Paraíso 10

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¿Se puede cambiar...?

Sesshomaru, aún dentro de Kagome se acerca a su boca y la besa. En ése instante la cordura de Higurashi le cachetea, ¿Qué habían hecho?

Kagome se estremeció, el semen de Sesshomaru estaba en sus entrañas, ¡Por Dios Santo! ¡No se protegieron!
Se halló mareada de repente, sentía tendría un ataque de pánico, Santa Catalina de atoche, ellos no estaban casados, la planificación familiar era estricta con respecto a los hijos fuera del matrimonio y las madres solteras, si quedó embarazada... ¡sería repudiada! Podrían obligarla a abortar.

《Tranquila Kagome》 dijo su cerebro 《Piensa, una solución, debe haber algo, alguna cosa para éstos casos...》 entonces llegó la iluminación.

Se levantó con brusquedad, Taisho le miró correr al baño y buscar algo como una poseída. ¿Qué pasaba?
Kagome encontró las pastillas que su prima guardaba en el baño, según ella, eran para después de... bueno, de tener sexo. Se tomó una aún temblando. Tomarla le quitó algo de miedo, peeo la idea de un embarazo estaría en su cabeza hasta que su período llegase. ¿Cómo fueron tan torpes?
Sesshomaru se acercó, preguntó si se encontraba bien, ella asintió, decidieron vestirse para al fin ir a la importante cena. Ni modo, Kagome tuvo que ponerse unos pantalones nada profecionales pero ése tiró elástico hizo un milagro.

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Kikyo siente el temblor de su cuerpo, el lugar era frío, muy frío. Se abraza a sí misma, ¿Será que moriría?

La puerta se abre, la suela contra el concreto del suelo, el eco golpeando en todas direcciones, su frío, su cansancio, su vida perdiéndose poco a poco, su humanidad...

-Pequeña- dice la grave voz masculina, el hombre se agacha para ver el rostro de aquel ratoncito asustado -Me has creado muchos problemas- sonríe, ella parece querer protegerse hundiendo el rostro en sus piernas. Pobre criatura -No tengas miedo niña, te daré una buena notícia

Kikyo levantó la vista, el sujeto sonreía, pero no parecía sincero, era más bien macabro. Tragó saliva. Rykotzusei encontró en ésos ojos negros una pregunta que contestaria.

-Te dejaré ir- suelta -Con una condición...

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Casa de Magatsuhi

La cena estaba lista, Sango coloca los platos y Magatsuhi le ayuda a servir la comida, la mesa les quedó realmente estupenda, ambos estaban orgullosos de su trabajo. Antes que fuera la hora el científico llevó a los niños al cuarto de juegos y les pidió comer y jugar en silencio o no les llevaría al parque, dio un último vistazo a Haku y Rin antes de cerrar la puerta.

Los invitados llegaron de a poco. Para la castaña fue toda una sorpresa ver al sujeto que le ayudó la vez en que casi fue atacada, ahora sabía su nombre.

-Miroku- repitió el nombre muy bajito mientras destacaba el champán sonriendo.

Para el joven periodista no pasó desapercibida la muchacha, desde aquél encuentro no pudo sacarse ésa voz dulce y ésos ojos castaños llenos de una fuerza impactante, Dios era bueno, le permitió volverla a ver, aunque le partió el alma saber era la pobre prostituta que Magatsuhi, el conocido de Sesshomaru y Naraku, había encontrado en un callejón al borde de una pulmonía, lo que debió sufrir ése ángel. Todavía recordaba el haber visto a una castaña ser maltratada cuando fue por primera vez a la casa de citas.

Esperaron a Taisho y Higurashi lo más que pudieron hasta que el hambre ganó, comenzaron a comer entre charla y charla, al terminar, pasaron a lo principal del tema.

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