucho, todos decían lo mismo, una bestia del bosque le había atacado, yo sospechaba en algo más tangible, el señor feudal, Naraku tenía algo que ver en la muerte de padre, no lo podía probar tampoco creerían las palabras de ésta servidora. Las personas en la comarca huían como cucarachas a mi paso, pensaban estaba maldita por haber pasado mucho tiempo en la oscuridad y no haber sido deborada, así es, me odiaban por sobrevivir.

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